El Congreso feminista obrero de Bruselas de 1900. Tercera Parte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En la última sesión del Congreso feminista obrero de Bruselas se trató sobre la investigación de la paternidad, un asunto que al feminismo, en general, preocupaba mucho porque generaba problemas de consideración social hacia las madres solteras y discriminaciones a los hijos nacidos fuera del matrimonio.
M. Deswarte abogó por la derogación del artículo 340 del Código Civil, prohibiendo la investigación de la paternidad. En este asunto intervino Marie Bonnevial insistiendo en la humillación que pudiera resultar para la mujer esta investigación. La mujer no tendría que suministrar ninguna prueba. Propuso que se creara una especie de Caja de Maternidad para asegurar a todos los niños los medios para poder desarrollarse. Defendió el principio de que los socialistas no hacían distinciones entre los hijos “legítimos” y los hijos “naturales”.
La maternidad era muy importante y debía estar siempre rodeada de atenciones. Vandervelde intervino para querer dejar claro que, aunque un hijo natural no tuviera interés en llevar el nombre de un hombre que lo hubiera negado este sí merecía una sanción penal.
Gatti de Gamond planteó la responsabilidad de los municipios con los hijos naturales.
Por su parte, M. Trodet planteó que la investigación de la paternidad había sido muy criticada por el feminismo burgués, pero el feminismo socialista debía ir más allá, es decir, que los niños que se abandonaban tenían todo el derecho para poder educarse y desarrollarse gracias a la intervención del poder público. Como vemos, tanto Bonnevial, como Gamond y Trodet defendían la intervención de las Administraciones públicas para garantizar la vida, el desarrollo y la educación de todos los niños, independientemente de cómo habían llegado al mundo.
M. Deswarte, sin estar en desacuerdo con lo anteriormente planteado, sí quiso poner algún reparo al hecho de condenar totalmente la investigación de la paternidad porque podría ocurrir que algún hijo quisiera conocer su filiación, por lo que en vez de condenarlo o que siguiera siendo obligatorio, pasara a ser voluntario. Vandervelde también planteó que no le parecía oportuno que toda la responsabilidad sobre un hijo natural recayese en el poder público, porque el padre también tenía sus obligaciones. Los socialistas debían defender también el principio de responsabilidad del padre, aunque, por supuesto, los poderes públicos no podían dejar de lado a los niños abandonados.
Significativa fue la intervención de un delegado que quiso defender la idea de que los socialistas no debían hablar ni de hijos bastardos ni naturales, porque todos los niños eran naturales.
Terminaremos en una próxima entrega donde se trató de la mujer y el socialismo.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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