Incertidumbre. Partículas excitables. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Robert Brown, hijo de un pastor protestante escocés, era el típico erudito auto didacta, sobrio, diligente y meticuloso hasta el fanatismo. Nacido en 1773, estudió medicina en Edimburgo, después sirvió unos años como ayudante de cirujano en un regimiento de Fifeshire. Entonces decidió dar un uso digno a su tiempo libre. Madrugando, estudió alemán él solo (los nombres y sus declinaciones antes del desayuno, según consta en su diario, y la conjunción de los verbos auxiliares después), de forma que logró dominar la considerable documentación alemana sobre botánica, la materia de su elección. En una visita a Londres en 1798, el joven escoces conoció al gran botánico sir Joseph Banks, presidente de la Royal Society y, le impresionó de tal modo que tres años más tarde realizó, con la recomendación de Banks, un largo viaje a Australia, regresando en 1805 con cerca de 4.000 especímenes de plantas exóticas pulcramente guardados en su barco. Paso varios años describiendo, clasificando y catalogando esos especímenes, trabajando al mismo tiempo como bibliotecario y asistente personal de Banks. El notable tesoro australiana de Brown, junto con la igualmente notable colección de Banks, se convirtieron en el embrión del departamento botánico del Museo Británico.
Antes de casarse, Charles Darwin pasó muchos domingos con el erudito Robert Brown. En su autobiografía, Darwin describe a un hombre contradictorio, profundamente sabio, pero muy dado a la pedantería, generoso en ciertos aspectos, malhumorado y receloso en otros. “Me pareció que destacaba sobre todo por la puntillosidad de sus observaciones…”. Brown era conocido, añade Darwin, por negarse a prestar especímenes de su extensa colección, incluso alguno que nadie más poseía y, que sabía que a él nunca le sería de ninguna utilidad.
Resulta irónico que este hombre seco y precavido, sea hoy recordado principalmente como el observador de un curioso fenómeno, el “movimiento browniano”, que representaba la intrusión caprichosa de la aleatoriedad y de la impredecibilidad, en la elegante mansión de la ciencia victoriana. Fue en efecto, la enorme escrupulosidad de las observaciones de Brown, las que hicieron tan graves las implicaciones del movimiento browniano.
En junio de 1827, Brown inició un estudio de los granos de polen de la Clarkia pulchella, una flor silvestre popular actualmente entre los jardineros, que había sido descubierta de Idaho en 1806 por Meriwether Lewis, aunque este le puso el nombre de su compañero de exploración, William Clark.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.