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El Pacto del Betis. I


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Conspiranoicos de derecha o izquierda, alimentados por el resentimiento, de políticos que se quedaron en el camino (me viene de golpe a la cabeza, el de Pablo Castellano) han esparcido el bulo de que Felipe y, por ende, el PSOE, no fue sino la continuación del franquismo, por otros medios. Y los historiadores sabemos bien, que la historia es siempre más verosímil, bajo forma de conspiración. Cuesta mucho creer y admitir los hechos desnudos: un partido desconocido, que apenas había participado en la lucha antifranquista y, que muchos españoles suponían extinto, se convirtió en muy pocos años, en un poder incontestable, con un control sobre el Estado, superior al de las monarquías absolutas del pasado. Para muchos, sin una mano negra, esta historia era intragable.

Claro que hubo un apoyo alemán y europeo (pero más de índole sentimental que material) pero que si marcó la diferencia con un PCE eurocomunista, que ya no recibía los rublos de Moscú y, tenía que financiarse, también, por su cuenta. Hasta el día de Reyes de 1974, la Internacional Socialista no emitió su sentencia y, lo hizo un tanto dividida, con algunos figurones apoyando aún a Llopis, que se pasó ese tiempo, viajando por las capitales de Europa, en una campaña desesperada de relaciones públicas. Nadie se atrevía a apostar que dirección colegiada del PSOE, salida del congreso de Toulouse en 1972, fuera a ganar el pleito de la representación en la IS. A comienzos de 1974, el partido era todavía, una especie de secta izquierdista, con exceso de acumulación ideológica y, mucho más pasado que futuro.

Un dato más contra los conspiranoicos, nos recuerda Sergio del Molino: Felipe y Alfonso, habían dimitido de la dirección del PSOE, en 1973 – por separado y alegando razones diferentes – hartos de la “templanza” de sus compañeros, especialmente de algunos madrileños, como Pablo Castellano, que más tarde lideraría la corriente interna de izquierdas, pero que entonces defendía la moderación, frente al ímpetu “revolucionario” de los sevillanos. Nicolás Redondo, con Múgica, Rubial y Galeote, intentaban atraerlos de nuevo. Pero Felipe se refugió en el despacho laboralista y, Alfonso en la librería que tenía, en el centro de Sevilla.

Desde ambas atalayas, ambos dos, se dedicaron a disparar contra algunos madrileños, especialmente contra Castellano, a quien tenían por una especie de “templador de gaitas” y, demasiado dialogante con la oposición de derechas (no muchos años después, aunque entonces parecieron siglos, lo expulsaron del PSOE por salirse por la izquierda y, acabó en un puesto de liderazgo en el PASOC – Parido de Acción Socialista – el partido que acogió la escisión del PSOE y, se integró en Izquierda Unida, de donde no lo llegaron a echar, pero no, según las malas lenguas, por falta de ganas de muchos dirigentes). Pablo Castellano, que fue amigo mío además de compañero, siempre me pareció una de esas personas, que más que tener ideas propias, siempre tienen las contrarias, a cualquier dirección bajo la que militen.

Al poco de celebrar el fallo de la Internacional Socialista, a favor de lo que se llamó el PSOE renovado, la policía detuvo a “Juan”, nombre de guerra de Nicolás Redondo, mientras preparaba una huelga en Vizcaya y, lo encerraron en la cárcel de Basauri. Felipe le ofreció asistencia letrada. En los encuentros entre los dos amigos en la cárcel, Pablo Castellano vio confirmada su teoría de la conspiración. Según Pablo, en aquello encuentros carcelarios, no se discutieron estrategias de defensa, ni se dieron consejos legales, sino que se planeó un “coup d’État”. Redondo propuso repartirse la organización: él seguiría en la UGT y, Felipe controlaría el partido. Para ello, el primero prometió al segundo, el apoyo de los vascos y asturianos, en el congreso siguiente, lo que garantizaba la mayoría de votos. A esta supuesta conspiración, Castellano la llamó “el pacto del Betis”. No hay registro alguno, de lo que Nicolás y Felipe hablaron en el locutorio de Basauri y, ambos desmintieron la hipótesis de Castellano. Yo no estaba aún en el PSOE, pero esta leyenda, visto lo que después sucedió, me parece menos disparatada, que las muchas que circulan de esos días.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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