El homenaje del socialismo español al Manifiesto Comunista en 1948. Primera parte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Los socialistas españoles a través de El Socialista dedicaron gran parte del número del 19 de marzo de 1948 a recordar que en ese año se cumplía el centenario de la publicación del Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Ahora en el 175 aniversario recordamos aquella efeméride celebrada desde el exilio. Ante la magnitud del hecho vamos a dedicar una serie a este homenaje con varios artículos.
Para los socialistas el mejor homenaje y la “más estricta interpretación” del documento histórico lo rendían los socialistas que luchaban obstinadamente contra toda dictadura, se hallase ésta en oriente o en occidente.
En el número se incluyeron distintas colaboraciones sobre el Manifiesto. El socialista belga Louis de Brouckère recordaba en un artículo central la juventud del mismo a cien años de su publicación. Sus páginas aún se leían, es más, se leían más que nunca, es decir que lo que allí se explicaba seguía sirviendo a millones de trabajadores. Para Brouckère no había existido un folleto con la misma fortuna. Los autores habrían logrado de forma magistral dar luz sobre lo que ya se agitaba. Sus autores habían sido los intérpretes de la clase cuya causa defendían, una especie de “parteros” de su pensamiento, de tal suerte que a su llamamiento los proletarios veían más claramente que ellos mismos. Era un privilegio de los grandes pensadores el hacer aparecer así las verdades latentes en los espíritus. Por ello, Marx y Engels podían afirmar que las concepciones expuestas no reposaban de ninguna manera sobre principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador sino que eran la expresión general de las condiciones efectivas de una lucha de clases que existía. Por ser esta afirmación tan verdaderamente exacta el texto había conmovido tan profundamente a los trabajadores.
También era cierto que el Manifiesto había suscitado grandes críticas, precisamente porque había provocado muchas aprobaciones. Pero el socialista belga se asombraba de que muchos críticos se extrañaban de que los autores no hubieran sabido exactamente en la época en la que lo escribieron cómo iba a ser el mundo cien años después. Marx ni era un dios ni un profeta. El Manifiesto había sido un texto de circunstancias del cual, y por propia confesión, algunas de las partes habían envejecido. Lo importante del Manifiesto era que la tercera generación crecida después de la aparición del opúsculo encontrase aún “tantas verdades aun vivaces”, una fuente siempre precisa de inspiración.
En la segunda parte del artículo Brouckère se preguntaba qué decía el Manifiesto que no había caído en el olvido. Eso se podía responder gracias a Engels, y en este sentido, recordaba el prefacio que escribió después de muerto Marx. En el mismo se afirmaba que la historia entera había sido la historia de la lucha de clases, de luchas entre clases explotadas y explotadoras, dirigidas y directoras, cualquiera que fuese el grado de progreso social alcanzado por unas y otras. Esa lucha se encontraba, finalmente, en una fase en que la clase explotada y oprimida, esto es, el proletariado no podía emanciparse de la clase explotadora y opresiva, es decir, la burguesía, sin emancipar de una vez para siempre a la sociedad entera de toda explotación, opresión y de toda lucha de clases.
Este texto escrito por Engels era, según nuestro autor, una síntesis del Manifiesto y era evidente su actualidad. Era verdad que el socialismo había cambiado, puesto que había vivido, pero en medio de las variaciones, ciertas condiciones esenciales habían continuado siendo constantes. La lucha de los trabajadores seguía siendo, profundamente, la misma lucha. Los mismos principios la dirigían. Si el proletariado había modificado frecuentemente su táctica, a merced de las circunstancias, no había cambiado de alma. Seguía sometido a las mismas necesidades y sentía las mismas aspiraciones elementales. El Manifiesto había conseguido expresar todo esto en términos que no había envejecido, que no envejecerían en tanto que la lucha de clases no hubiera sido “victoriosamente terminada”.
Hoy, setenta y cinco años después de estas palabras, y ciento setenta y cinco de la publicación del Manifiesto, preguntamos al lector, ¿sigue vigente el mismo y la lucha de clases?, y, ¿sigue siendo el Manifiesto una fuente de inspiración?
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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