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Memoria y estrategia socialista de la mano de Manuel Vigil Montoto en 1926


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El primero de septiembre de 1926 el destacado socialista asturiano Manuel Vigil Montoto, que sería miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE y diputado por Oviedo, sin olvidar su intenso compromiso sindical en la UGT, reflexionaba en las páginas de El Socialista sobre las lecciones del pasado en clave socialista porque debían servir para reafirmar la táctica de este sector del movimiento obrero, que combinaba la lucha política con la socioeconómica, y se ajustaría a una táctica reflexiva y no impetuosa ni violenta. Hoy recuperamos sus pensamientos.

Para Vigil Montoto los españoles sufrían de falta de memoria, y sobre todo los trabajadores. Al parecer, había que repetir muchas veces las cosas para que no se olvidaran.

El devenir de los pueblos pasaba, lógicamente, por muchas circunstancias, tanto favorables como desfavorables, y que provocaban que gobernantes y gobernados adoptasen diversas posturas en cada una de ellas para lograr sus propósitos. Para nuestro autor el acierto o el error en la toma de decisiones estaría detrás la supervivencia o no de las organizaciones que luchaban por sus ideales. Vigil Montoto dejaba claro que estas reflexiones procedían de su larga experiencia tanto en el plano político como en el social. Y para ello, interpretaba el desarrollo, en primer lugar, del republicanismo español. Consideraba que, a pesar de la “eficaz ayuda” que los detractores del republicanismo habían prestado a la causa a lo largo de medio siglo (se refería a la Restauración y a los partidos dinásticos del turno político), el mismo había sido vencido por los desaciertos de los dirigentes de los partidos republicanos, tanto por lo que habían defendido como por las decisiones tomadas. Habría habido, siempre según su opinión, demasiada violencia en los mensajes, y estridencia en el lenguaje, sin olvidar errores tácticos como eran las abstenciones y retraimientos en política.

A continuación, repasó el universo anarquista y anarcosindicalista. Con iguales procedimientos se habían obtenido los mismos resultados. En este sentido, remarcaba la cuestión de la táctica de la violencia para acabar con el régimen capitalista sin haber antes promovido la educación de la masa obrera. Eso solamente habría servido para convertir en un verdadero calvario el camino de la emancipación del proletariado.

La cuestión de la abstención en política seguida por parte de la clase obrera era un asunto de vital importancia para un socialista como Vigil Montoto. Era un error no aprovecharse del derecho a la representación en organismos oficiales, y eso habría provocado graves problemas a la causa de la emancipación. Podría haber sido peor si no hubieran existido las organizaciones que habían empleado la táctica “oportunista”, perfectamente compatible con las aspiraciones revolucionarias y que, lógicamente, era la que combinaba la lucha política con la sindical, esto es la de signo socialista.

La experiencia demostraría que esa era la mejor manera de luchar porque suponía una especie de adiestramiento en el ejercicio de derechos y deberes, y los trabajadores se preparaban para ser elementos directores del futuro régimen social opuesto al existente, garantizando una marcha ordenada y progresiva en el nuevo orden de cosas que terminaría por establecerse. Esa lucha, cuyos beneficios disfrutarían las generaciones venideras, no se hacía para cooperar al mantenimiento del orden económico y político del régimen capitalista. Se tomaba del mismo cuanto pudiera beneficiar a los trabajadores para prepararlos, porque la muerte del capitalismo estaba en su propio desenvolvimiento, según lo que había defendido Marx, y no por “aspavientos y griterío”.

Y todo esto lo sabían los militantes más activos, que año tras año, en posiciones de peligro, de cara al adversario y frente a las impaciencias de algunos compañeros habían acumulado un enorme caudal de conocimientos prácticos que superaban a las teorías de los defensores de las actitudes violentas, que olvidaban las lecciones del pasado.

En las grandes crisis por las que pasaban las organizaciones de toda clase, como los individuos, era cuando más serenidad hacía falta para sobreponerse a esos ímpetus ciegos de irritación que podían haber sido provocados, ciertamente, por hechos censurables, pero que para acabar con ellos debían emplearse otros medios basados en la reflexión y en el “buen sentido” de la experiencia.

Importante era discutir o debatir cuanto se quisiera, respetando los pareceres contrarios, pero con el firme propósito de aceptar y acatar de forma leal lo acordado, en aras, además, de que no se debilitasen las organizaciones, un aspecto casi sagrado para los socialistas, ya que tanto las políticas (agrupaciones) como las sindicales habían costado mucho levantar, y sostenerlas.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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