Contra el gobierno “comunista” o las denominaciones interesadas
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Desde que Sánchez fue investido la última vez y también desde que Trump recuperó el poder estamos asistiendo a un uso disparatado de las denominaciones ideológicas y políticas.
En España el Gobierno y su política son tachados de comunistas, o en el mejor caso de social-comunistas y hace unos días hemos visto a Trump declarar a cuenta de la crisis de Ceuta que hay gobiernos que siendo socialistas se vuelven comunistas. Todavía recuerdo a un señor que gritaba a las puertas de Ferraz dentro de las manifestaciones violentas y también religiosas, en esa mezcla confusa de demagogia, nacional-catolicismo y populismo. Y lo que gritaba me dejó entre helado, perplejo y hasta estupefacto.
Denominó a los socialistas como bolcheviques. ¿Sabía ese señor lo que es un bolchevique y ha pensado mucho el presidente Trump a la hora tachar a un gobierno occidental de comunista?, ¿la regularización de inmigrantes es algo comunista, independientemente de que se esté o no de acuerdo con esa política?
Creo que desde distintas posiciones y poderes se está lanzando un mensaje, que recupera el antiguo sobre el miedo al comunismo en España (alentado por los sublevados del 36 y por el franquismo) y en Occidente (Guerra Fría). Desde un mínimo de conocimientos tachar al Gobierno español de comunista es un sinsentido mayúsculo, pero el mensaje va calando. Da igual que vivamos en una economía de mercado, que exista el derecho de propiedad, que las relaciones sociales de producción sean capitalistas con leves correcciones desde el poder público, que España pertenezca a todas y cada una de las principales organizaciones occidentales políticas y económicas, que usted pueda comprarse una hamburguesa de una multinacional norteamericana, o ejercer libremente una profesión, etc. Pues bien, al parecer, vivimos en el comunismo.
La extrema derecha está en plena batalla cultural y va impregnando su mensaje cuando no leemos con detenimiento, no escuchamos o vemos con discernimiento, cuando nos quedamos en la proclama fácil o en el mensaje cortito sacado de contexto.
Y parece que hay que seguir insistiendo desde la responsabilidad de un historiador y, sobre todo, de un ciudadano.
Puede hacer gracia que un señor grite eso en una céntrica calle madrileña ante la sede de un partido socialdemócrata, pero, en realidad, hace muy poca gracia porque destruye el debate fomentando la ceremonia de la confusión y más con el apoyo de poderosos dentro y fuera de nuestro país.
Así pues, en contrarrestar esa ofensiva estamos, aunque sea empleando materiales históricos para enseñar qué es el comunismo, algo que está a años luz de la realidad española de 2026, tanto en lo político como en lo económico. ¿O ganar una investidura por mayoría simple por parte de miembros de distintos partidos es la dictadura del proletariado? En fin, la historia se está convirtiendo en un saber imprescindible.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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