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La conflictividad social en el Egipto antiguo


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Que se sepa la primera huelga en la historia se produjo en tiempos del Imperio Nuevo egipcio, en el reinado de Ramsés III. Puede que hubiera otras anteriormente en esta civilización o en Mesopotamia, pero, sin lugar a dudas, se trata de la primera documentada, gracias al Papiro de la Huelga del Museo Egipcio de Turín.

Al parecer, en tiempos de la dinastía XX la inflación que se registró en Egipto se disparó. Además, se había perdido el imperio asiático, es decir, más allá de la península del Sinaí. Las raciones destinadas a los trabajadores en Deir el-Medina, la comunidad de obreros y artesanos creada para construir las tumbas reales en tiempos de la decimoctava dinastía, no se distribuyeron con la regularidad habitual. Pero no sólo se alteró el ritmo y la regularidad de las raciones, sino que, además, éstas menguaron en cantidad y calidad. Las raciones que se entregaban eran el salario de los trabajadores. Al parecer, no eran muy diferentes entre las distintas categorías profesionales. Un encargado recibía 5’5 kilos de trigo y 2 kilos de cebada, frente a los 4 kilos de trigo y 1,5 de cebada de un simple artesano. También se entregaban raciones de otros productos: pan, pastas, cerveza, aceite, pescado, verduras, dátiles, algo de carne, loza, vestido y sandalias, pero de forma más irregular y escasa. Según lo estipulado, las cantidades de grano debían pagarse regularmente el último día laborable de cada mes, pero terminó siendo muy habitual que se retrasasen hasta mediados del mes siguiente. Todo esto provocó el malestar entre los trabajadores. En el año 29 del reinado de Ramsés III estalló una huelga. Las protestas se elevaron de tono y se repitieron durante varios días. Los trabajadores se dirigieron a los sumos sacerdotes y escribas para quejarse de que pasaban hambre y sed, que no tenían vestidos, ni otros productos, y pidieron que explicaran esta situación al faraón y al visir para que pusiesen remedio. Las autoridades intentaron frenar la protesta con promesas, pero algunos escribas recurrieron a las amenazas. Ninguna de las dos respuestas hizo desistir a los trabajadores. La documentación es incompleta, y no se sabe cuál fue el desenlace del conflicto salarial, pero podemos afirmar que estos trabajadores habían adquirido una especie de conciencia de clase o, al menos, de su propia fuerza. A partir de entonces, cuando se producían problemas en relación con las raciones se emprendían acciones de protesta que podían durar desde un solo día hasta semanas. Se repitieron en distintas ocasiones, hasta la disolución de la comunidad de Deir el-Madina en tiempos de Ramsés IX.

La historiografía valorado estos conflictos porque supondrían un cambio en la forma de expresar el malestar de la población egipcia cuando surgían problemas económicos y/o políticos. Anteriormente, en las etapas de crisis, como las ocasionadas por los denominados períodos intermedios entre los Imperios, la población añoraba y reclamaba un poder central, encarnado en el faraón, frente a las divisiones. Además, la queja se relacionaba con los elementos. Pero en el Imperio Nuevo la mentalidad social había evolucionado. En aquella época la queja y la protesta se dirigieron hacia el faraón porque no atendía la necesidad de sus trabajadores. Se apelaba al faraón para que pusiese fin a las injusticias generadas por los abusos de sus funcionarios, especialmente de los escribas y capataces de las obras, así como del propio visir, porque se consideraba que se quedaban con parte de las raciones que no llegaban a los obreros y artesanos.

Por otro lado, estos conflictos ponen de relieve la crisis que estaba afectando a las estructuras del Estado egipcio en la XX dinastía.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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