Los socialistas españoles ante la muerte de Stalin
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Por lo que sabemos la muerte de Stalin, acontecida el 5 de marzo de 1953, ahora hace setenta años, no generó grandes comentarios por parte de los socialistas españoles. Pero una columna en el número del 12 de marzo de ese año en El Socialista, refleja algunos aspectos a tener en cuenta.
Para el periódico socialista en el exilio la figura de Stalin merecía un “interés objetivo” porque era un “hacedor de historia”, es decir, que había influido en el rumbo tomado en la puesta en marcha de un pueblo enorme y mantenido en un atraso casi en estado medieval, y que había influido en todo el mundo. La Historia tendría que registrar esa influencia tan evidente. El juicio que mereciera dependería, en opinión del periódico, del desenlace y de una distancia suficiente para adquirir perspectiva.
El interés por Stalin se basaba en su cualidad de hombre de acción, de un dictador de un pueblo, insistimos, inmenso, que para sus designios como tal había aprovechado lo que el artículo denominaba “mesianismo rojo”, que habría sacudido a las masas por todo el mundo, a unas masas más propicias para la sugestión que preparadas para el razonamiento, y desconocedoras de la libertad. Stalin había preferido servirse de ese poder de sugestión en vez de promover la educación de las masas. Se había dejado idolatrar, y Stalin habría asumido una especie de papel de ”demiurgo de los sugestionables”. Esa estrategia le había servido para promover su eficacia como dictador, y en su papel de constructor de un imperio.
Pero lo más grave en esta interpretación crítica habría sido el daño que había producido al movimiento obrero y socialista del mundo, porque había adulterado o transformado de forma arbitraria los conceptos de socialismo, democracia, libertad y justicia, que el socialismo democrático intentaba mantener, educando la conciencia de los pueblos, “cuya fase evolutiva no tiene por qué ajustarse a la fase diferente por la que pasa el pueblo ruso”.
En esta interpretación se insistía en que Stalin había sido más un hombre de acción que de ideas, de doctrina. Por eso, había estado más vinculado a la realidad de su país que al socialismo. Comprendiendo esto, y ya con vinculaciones a España, es decir, comprendiendo a Stalin como hombre de la URSS y no como hombre del socialismo, se podría explicar su política hacia España cuando terminó la Segunda Guerra Mundial.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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