Baruch Spinoza. Obras e ideas. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
De hecho, al texto que podían hacer alusión Van Til, Bayle y otros (de los hablamos en el escrito anterior) bien podría ser a un escrito precoz del “Tratado teológico-político”, que trata sobre la Biblia. Es muy posible que Spinoza haya trabajado sobre ese tratado, bajo una forma u otra, desde finales de los años 1650. Es lo que sugiere, de hecho, una carta del regente de Rotterdam, Adriaen Paets, a Arnold Poelenburg, profesor en el seminario “remontrant” de Ámsterdam. Paets era un hombre cultivado, que tenía simpatías por los “arminiens” (“remontrants”) y, era conocido por ser un defensor de la tolerancia religiosa. En su carta, fechada el 30 de marzo de 1660, apunta que había visto un cierto libelo:
“Un tratado teológico-político (“Tractatum theologico-politicum”) de un autor que no es para vos completamente desconocido, pero cuyo nombre, por el momento, debe permanecer en secreto. Este tratado contiene un argumento de gran utilidad para estos tiempos y, del cual, lo esencial no se encontrará en otra parte. Sobre todo, el autor analiza con sutilidad y precisión, la distinción entre las leyes positivas y naturales. Yo preveo que serán numerosos los individuos, teólogos principalmente, que, movidos por sus emociones y sus odiosos prejuicios… calumniarán ampliamente un libro, que no comprenden”.
Si Paets habla bien, de una primera versión del “Tratado teológico-político” de Spinoza, hacía prueba de presciencia, en lo que concierne a la acogida, que el publico deparó finalmente a dicha obra.
Spinoza debió comenzar a formar sus opiniones, sobre los orígenes de la Torah, muy pronto, hacia el final de sus estudios, en el seno de la comunidad judía. El hecho que haya alcanzado sus conclusiones, sobre el estatus del Pentateuco, explicaría, de hecho, su desencanto con la religión judía. Su conocimiento, del comentario bíblico del filósofo judío de la Edad Media, Ibn Ezra, que sostenía que Moisés no podía haber escrito, todos los libros del Antiguo Testamento, que la tradición le atribuía, era ciertamente anterior a su excomunión. Por esa época, es posible que también haya leído, la obra de Isaac La Peyrère sobre los preadamitas, que fue publicada en 1655, cuando su autor, amigo de Menasseh ben Israel, estaba en Ámsterdam. La Peyrère sostiene, entre otras cosas, que la Biblia que poseemos es, de hecho, una compilación de diversas fuentes. Todo esto refuerza la credibilidad de la hipótesis, según la cual, Spinoza, habría negado el origen divino de la Torah y, su redacción por Moisés, desde la época de su “harem”. De hecho, él precisa, con insistencia, en su discusión de la Biblia en el “Tratado teológico-político”, que “yo no escribo nada aquí, que no haya largo tiempo y durablemente meditado”.
Si Spinoza enunciaba tales cosas sobre Dios, el alma y, sobre la Ley, en 1658, entonces, la probabilidad que haya sostenido semejantes propósitos dos años antes, es muy grande, en particular porque eso justificaría, el rigor con el que los jefes de la congregación, contemplaron sus “herejías” y sus “malas opiniones”.
La “verdad” de la Torah y de la existencia de Dios, creador libre, dispensador de leyes y juez (y no simplemente “substancia infinita”) son dos principios centrales de la religión judía. Figuran en los trece artículos de fe, a los que todo judío debe adherirse, recuerda Maimónides. El primer principio fundamental, es la existencia de Dios creador y, el quinto estipula que Dios es distinto, de todos los procesos naturales y que, sólo él, es un agente totalmente libre. El octavo afirma que la Torah proviene de Dios. En la “Michneh Torah”, Maimónides afirma que “el que dice que la Torah no es de origen divino, debe ser “separado y destruido”. Los “hakhamin” (rabinos) de Ámsterdam, en particular Mortera y Menasseh, tenían a Maimónides en alta estima y, no habrían dudado en consultar al eminente sabio del siglo XII, para toda cuestión concerniente a la “halakha” (Ley judía).
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.