Sobre el libro “Problemas de España” de Juan Guixé (1912)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Juan Guixé (1886-1946) fue un escritor y periodista leridano, corresponsal en distintos países en Europa y África, y pasando largas temporadas de su vida en el extranjero.
Colaboró con un sinfín de publicaciones periódicas, además de ser secretario de redacción de España Nueva, redactor jefe de El Heraldo de Madrid, y director de La Palabra libre, La Voz de Guipúzcoa y del semanario La Calle. En tiempos de la Segunda República estuvo a cargo de la prensa en el Ministerio de la Gobernación.
Estuvo exiliado en Chile, país en el que falleció.
Escribió muchos libros, y en este apunte nos acercamos a Problemas de España, publicado en 1912, y que fue reseñado por Antonio López Baeza para Vida Socialista, en el número del 14 de abril de ese año, y que es el objeto de nuestro artículo. López Baeza también fue periodista en distintos medios vinculados al movimiento obrero, además de ser sindicalista, masón, miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE y concejal por Madrid, terminando sus días trágicamente en el inicio de la sublevación del 18 de julio.
Para López Baeza el autor era uno de los pocos escritores jóvenes que se preocupaban del estado de España, y trabajaban ardorosamente por su resurgimiento, procurando desatar los nudos que unían a los españoles con su pasado, y que, con su bagaje de sucesos tristes, ignorancia, fanatismo y fatalismo habían hecho de la Historia de España una crónica triste, que había que destruir.
Con los libros como el de Guixé, se podía aprender a querer y trabajar por España, a través del acercamiento a Europa.
Al parecer, Guixé reafirmaba el principio de Ortega y Gasset de que la alegría no podía ser un derecho natural ibérico cuando afirmaba que había que sufrir y ser pesimista si se quería que los españoles se perfeccionasen porque el dolor hacía discurrir, y los españoles necesitaban hacerlo mucho. El optimismo sería un falso eufemismo, y una especie de autoengaño. Detrás del optimismo, según apreciaba López Baeza de la obra de periodista catalán, se escondía la vanidad, el orgullo, la indiferencia, el embotamiento intelectual y la degeneración física de los españoles.
Lo que era eficaz como método para progresar era, insistía, el pesimismo, porque suponía crítica, reforma y hasta dolor, como una reacción contra el delito y el error cometido.
Guixé dedicaba un capítulo entero en su libro al pesimismo, y López Baeza sacó en su reseña algunos párrafos.
En la reseña se elogiaba al libro porque el autor habría hecho una labor admirable de estudio, investigación y asimilación, desentrañando los más importante de la Historia de España para destruir todas las afirmaciones de un patriotismo “amasado con frases hechas y música de Chueca”, señalando, además que el patriotismo estaba en crisis porque se había utilizado con excesiva frecuencia, como un encubridor de nepotismo y de codicia.
Otro de los capítulos del libro llevaba el título de “La Moral”, donde Guixé señalaba las “contradicciones éticas” que se habrían operado siempre por “corrupción entre el deber y la idea, la vida y la acción”.
Los capítulos que, a juicio, de Guixé tenían más actualidad en ese momento eran “La sobriedad”, y “El imperialismo”.
Según nuestro reseñador donde había un vicio, una función orgánica no satisfecha se había puesto una virtud, esto es, la de ser sobrio. Pero, ¿eran sobrios los españoles”. Claro que lo eran, pero porque no podían comer. Y eso se demostraba cuando se veían los datos físicos de los mozos de reemplazo. Al parecer el 60% habían sido declarados inútiles por no tener talla, peso o un adecuado perímetro torácico. Y eso era miseria. Y la emigración era una huida del hambre.
En el capítulo dedicado al imperialismo, el autor había llegado a la “médula del problema”, investigando sus causas, desarrollo y finalidad. Con claridad y hasta con valentía, Guixé había llegado a la conclusión de que el porvenir de España estaba en la propia España.
¿Cómo iba a colonizar España? En esta tarea se había fracasado por incapacidad colonizadora, por incultura. Tenemos que tener en cuenta que el libro se había publicado con la Guerra del Rif ya en marcha. Se hablaba de la “necesidad civilizadora de Marruecos”, pero, ¿no era más urgente esa tarea en la propia España?
El país necesitaba una política humilde, no de soberbia, de recogimiento, y no de estrépito y algazara, de enmienda y no de obstinación de antiguos moldes, afirmaba Guixé.
Por todo ello, el libro era muy recomendable, “sano, fuerte y vigoroso”. López Baeza veía a Guixé como un discípulo de Costa, y había sido elogiado por el propio Pío Baroja. La obra era, para nuestro reseñador, una continuación de las de Costa y Ganivet, Picavea y Sales y Ferré.
Sobre Guixé nos ha servido la nota de Luis Egea en Eco Republicano.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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