Aristóteles. Sobre la Filosofía
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
“Sobre la filosofía” que debía presentar una forma dialógica, estaba dividida en tres libros. En el primero, a través de una reseña histórico-teorética, se analizaba el concepto de filosofía, como conocimiento de los principios supremos de lo real. En el segundo, se criticaba la doctrina de las ideas, así como también, la de las ideas-números o números ideales. Contra estos últimos, Aristóteles objetaba lo que sigue: “si las ideas son otra especie de número, pero no matemático, no podremos comprenderlas jamás ¿Quién de la mayor parte de nosotros, comprende una especie diferente de número?”
Finalmente, en el tercer libro, Aristóteles presentaba de forma sistemática su ontología, teología y cosmología, introduciendo muchas novedades. Entre ellas, la doctrina de la forma-privación y, del acto-potencia. Ofrecía una nueva visión de Dios como Inteligencia. En el vértice de la realidad se situaba a éste, y no al Uno ni a la Diada. Introducía la doctrina de la eternidad del mundo, renovando, básicamente, la cosmología de “Timeo”. Y daba forma sistemática a la concepción teleológica del universo.
Fueron especialmente importantes, las innovaciones introducidas en el campo teológico, lo que demostraba que el Estagirita, había resuelto positivamente, el problema de la trascendencia, a pesar de no haber puesto en claro todavía, su concepción de lo divino. Existe un ser transcendente, pero no se trata del mundo de las ideas, sino del Dios-pensamiento, o de una multiplicidad de principios, que tienen una naturaleza análoga, que culminan en un principio primero. Pero parece claro que en el tratado “Sobre la filosofía”, Aristóteles no se expresó con suficiente claridad, acerca de la naturaleza de Dios y de su función causal. Concibió probablemente a Dios, como algo distinto de una mente incorpórea, como causa final. Pero no declaró jamás, que Dios actuara sobre el mundo, como el amante en relación con el amado. Por lo demás, ni el tratado “De caelo”, ni la “Física”, contienen todavía el desarrollo de este concepto, que solo se manifestará, con toda claridad, en la “Metafísica”.
Este Dios, concebido como impasible, no crea el mundo que, por tanto, es eterno. Los astros, hechos de éter (quinta esencia) y animados, ocupan un puesto privilegiado en el cosmos. Al alma de estos astros se la denominaba “endelekheia”, que fuentes contaminadas por influencias estoicas, han identificado, erróneamente, con el éter mismo. En realidad, como Enrico Berti ha demostrado, tras un atento análisis de todos los documentos y, de las interpretaciones que se han dado a los mismos, tal identificación es errónea, puesto que “el éter constituye tan solo el cuerpo y, no el alma de los astros y, por tanto, la denominación “endelekheia”, no pretende indicar el movimiento del alma, sino la continuidad, o sea, la circularidad que ésta imprime al movimiento del astro”
El aristotelismo del tratado “Sobre la filosofía”, reforma radicalmente el platonismo, pero conserva su núcleo esencial, es decir, el descubrimiento de lo suprasensible y de lo transcendente, que viene a ser “nous” y, ya no, “noeton”, o sea inteligencia suprema y, no simplemente inteligible. Las ideas convertidas en inmanentes, viene a ser la forma de las cosas, es decir, la estructura inteligible de lo sensible. Entre el mundo y Dios, se extiende una zona intermedia, que no es ya la del “metaxy” platónico, es decir, la esfera de los entes matemáticos, sino que consiste en el conjunto de los cuerpos y, de las esferas celestes, incorruptibles, eternas, porque están hechas de éter, o sea, de materia estructuralmente diferente, de la del mundo sublunar. Encontramos ya aquí esbozadas, todas las ideas metafísico-ontológico- cosmológicas, que explicitarán y profundizarán, los tratados del Aristóteles adulto.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.