Incertidumbre. Partículas excitables. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Robert Brown había adquirido un microscopio de diseño reciente y actualizado. Estaba formado por lentes que impedían en gran medida, los contornos irisados que perjudicaban la visión de los bordes, de objetos vistos con instrumentos más primitivos. Bajo el microscopio de Brown, las formas fantasmagóricas de los granos de polen emergían claramente a la vista, con los bordes perfectamente delineados. Aun así, las imágenes no eran prefectas. Los granos de polen no se estaban quietos, titilaban y vacilaban; se desplazaban con una gracia errática por el campo de visión del microscopio.
Este incesante movimiento complicó las investigaciones que había planeado Brown, pero eso no resultaba tan sorprendente. Más de un siglo y medio antes, Antony van Leeuwenhoek, un comerciante de tejidos de Delft, Holanda, había asombrado y deleitado al mundo científico, al descubrir los pequeños “animálculos” extraños de una miríada de formas, que su primitivo microscopio revelaba en minúsculas gotas de agua de estanque, en raspaduras de los dientes sin cepillar de hombres anciano e, incluso, en una suspensión de pimienta doméstica corriente y moliente en agua pura. “El movimiento de la mayoría de esos animálculos en el agua era tan veloces y tan variado, hacia arriba, hacia abajo y, en círculos, que era fantástico observarlo”, escribió el entusiasmado Leeuwenhoek. El descubrimiento no solo espoleó más la investigación científica, sino también condujo a los ciudadanos acomodados a comprar microscopios para sus salones y sus casas, donde podían asombrar a sus invitados, con esta nueva maravilla de la naturaleza.
Algunos animálculos tenían minúsculas pilosidades o finísimas extensiones que les permitían nadar. Otros se retorcían como pequeñas anguilas. Era fácil imaginar que sus serpenteos eran, de algún modo rudimentario, decididos. Por otra parte, los granos de polen eran de forma simple y carecían de partes móviles. Sin embargo, eran innegablemente orgánicos. A Brown le parecía razonable suponer que los granos de polen – sobre todo por ser las partes masculinas del equipo reproductivo de una planta – poseían algún espíritu vital que los impulsaba a moverse de esa forma extraña, aunque inescrutable.
Pero Brown desconfiaba de las hipótesis vagas de este tipo. Su fuerte era la observación, no la especulación. Analizando polens de otras plantas, descubrió que esos otros granos también bailoteaban. Pero luego examinó minúsculos fragmentos de hojas y tallos y constató que también se movían de forma asombrosa bajo el microscopio.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.