Baruch Spinoza. Primeras críticas al TTP. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Es fácil pensar que, desde que Spinoza retiró la Ética de la imprenta, debió sentirse más sólo que nunca. Y, de hecho, durante los dos años 1675-1676, se publicaron nuevos libros contra el TTP (“Tratado Teológico-Político”) y algunos especialmente agresivos, como los de los antiguos amigos, ahora conversos al catolicismo, A. Burgh y Niels Stensen, a los cuales hay que asociar la segunda carta de Spinoza a Velthuysen, que dio lugar a sus “notas marginales” al TTP.
Pero la verdad es que, ya desde antes de estas fechas, Kortholt aplica a Spinoza lo que Séneca “solía decir de Servilio Vatia, al pasar por delante de su casa de campo, en la que estaba siempre escondido como en un sepulcro: ‘aquí está enterrado Vatia’.
Y Bayle, en su segunda edición, le comenta con ese aire desenfadado y un tanto cínico que le caracteriza, citando el manuscrito que le habría enviado: “No pensaba más que en el estudio, al que dedicaba la mejor parte de la noche. Su vida era la de un verdadero solitario”.
Si eso era válido para toda su vida y, aún más desde la muerte de Juan de Witt (1672), debió de serlo más desde la prohibición del TTP (1674), y más todavía desde que retiró su manuscrito de la Ética de la imprenta de Rieuwertsz (1675).
La razón de su retiro es la que apunta Bayle, su entrega cada vez mayor al estudio, como lo muestran su más frecuente correspondencia, sus “notas marginales” al TTP, junto con las revisiones, que por entonces debió de hacer, de algunos de sus escritos inéditos y, la redacción de una buena parte del Tratado político, hecha quizá de un tirón y con una perfecta lisura de estilo.
Aunque pudiera pensarse lo contrario, lo cierto es que las numerosas visitas de los “curiosos” no contradicen esos testimonios, sino que los confirman, como si fueran la otra cara de la misma moneda. Probablemente es cierto que, porque eran muchos los que tenían a Spinoza por una especie de “animal exótico” e iban a visitarlo.
Según el irónico Stouppe, entre ellos no faltarían “chicas jóvenes de valía”. Para su gran biógrafo, J. Freudenthal, habría también “nobles damas”. No obstante, el resultado de sus indagaciones, es que la mayoría de esos curiosos serían extranjeros.
Por debajo de esa hojarasca y de ese ruido periodístico – Lucas (y Saint Glain) y el propio Bayle eran periodistas – resulta fácil, sin embargo, constatar que la Correspondencia” de esos años se aceleró e intensificó y, ninguna de sus cartas era de esos curiosos.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.