La inmortalidad del alma
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Al inicio de 1915, la salud de Virginia Woolf parecía mejorar. Y su marido Leonard, comenzó a trabajar para el “New Statemen”, al tiempo que comenzaba un libro para la Fabian Society, sobre el proyecto de un gobierno internacional.
Su libro “Un gobierno internacional”, fue publicado en 1916 y tuvo un cierto impacto público. El libro sirvió de base a la comisión gubernamental, que fijó las proposiciones de la delegación británica, en la Conferencia de Versalles, que daría nacimiento a la Sociedad de Naciones. En el prefacio del texto presentado por la comisión, se puede leer: “Todo lo que se expresa en la primera parte, provine del libro “Un gobierno internacional” de L. S. Woolf. Un importante número de informaciones se ha reunido y examinado por L. Woolf, que ha llevado a cabo, como es habitual en él, un trabajo de inmensa calidad… Pero especialmente, todo lo referido a como se podría constituir un gobierno internacional, figura ya en el libro del señor Woolf”.
El trabajo en la redacción de dicho libro, llevó, por etapas, a Leonard Woolf, a lo que eufemísticamente podría llamarse “la práctica de la política”. Numerosas personas pensaban, como el mismo, en la Fabian Society, que era necesario combatir, para acabar con la guerra y, para ello, crear una autoridad – que pronto fue bautizada como Sociedad de Naciones – que pudiera promover un diálogo internacional, al más alto nivel.
A propósito de sus publicaciones, decía Leonard, que jamás se preocupó por su destino. La mayor parte de los escritores, asocian el destino de sus libros, a su propio destino y, consideran que las librerías y las bibliotecas, forman parte de ellos física y mentalmente. Leonard reflexionó bastante, para llegar a comprender, la ligazón que tenía Virginia con sus libros y su eco en el público. Si ella no se preocupaba para nada, por la posibilidad de una vida tras la muerte, a título personal, este no era el caso respecto a sus libros. Estaban tan íntimamente ligados a ella, que si el público no los apreciaba, ella se sentía herida personalmente y, sólo por ellos (sus libros) se sentía concernida, por las nociones de mortalidad o inmortalidad.
Leonard opina, que, quizá, todo eso provenga de la creencia en la inmortalidad del alma. La actitud de los escritores, vis-á-vis de su trabajo, depende de la manera en que estimen posible, en el fondo de sí mismos, consciente o inconscientemente, ser inmortales. Virginia creía en la vida tras la muerte en el “interior” de “Las Holas” y, no solamente, en la vida de “Las Holas”, tras su muerte. Leonard piensa que, incluso si hubiera sido él, el que hubiera escrito “Las Holas o “Hamlet”, no habría mantenido semejante actitud.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.