La dura condición de los mozos de estación a comienzos de los veinte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Como hemos estudiado en otro momento y en este medio de El Obrero, Andrés Saborit en la primavera de 1923 se movilizó en favor de los mozos de la Compañía ferroviaria del Norte a raíz de la muerte de un mozo de estación por aplastamiento en la Estación del Norte de Madrid cuando estaba descargando la correspondencia en un tren de dicha Compañía, un trabajo por el que no cobraban dichos mozos ningún estipendio. Por eso, el diputado socialista se dirigió al Ministerio de Fomento para solicitar que estos mozos fueran relevados de esta ocupación. La familia del fallecido no pudo cobrar la indemnización estipulada en la Ley de Accidentes porque la Compañía aludió a que el hecho se había producido al servicio del Estado, y éste tampoco se responsabilizó porque alegó que, efectivamente, la tarea no debía hacerla los mozos.
Pues bien, los denominados mozos del exterior decidieron seguir luchando porque, a pesar de las gestiones de Saborit y de que, al parecer, el ministro había tomado cartas en el asunto, no se había avanzado realmente, como creíamos cuando escribimos el anterior trabajo, y al que remitimos al lector en la hemeroteca de El Obrero.
Así pues, en el otoño de ese mismo año, justo después de producirse el golpe de Primo de Rivera, se dirigieron al Directorio. La Compañía del Norte seguía obligando a los mozos del exterior a transportar la correspondencia desde los coches de la Administración de Correos al coche-correo de sus trenes, además de hacer la descarga de todo el equipaje facturado de los viajeros, trasladar heridos y enfermos a su domicilio o al hospital y otros muchos servicios. Y todo se hacía sin abonar ninguna cantidad, además de que si se lesionaban no les amparaba la Ley de Accidentes del Trabajo, porque en estas tareas la Compañía les consideraba como afectos al Estado, y éste a la Compañía, como hemos indicado anteriormente.
Por eso, pedían, como ya lo habían hecho antes, que se les releve del servicio de correos y de camillas por el que no recibían estipendio alguno ni ayuda en caso de lesión.
Desde El Socialista se apoyaba incondicionalmente esta petición.
Hemos trabajado con el número de El Socialista del día 13 de octubre de 1923.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Lo último de Eduardo Montagut
- La necesidad de los partidos socialistas: reflexionando con Delville
- Sobre el feminismo en el socialismo belga al terminar la Segunda Guerra Mundial
- El Congreso de Quaregnon para el socialismo belga
- Contra el gobierno “comunista” o las denominaciones interesadas
- El método del socialismo utópico, según Plejánov