El esperanto como instrumento del proletariado
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
El movimiento obrero, tanto anarquista como socialista, dedicó mucha atención a la difusión del esperanto como un instrumento en favor de la igualdad y superador de las fronteras, de las barreras estatales. El esperanto era un idioma que podía servir como medio de comunicación universal. En el caso de los socialistas españoles es conocida la creación de grupos o círculos esperantistas, además de enseñarse el esperanto en los cursos y charlas que se organizaban desde las Casas del Pueblo. Tanto el PSOE como la UGT aprobaron distintas resoluciones favorables a la difusión del esperanto, y los socialistas se vincularían también a la Asociación Anacional Mundial o SAT, que después de la Gran Guerra pretendía coordinar los esfuerzos de los esperantistas en su afán internacionalista. Algunos socialistas de cierta importancia fueron destacados esperantistas como Cayetano Redondo, Francisco Azorín, Rodrigo Almada o Santiago Aznar entre otros. El movimiento esperantista creció en tiempos de la República, y hasta en Valencia se celebraría en 1934 un congreso del SAT.
En este contexto recordamos un texto de Juan Pinazo, publicado en Acción Socialista en el mes de junio de 1914 donde consideraba que el esperanto era indispensable para el proletariado.
Pinazo consideraba que los factores más importantes con los que contaba el proletariado para luchar contra la burguesía, y dentro del socialismo, eran la política, las sociedades de resistencia y la cooperación. Pues bien, añadía que el esperanto, aunque de forma indirecta, podría ser un complemento de estos tres instrumentos de lucha.
Nuestro autor consideraba, como no podía ser de otra manera desde el socialismo, que la política empleada por el proletariado era un medio fundamental para llegar a la sociedad colectivista, apoderándose del poder y para ir antes arrancando al Estado leyes que mitigasen las miserias del obrero, a través de la aprobación de leyes sociales y el reconocimiento de derechos sociales. Para la discusión de esta legislación el trabajador tenía que saber qué se hacía sobre estas cuestiones en otros países, por lo que debía conocer entre tres o cuatro idiomas.
Por su parte, las sociedades de resistencia eran la fuerza que obligaba a la clase patronal a disminuir la jornada laboral y a elevar los salarios. Pero, además, estas sociedades iban introduciendo medidas beneficiosas para sus afiliados como ayudas para enfermos y parados, atención en caso de accidentes de tráfico, o pensiones de vejez, es decir, lo que proporcionaba un sindicalismo de base múltiple. Y aquí también habría una necesidad de información sobre lo que se hacía fuera del país, además de comunicarse con compañeros con idiomas distintos, algo muy complicado para quienes no poseían más instrucción que la enseñanza primaria. Por fin, no había que olvidar que los sindicatos se terminaban por asociar internacionalmente, y no conocer idiomas dificultaba dichas relaciones en los Congresos internacionales.
Las cooperativas, al igual que las sociedades obreras, se constituían internacionalmente, y también celebraban congresos, planteando, por lo tanto, el mismo problema.
En conclusión, la organización obrera encontraba muchas dificultades para expandirse, y nuestro autor consideraba que no se conseguía por no encontrar un idioma común que por su “sencillez y claridad pudiera ser adoptado” por cualquiera.
El idioma que reunía esas condiciones sería el esperanto. Su aprendizaje era breve y clara su expresión, y era el único que daba el “verdadero valor etimológico a sus palabras”. Podía constituir una gran ayuda al socialismo en todas sus manifestaciones, que, aunque en distinta “esfera de acción” venían a converger en una sola, esto es, la Humanidad convertida toda ella en clase productora y libre.
Pinazo elogiaba la lógica del esperanto, y siendo “tan grande su bondad” cualquier obrero podía aprenderlo con solamente tres meses de estudio, por lo que con un mínimo de esfuerzo se podía conseguir un máximo de resultados.
Por eso animaba, especialmente a los jóvenes socialistas, a aprender y divulgar el esperanto, como un instrumento de lucha y un nexo o lazo de unión que unía a los trabajadores de todas partes.
Tendremos que regresar a esta cuestión del esperanto.
El artículo salió en el número del 13 de junio de 1914 de Acción Socialista.
Podemos acudir a la página esperanto.es, y a izquierda y esperanto. SATEH, donde existe una base de publicaciones importante.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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