Criterios del socialismo español sobre la inspección educativa en los años veinte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En la década de los años veinte se discutió mucho sobre la inspección educativa, o escolar como se denominaba en aquellos tiempos. Queremos aportar una visión desde el socialismo español sobre este servicio de la mano de Arturo Sanmartín Suñer, un pedagogo socialista español de primera magnitud, aunque tuviera un final trágico, como el de su esposa, Sofía Polo Giménez, víctimas de la insania de los sublevados. Fue maestro e inspector de primera enseñanza, además de miembro muy destacado de la FETE, Arturo Sanmartín Suñer (1898-1936). En estas páginas hemos estudiado ya su visión de la organización escolar, pero hoy nos toca la de la inspección.
Sanmartín explicaba que había división de opiniones sobre la inspección porque había quien creía que debía desaparecer, mientras que otros defendían su existencia. Pero nuestro maestro nacional ambas posturas no iban a la esencia de la cuestión porque anteponían juicios personales. Los primeros justificaban su petición de supresión basándose en que los inspectores no realizaban una labor útil, y eran para los maestros como policías. Además, no serían necesarios.
En primer lugar, si no eran útiles por una cuestión de tiempo podría solucionarse aumentando su número. Si primaba el argumento segundo sobre la consideración “policial” de los inspectores, lo que había que hacer era transformar el servicio para que no lo fueran. Y en este sentido, Sanmartín afirmaba que ya había inspectores que no estaban conformes con esta labor. El tercer argumento negativo era el más complejo porque entraba dentro de los límites de la competencia profesional y en las distintas maneras de ver las cosas. Pero la principal pega a este argumento era que los que pedían su supresión reconocían que había inspectores que llevaban a cabo una labor muy positiva. Así pues, estamos viendo que Sanmartín era favorable a la existencia de este servicio, porque, como veremos, le servirán los argumentos de los que defendían el mantenimiento del servicio. Esos defensores afirmaban que el inspector era una figura útil porque luchaba y trabajaba, siendo un guía y un consejero para los maestros, llevando a los pueblos aires de renovación y progreso. Si había inspectores que luchaban por la escuela y había maestros que los veían como guías y consejeros, además de llevar esos aires de renovación pedagógica, principalmente a las escuelas rurales, el servicio no podía desaparecer. En realidad, los críticos lo que estaban defendiendo era que todos los inspectores fueran así de positivos. Y, generalmente, eran los más jóvenes. Pero, por fin, Sanmartín también quería matizar porque los defensores de los inspectores obviaban que, efectivamente, había algunos que no cumplían esas funciones, digamos positivas, es decir que dentro del servicio había diferencias importantes.
Nuestro maestro pasaba, a continuación, a definir los modelos de inspectores. El primero era el denominado “inspector policía”, que correspondería a un tipo de funcionario muy común en España. Su única preocupación consistía en vigilar y averiguar lo que hacían los demás. Eran los que recurrían al “expedienteo”, olvidándose de la difícil tarea del maestro, pero también los que llegaban a las escuelas, programa en mano, para interrogar a los alumnos con aires de magistrado, examinando si se había dado todo lo programado, averiguando si se cumplía el horario, si el régimen de la escuela se acomodaba a lo estipulado, es decir, un policía, que solamente le interesaba si los niños sabían y cuánto, y no si “están sanos, alegres, despejados y fuertes”.
Ese tipo de inspector sería, siempre para Sanmartín que, como vemos, era todo un humanista, un obstáculo para la buena marcha de la enseñanza. Era un modelo que debía desaparecer, por lo tanto. Para nuestro protagonista el método pasaba porque ese modelo no estuviera ya en la mente de los maestros.
El inspector nuevo, en cambio, desdeñaba la labor policial en la educación porque creía que debían dejar de serlo a pesar del Estado. Trabajaba, sin ir al detalle, es decir, sin descender a lo más mínimo, para saber si el maestro estaba bien orientado en su trabajo. En una visita a la escuela, sin esos detalles, este inspector sabía muy pronto si debía hacer de auxiliar o de guía del maestro. Es un inspector de acción y positivo.
Para Sanmartín había muchos malos inspectores porque al tropezar con maestros que también lo eran, en vez de enseñarles sus errores, resultaba más cómodo recurrir a la sanción.
Ningún inspector debería estar a la altura de los mejores maestros. Para la labor educadora de la inspección, cabía pensar si hacía falta otra cosa que buenos maestros. Pero si se suprimiera la inspección los que obraban por temor a ella, al desaparecer, probablemente harían peor su trabajo, pero para los que amaban la profesión esa supresión tampoco sería positiva porque los buenos inspectores no serían un obstáculo.
Sanmartín abogaba porque los inspectores podrían ser un motor para la regeneración escolar en España, aunque seguramente se opusiera el Estado, enemigo, en su opinión, de todo lo que significaba progreso y porque los cambios en la escuela implicaban un concepto diferente de la vida, más racional y humano. Por eso, la labor de los inspectores jóvenes, que tanto luchaban tropezaba con el Estado. Y así, o se adaptaban, y entonces ya no habría inspectores renovadores, pero si no lo hacían surgía el conflicto y la ruptura. Así pues, Sanmartín estaba criticando cómo se establecía la educación en España y el modelo imperante de inspección.
Sanmartín creía que los inspectores no podían defender los intereses de una casta, es decir, no podrían ser corporativos porque no intentarían modificar el medio “rancio y hostil” para las cuestiones de enseñanza. España necesitaba buenos inspectores. El día que desapareciese el modelo de inspector policía se podría decir que la escuela, al final, se habría “lavado la cara”.
Sobre Sanmartín podemos acudir al Diccionario Biográfico del Socialismo Español, y el trabajo se publicó en el número 5079 de El Socialista.
Por fin, podemos acudir al trabajo de Maillo García, A, (1989), La historia crítica de la Inspección de Educación en España. También es muy interesante el trabajo de José Luis Castán Esteban, “La investigación sobre la historia de la inspección de educación en España. Balance y perspectivas”, en Espacio, Tiempo y Educación, 8 (1), pp. 219-245, porque nos aporta todo lo que se ha trabajado sobre la inspección.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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