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D’Aragona y los seguros sociales en Italia en vísperas del fascismo


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Francisco Núñez Tomás aprovechó su presencia en las sesiones de la Conferencia Internacional del Trabajo de Ginebra en el otoño de 1922 para entrevistar a Ludovico D’Aragona, un protagonista indiscutible del movimiento obrero italiano, en relación con los seguros sociales. Precisamente, la conversación giró sobre los seguros sociales en Italia, pero con afirmaciones más generales. Se trata, por lo tanto, de un documento importante porque procede de toda una autoridad en esta materia en el seno del movimiento obrero en el período de entreguerras.

Ludovico D’Aragona (1876-1961) ingresó en el Partido Socialista en 1892 cuando todavía no se denominaba así. Fue un dirigente muy perseguido en tiempos del Gobierno Crispi, lo que le obligó a exiliarse. Fue concejal de Milán en distintas ocasiones, y tuvo un evidente protagonismo en la Confederación General del Trabajo, ya que fue su secretario entre 1918 y 1925, justo en el período que aquí tratamos. Fue diputado entre 1919 y 1924. Después de la Guerra tuvo un evidente protagonismo político, siendo ministro en varias ocasiones, destacando en la cartera de Trabajo y Seguridad Social en el primer gabinete de la flamante República Italiana. Siempre desarrolló una especial preocupación en el campo del trabajo y la seguridad social, desempeñando distintas responsabilidades en las instituciones relacionadas con los seguros italianos en Italia.

Pues bien, como decíamos, Núñez Tomás habló con D’Aragona en el contexto de la Conferencia Internacional. Se daba la circunstancia de que cuando conversaron aún no había terminado el Congreso fascista, celebrado en Nápoles y todavía no había llegado Mussolini al poder después de la Marcha de Roma, como recordaba el socialista español. Pero eso no significaba que la situación de D’Aragona fuera buena, sino muy delicada dentro de Italia.

Núñez Tomás informaba al lector español que el italiano era una figura capital en relación con los seguros sociales, ya que era administrador de la Caja de Seguro de enfermedad y vejez, de la Caja del seguro de maternidad, así como de la del seguro de accidentes, teniendo también responsabilidades en la Caja central del paro forzoso.

El socialista español indicó al italiano las líneas generales de la situación de los seguros sociales en España, insistiendo en el interés que el proletariado organizado se estaba tomando en la cuestión del retiro obligatorio, y señalando que en el mes de noviembre iba a tener lugar en Barcelona una Conferencia nacional para estudiar los métodos de establecimiento de los seguros de enfermedad, maternidad e invalidez. Al respecto, D’Aragona contestó que todo cuanto hiciera el proletariado organizado para conquistar, consolidar y ampliar el cuadro de seguros sociales serían esfuerzos que obtendrían recompensa. El obrero consciente y partidario de la lucha de clases debía estar convencido de la conveniencia de los seguros sociales, tanto desde el punto de vista social, como desde el humanitario. Si la función esencial de los seguros era amparar a los ciudadanos en los momentos difíciles era indudable que el trabajador, como hombre y como miembro de una sociedad obrera, le interesaba tener prevista todas las coyunturas para no verse en una situación difícil.

A continuación, Núñez Tomás le preguntó por la situación del seguro de enfermedad en Italia. D’Aragona contestó que al mismo contribuían el Estado, el patrono y el obrero. Se concedían ayudas en metálico a los enfermos, se les facilitaba asistencia médica, se les proveía de medicinas y cuando el caso lo requería, se concedía la hospitalización. ¿Eso impedía que las organizaciones obreras persistiesen en los socorros que tuvieran establecidos?, interrogó el español, aludiendo, como sabemos al sindicalismo de base múltiple. El italiano le contestó negativamente. Los sindicatos italianos habían conservado sus socorros, poniendo el ejemplo de la Federación Gráfica.

Sobre si el seguro de enfermedad era obligatorio en Italia, nuestro protagonista respondió que no lo era. Esa era una campaña que tenía emprendida la organización obrera en demanda de que se estableciera la obligatoriedad. Al parecer, al terminar la Gran Guerra se había dado una situación, digamos nosotros, favorable para conseguir dicha obligatoriedad. Las regiones de Trieste y Trentino habían sido anexionadas a Italia al terminar la Gran Guerra, y ambas tenían reconocida la obligatoriedad según la legislación austriaca y, por lo tanto, hubo que reconocerles dicho derecho en la anexión, y eso había motivado que los obreros italianos reclamasen la igualdad.

Sobre el seguro de maternidad, D’Aragona explicó que se tenía un proyecto de caja para ese seguro, asunto que había sido aprobado por la Conferencia de Trabajo reunida en Washington. Se acordaron los oportunos reglamentos, pero luego el Gobierno de Facta había hecho otro estudio de la cuestión y redactado otro reglamento para un seguro que en nada tenía que ver con las decisiones tomadas en Washington. Algo parecido, informó, había ocurrido con el seguro de paro forzoso, en el cual los patronos no aportaban las cantidades a que se habían comprometido, y estaban saboteando estos seguros. Precisamente, de eso quería ocuparse en su intervención en la Conferencia, denunciando ante la OIT estas maniobras de los empresarios y del gobierno.

A Núñez Tomás le interesaba saber si esta protesta era seguida por el proletariado italiano. Fue categórico D’Aragona al afirmar que, sin dudas, y por eso la hacía y así cumplía con su deber y con el encargo de la organización obrera. Los seguros sociales, en su opinión, constituían una conquista lograda por los trabajadores, que cada día se daban más cuenta del gran beneficio que les reportaba. Por eso mismo se realizaban esas maniobras patronales con el concurso de los gobiernos, como había explicado anteriormente. La organización obrera tenía el deber de amparar a los suyos en todos los trances de la vida. Así era como la solidaridad humana se demostraba, y todas las actuaciones del proletariado militante tenían que tener obligadamente el mayor fondo posible de humanismo.

La entrevista se publicó en el número del 18 de noviembre de 1922 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

 

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