Largo Caballero y los principios básicos de la organización (1926)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En el otoño de 1926, Francisco Largo Caballero publicó un artículo en la sección sobre la UGT, que dedicaba El Socialista, acerca de los principios elementales de la asociación que, como bien sabemos fue siempre un principio fundamental del movimiento obrero de signo socialista. Pocas personalidades como la que aquí nos trae han sabido tanto sobre esta materia por su propia y larga experiencia en este ámbito.
La razón que movió a Largo Caballero venía definida al principio de su texto porque afirmaba que todavía había muchos trabajadores que no habían comprendido la importancia y las dificultades de la asociación obrera. En este sentido, existiría una desconfianza hacia la eficacia de la organización. Ese razonamiento se basaría en que siempre había enormes dificultades para conseguir hasta la más mínima mejora. Pero cuando se padecía alguna arbitrariedad patronal y esos trabajadores desconfiados se decidían a entrar en una sociedad obrera generaban impaciencia para conseguir mejoras, y si no se alcanzaban de forma inmediata tachaban de conservadores a los miembros más antiguos, y hasta de venderse a la patronal.
Por eso, por la ignorancia y no por mala fe, siempre según Largo, había que volver a explicar los principios fundamentales de la asociación obrera.
Había que hacer comprender que, si bien la sociedad de resistencia era la consecuencia lógica del sistema capitalista y de la propia evolución económica, no era un instrumento infalible para la conquista de las reivindicaciones obreras. Para conseguir eficacia la asociación obrera debía cumplir un mínimo de condiciones que solamente los propios obreros podían ofrecer.
El primer beneficio que el trabajador podría esperar de la unión con sus compañeros no debía ser el conseguir mejoras inmediatas en sus condiciones de trabajo, sino que no empeorasen, porque si la sociedad de resistencia no tenía potencialidad para lo segundo, difícilmente podía tenerla para el primer objetivo. Una vez contenida la ofensiva patronal por la propia existencia de la sociedad obrera, añadiríamos nosotros, podía comenzar a pensarse en conseguir mejoras, y no se trataba solamente desde la razón, porque Largo consideraba, lógicamente, que los trabajadores la tenían, sino en relación con los medios y las condiciones que la sociedad de resistencia reuniera.
Para tener posibilidades de éxito frente a la patronal o los poderes públicos la sociedad de resistencia tenía que reunir un conjunto “mínimo de elementos de lucha”. En primer lugar, era importante que la mayoría del oficio estuviera asociada y federada con otras industrias del país y hasta en el ámbito internacional. Además, había que poseer un grado necesario de conciencia, que se adquiría a través del estudio para entender la situación de la clase y de su misión. La cuestión de los fondos también era importante porque había que sufragar distintos gastos. La disciplina se presentaría como otra condición, unida a la abnegación, sin olvidar que había que evitar la egolatría. La práctica de la solidaridad sería fundamental, y que serviría como ejemplo hasta para los enemigos. Por fin, se encontraba la perseverancia en el ideal, sin que decayesen las convicciones.
Sin estas condiciones la sociedad de resistencia fracasaría, y si por casualidad obtuviese un éxito, éste sería efímero.
Una sociedad de resistencia no triunfaría si los trabajadores se la tomasen como un pasatiempo o por un medio para satisfacer “egoísmos o vanidades individuales”. La sociedad de resistencia vencería cuando se ponía a su servicio “el alma de los asociados”.
El trabajo se publicó en el número del 7 de octubre de 1926 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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