En la década de los años treinta del siglo XIX los líderes del movimiento obrero británico consideraron que era insuficiente la lucha por mejoras laborales, y que eran necesarias reformas políticas. En 1831, durante la campaña para reformar la ley electoral, William Lovett (1800-1877) reclamó el sufragio universal. Esta pretensión se basaba en que si los obreros producían la riqueza del país tenían derecho a participar en la vida política. Lovett fue un destacado sindicalista, y también había conocido el socialismo de Owen. Pero ha pasado a la historia por su encendida defensa de la participación política de los trabajadores a través del movimiento cartista. En el mismo también habría que nombrar a Feargus O’Connor (1796-1855), que siempre mantuvo una postura crítica en relación con Lovett porque defendió métodos más contundentes para conseguir los objetivos democráticos que informaban al cartismo, incluido el empleo de la violencia.