La importancia de la memoria en política para los socialistas en 1908
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
La cuestión de tener memoria en política no es actual, ni mucho menos. Encontramos una referencia a su importancia desde el socialismo español en el verano de 1908, que rescatamos en el presente trabajo, y que debe, además, enmarcarse no sólo en una crítica al sistema político de la Restauración y de los partidos que la sostenían, sino también en relación con el republicanismo, un año antes del cambio estratégico socialista en relación con el mismo a partir del terremoto político que supuso la Semana Trágica de 1909 y la consiguiente represión de Maura.
Para los socialistas era fundamental que los trabajadores tuvieran memoria porque era muy útil, toda una declaración que se pasaba a demostrar en una columna de El Socialista, de julio de 1908.
Los partidos considerados burgueses en el mundo, pero especialmente en España, habrían honrado muy poco su palabra tratándose de las promesas realizadas a los trabajadores. Y aquí aparecía la memoria. De haberla tenido los obreros se hubieran ahorrado muchas decepciones y disgustos, se hubieran apartado de ellos, y no andarían muchos aún en su compañía. Los socialistas dedicaron mucho esfuerzo, desde que se aprobó el sufragio universal, a intentar conseguir monopolizar el voto obrero que, cuando se producía, podía tender hacia el republicanismo progresista.
Los liberales, los demócratas y los republicanos habían hecho muchas promesas y planteado muchos ofrecimientos. Pero seguían haciéndolos y esperaban que se confiase en sus promesas, precisamente, por la falta de memoria.
Esa falta de memoria era la única razón que explicaba que hombres que habían militado en todos los grupos se presentasen como “devotos fervientes de las ideas de uno de ellos”.
Esa falta de memoria justificaba que hombres que habían dictado leyes reaccionarias y votado a favor de los plutócratas se presentasen como campeones de la libertad y enemigos mortales del capitalismo.
Esa falta de memoria hacía que se acogiese como políticos puros y sin mácula a hombres que se habían destacado en el arte de engañar y barrenar las leyes.
La falta de memoria daba la clave de que hombres que en su vida no habían hecho más que engañar a la clase obrera y tomarla solamente como medio para encumbrarse fueran todavía acogidos como seres abnegados y capaces de dar su vida por una idea y dispuestos a sacrificarse por la misma.
Los obreros tenían, por lo tanto, que tener memoria para poder juzgar a los políticos que se dirigían a ellos, y más por sus actos que por sus palabras. Ese ejercicio de memoria serviría para acabar con los farsantes. Los obreros debían estar muy atentos, registrando todas las acciones que efectuaban los políticos “burgueses”, principalmente los más progresistas, así como sus distintas evoluciones, y a cambio obtendrían para la causa del trabajo “positivos resultados”.
En conclusión, la memoria era un arma más en el trabajo por la emancipación.
Hemos trabajado con el número de 10 de julio de 1908 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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