Aristóteles, la filosofía (I)
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En “Protréptico” (cabe pensar que escrito en el año 351/350) Aristóteles trata de rebatir a la escuela de Isócrates, no ya como lo había hecho en “Grillo”, desmantelando la retórica, sobre la que se basaba la escuela del adversario, sino de forma positiva, mostrando la excelencia de la filosofía, sobre la que se asentaba, a su vez, la “Padeia” de la Academia (Paideia, en griego παιδεία, "educación" o "formación", a su vez de παις, país, "niño", era, para los antiguos griegos, el proceso de crianza de los niños, entendida como la transmisión de valores - saber ser - y saberes técnicos - saber hacer - inherentes a la sociedad). Aristóteles trata de mostrar que la filosofía, es superior en todos los sentidos, ya sea en sí o por sí, como por sus efectos y por los beneficios, que proporciona al hombre: en especial, frente a la “Antidosis” de Isócrates, señalaba que la filosofía era la base única y segura de la acción. Así pues, el “Protréptico” es la defensa integral de la filosofía. Al mismo tiempo es también, el documento en el que Aristóteles, que rondaba ya los 35 años, esclarece definitivamente para sí y para los demás, el ideal de la “vida teorética”, es decir, del tipo de vida que sitúa en la especulación, el propio fin y la felicidad, llegando de esta forma, más allá de las posiciones de la Academia.
Aristóteles muestra en primer lugar, el carácter imprescindible de la filosofía, ilustrando la gama de atributos que la coronan y, que la convierten en la cosa más excelente. La filosofía es necesaria, como lo prueba el hecho, de que hasta el que la niega, se ve obligado a filosofar. En efecto, puesto que el negar la filosofía, significa hacer filosofía, ya que cualquier razonamiento que pretenda demostrar, la imposibilidad de la filosofía, no puede menos que tener, carácter filosófico. A mí me recuerda a aquel que nos dice: yo no hago política. Ignorando que, con esa simple afirmación, ya está haciendo política. Hacer política no significa exclusivamente pertenecer a un partido, o detentar un cargo electivo o por designación. Hacer política es pronunciarse, por activa o por pasiva, sobre cualquier cuestión que puede atañer a la vida en la “polis”, en la comunidad.
En resumen, si hay que filosofar, es preciso filosofar y, si no hay que filosofar, es preciso igualmente filosofar. Así pues, en cualquier caso, es necesario filosofar. Si existe efectivamente la filosofía, todos estamos obligados de cualquier forma, a filosofar, dado que existe. Pero, si no existe, aun en este caso, nos vemos obligados a investigar, por qué no existe la filosofía. Pero, investigando, filosofamos, porque investigar, es la causa de la filosofía.
No hay duda de que la filosofía es posible. En realidad, los principios y las causas primeras, que son el objeto específico de la filosofía, son, en sí y por sí, por su propia naturaleza, los más cognoscibles, aun cuando resulten oscuros para nosotros. Esta afirmación es una tesis, que volverá a aparecer más tarde, en el Aristóteles maduro y, que constituye el centro de su ontología. Lo que es primero para los sentidos, es lo último para la plenitud del ser y, viceversa.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.