Conocer el pasado para asumirlo
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Ya escribí algo en su día, sobre el magnífico libro de Geraldine Schwarz “Los amnésicos”. Pero bueno es recordar algunas reflexiones del mismo, en estos días de iconoclastia y reinterpretaciones del pasado sin conocerlo.
Alemania inventó el concepto de “Vergangenheitsbewältigung”, el intento de asumir la vergüenza de su pasado nazi, haciendo frente colectivamente, a los incalificables crímenes del Tercer Reich, en lugar de elidirlos. Este proceso que comenzó a finales de los años sesenta, tras dos décadas de amnesia colectiva, permitió que de un legado negativo, surgiera algo positivo: la rehabilitación y reconstrucción de Alemania, como una de las democracias más fuertes del mundo. Hoy no cabe ya duda, de que ese trabajo, lo que se denomina “asumir el pasado”, ha influido positivamente en Alemania y en la sociedad moderna.
Pero ¡mucho ojo! para que el pasado nos ayude a mejorar nuestro presente, no basta con nombrar a unos cuantos culpables de la historia, y derribar sus estatuas. La iconoclastia, la mayoría de las veces, no aporta más que una simple impresión de justicia. Y poco después llega el olvido.
El Presidente de Alemania Richard von Weizsäcker, en un recordado discurso ante el Bundestag en 1985, dijo: “No podemos pensar que ahora somos muy distintos y nos hemos vuelto mejores”. Los hombres homenajeados en estatuas, pudieron hacer lo que hicieron, porque sociedades enteras en Europa, América, el mundo árabe y el Imperio Otomano, compartían sus ideas. Fue mucha gente la que se benefició directamente, del cruel y salvaje dominio del hombre sobre el hombre, que entrañaban la esclavitud y el colonialismo. La complicidad de la multitud con un sistema criminal, es mucho más importante que la culpa individual de un traficante de esclavos o un sádico colono.
¿Cómo es posible, nos preguntamos hoy, que en los siglos XIX y XX, países como Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, que presumían de ser los adalides de la democracia y la libertad, oprimieran y explotaran, sin ningún escrúpulo, a la gente, con el pretexto de “instruirla”? Millones de ciudadanos estadounidenses y europeos, contribuyeron a una hipocresía intolerable, una inmoralidad.
Estas reflexiones, más que a condenar un pasado, que con frecuencia conocemos poco, debieran remitirnos a nuestra responsabilidad actual. Nos ayudarían a ser más conscientes, de nuestras contradicciones de hoy, en lugar de echar las culpas a nuestros antepasados, no conociendo siquiera bien, los motivos y circunstancia que les llevaron a actuar como lo hicieron.
En Alemania, a los que se limitan a seguir la corriente, los llaman “Mitläufer”. Si bien la influencia de cada “Mitläufer a nivel individual, pudiera ser mínima, sus pequeños actos diarios de cobardía y oportunismo, habían creado las condiciones, para el funcionamiento de un sistema criminal.
Aprender del pasado, es un proceso que es necesario alimentar y reexaminar continuamente, igual que la democracia. Enfrentarse a las sombras de la historia, es algo que no debería hacerse en una cultura de culpabilidad, ni en el culto a las víctimas. Tampoco debería instrumentalizarse, para agitar el odio y el sectarismo, ni para alimentar una versión anacrónica y maniquea del pasado.
El recuerdo de los errores de la historia, debería formar parte de la educación, especialmente en la pública, en las escuelas, en los museos y en los medios de comunicación, por lo menos en los serios. No es posible juzgar el pasado desde una perspectiva contemporánea, he repetido muchas veces. Pero al tanto, ese es un argumento que conviene usar con cautela y con conocimiento de causa, porque también se podría utilizar, para justificar todo tipo de crímenes cometidos, al amparo de una ideología fanática.
Una historia desconocida y/o reprimida, tiene un efecto bumerang. Regresa en forma de tensiones colectivas, de una sociedad dividida, del ascenso de populismos, extremismos e, incluso, racismo. El hecho de negarse a afrontar las sombras de la historia, revela que no se ha entendido, la importancia que tiene hacer nuestro el pasado, para la madurez democrática de nuestro país.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.