El Pacto del Betis. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Hay otra grieta o duda razonable, contra lo que se llamó, por algunos, el Pacto del Betis y, es esta: hasta finales del verano de 1974, no estuvo claro que el PSOE, pudiera convocar un congreso, por lo que me cuesta creer, que ya estuviera escrito su guión. Las afiliaciones habían crecido (la mía estaba ya muy cerquita de materializarse), se sumaban militantes sueltos y, grupos minúsculos en varias ciudades de España. Ya no se cabía en la vieja sede de Toulouse. Había que buscar un escenario más amplio, en algún lugar de Francia. Robert Portillon, responsable de las relaciones internacionales de los socialistas franceses – y, por ende, interlocutor habitual de los socialistas españoles – y alcalde eterno de Suresnes, ofreció el magnífico teatro de su municipio. La dirección del PSOE aceptó y, convocó el congreso para octubre.
Los pedazos que quedaban de la dirección, miembros dimitidos incluidos, se reunieron en septiembre, en un hotel ya desaparecido, el Jaizkibel, en el monte homónimo de Fuenterrabía. El plan era, por tanto, preparar el congreso y unificar posturas. Múgica, López Albizu (“Lalo”, padre de Patxi López) y Redondo, ejercieron como vascos anfitriones. Del resto de España asistieron tres sevillanos (Galeote, Guerra y Felipe) y un madrileño, Castellano, que en minoría llegó y en minoría quedó. El plan inicial era impulsar a Redondo, como secretario general, pero el compañero “Juan”, recién salido de la cárcel, se negó, lo que abrió la senda de las conspiraciones. Hay quien aseguraba que Guerra y los vascos acordaron, una de esas noches, que Felipe sería elegido. Otros, que lo único que se decidió en Jaizkibel, fue una declaración, redactada de puño y letra de Felipe, que sería el programa político del congreso.
Los “doctores de la iglesia y de la política”, han analizado cada letra de ese texto, uno de los pocos ejemplos de doctrina, impartida por Felipe. Del Molino opina que Felipe es un narrador oral, cuya escritura se difumina en cuadernos y cartas privadas. Es uno de los pocos líderes europeos de su época, que no se ha molestado en resumir su pensamiento ni su vida, en un par de libros. Hay que decir que, por lo que yo sé, las propuestas de ese texto, eran un tanto más radicales, que las que recogió la Constitución, lo cual es muy lógico, si recordamos que la Constitución, fue un texto pactado, entre diversos partidos.
En la primera parte del documento, se analiza la situación política de España, con un rigor, una concisión y un acierto impresionantes. En una finta dialéctica, propia de Demóstenes, Felipe se distancia del análisis de los comunistas y, acuña el concepto de “ruptura democrática”, lo que quiere decir que, sin perder de vista, el objetivo de restablecer la democracia, se evitaría una confrontación directa, que pudiera dar pie a una nueva guerra civil. La segunda parte del documento es un programa de exigencias inmediatas, para un gobierno provisional postfranquista. En general se proponía un régimen de libertades, como las de cualquier democracia europea de su tiempo, pero con una marca más socialistas que socialdemócrata (utilizando el leguaje de entonces, en el que hacíamos esa absurda distinción). Cuando llegara lo que se llamó “el desencanto”, los izquierdistas no se cansarían, de criticar la “tibieza” de esas proposiciones.
Se entiende la sorpresa de Alfonso Guerra, cuando al revisar, años después, sus viejos papeles, se dio cuenta de que lo años de poder casi absoluto del PSOE, después de 1982, no mejoraron sus miradas, ni las hicieron más incisivas, de las de aquellos días de septiembre de 1974, cuando apenas eran una tertulia de amigos, en un hotel perdido en la frontera con Francia.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.