La Factory Act de 1825
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
Se entiende por Factory Acts las leyes aprobadas por el Parlamento británico durante el siglo XIX para regular las horas de trabajo y las condiciones laborales de niños y mujeres en las fábricas, especialmente en las textiles.
Es en el propio siglo XVIII con la Revolución Industrial cuando surgió entre los reformistas la inquietud al comprobar las largas jornadas laborales y las duras condiciones de trabajo que padecían los niños en las fábricas textiles (molinos de algodón). En este periódico hemos estudiado ya las dos primeras, la de 1802 y la de 1819. Ahora nos acercamos, a la tercera, a la de 1825, la Ley de Regulación de las fábricas de algodón.
En ese año de 1825, John Cam Hobhouse presentó un proyecto de ley para permitir a los magistrados actuar por iniciativa propia y obligar a los testigos a asistir a las audiencias porque solamente había habido dos procesamientos por incumplimiento de la Ley o Factory Act de 1819. En el debate parlamentario, un diputado opuesto a esta reforma, y dueño de un molino de algodón, sí reconoció que la Ley estaba siendo ampliamente incumplida, pero que los propietarios de molinos estaban a merced de los molineros, de los trabajadores, con sus exigencias para que se cumpliesen las penas por hacer trabajar a los niños más horas limitadas por la Ley. Por eso era mejor, en su opinión, derogar la Ley de 1819. Pero también es cierto que otros propietarios de molinos sí estaban de acuerdo con la reforma propuesta por Hobhouse. En una de esas defensas se argumentaba que acortar las horas de trabajo de los niños no era perjudicial para los intereses de los fabricantes porque la reducción permitía que esos pequeños trabajadores pudieran tener más vigor y mejorar su actividad. Debemos recordar que el proyecto de reforma de Hobhouse buscaba limitar las horas trabajadas a once por día.
Al final, la Ley aprobada mejoró algunos aspectos, pero mantuvo la jornada de doce horas de lunes a viernes, con un día más corto de nueve horas los sábados. Se amplió el tiempo para poder comer.
En todo caso, todo fue muy limitado, y siguió habiendo el problema de que no funcionaba el sistema de sanciones.
Seguiremos analizando esta legislación en futuros trabajos. En la hemeroteca digital de El Obrero se puede encontrar nuestro estudio anterior.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Lo último de Eduardo Montagut
- La senda que conduce al socialismo para un periódico norteamericano (1926)
- Julián Zugazagoitia sobre Rasputín
- Sobre los problemas del salario mínimo agrícola en el Reino Unido en los años veinte
- Mecánica social y psicología del soldado victorioso que regresa de la guerra
- La necesidad de los partidos socialistas: reflexionando con Delville