Fintis en su nebulosa: cuando las amenazas muestran las garras, que hacen que la historia dé marcha atrás
- Escrito por Antonio Chazarra Montiel
- Publicado en Cultura
Destapa los disfraces del verdugo que me mata mejor.
Me arrancan de raíz.
Me embalsaman en estatua de sal a las puertas del tiempo.
Soy la momia translucida de ayer convertida en oráculo.
Olga Orozco
En estos días de confusión, de hipocresía, donde se retuerce la realidad, se niega la evidencia y se miente deliberadamente, entre la indiferencia generalizada y la inquietud de unos pocos… muy pocos, es indispensable resistir porque nos va mucho en ello.
Nunca me he tomado a broma las bravuconerías, amenazas e intimidaciones de Vox. Algunos y algunas comienzan a despertar de su letargo, al escuchar esas soflamas venenosas y tóxicas en boca de nuevos cargos ‘in pectore’ de Comunidades Autónomas, Ayuntamientos o Parlamentos Autonómicos.
Se comienza a percibir con temor su deshumanización de los inmigrantes, su poco respeto por la Constitución, su misoginia y su patriarcalismo rancio. Derechos que creíamos sólidos y firmemente implantados empiezan a estar en serio peligro.
Hemos oído negar el cambio climático, descalificar a los inmigrantes como ‘invasores’ o negar la violencia de género pese al número de mujeres asesinadas.
Difuminar la realidad, ocultarla o sustituirla por ‘realidades paralelas’ es el procedimiento habitual. A esos retrocesos reaccionarios que no podrían llevarse a efecto sin la complicidad del Pp, se les denomina ‘agenda cultural’. Es bien sabido que el lenguaje es un buen barómetro. Negar el lenguaje es el paso previo a negar, retorcer o modificar los hechos.
Democracia es igualdad. El feminismo pretende, sobre todo, ampliar y fortalecer los derechos de las mujeres e ir desterrando las discriminaciones de género que a causa del patriarcalismo se han venido perpetrando.
La lucha por la igualdad de hombres y mujeres quizás, comenzara en el Renacimiento, experimentó avances durante la Ilustración, más fue en el siglo XX, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando el Movimiento Feminista ha logrado avances significativos que se han visto reflejados y refrendados en las legislaciones de los países que los han promovido.
Una lección amarga de la Historia es que si bien es perceptible que se producen avances… lo es también, que se sufren retrocesos que, ante todo, pretenden ‘desmontar’ los derechos y libertades conquistados. Pensemos, por ejemplo, en el Congreso de Viena, donde se regresó al absolutismo y se pretendió sepultar todo aquello que la Ilustración y la Revolución Francesa, puso en marcha.
Tras este preámbulo, voy a dedicar esta colaboración para El Obrero a la filósofa pitagórica Fintis. Propongo al lector que me acompañe en esta evocación, situándola en una nebulosa o laberinto. Cada vez que pretende salir de él, las fuerzas e ideas retardatarias le impiden hacerlo y la devuelven violentamente, a una situación de cautiverio.
He elegido a Fintis como paradigma para las reflexiones que voy a ir desgranando. ¿Qué sabemos de ella? Poco o muy poco. Esto debería hacernos pensar e incluso preguntarnos ¿por qué? La invisibilidad de las mujeres se remonta a la noche de los tiempos. Lo más trágico y paradójico es que todavía hoy, algunos continúan aferrados a prejuicios que hace tiempo han sido superados… aunque quedan rescoldos, que si sopla un viento favorable pueden provocar incendios.
Las mujeres estaban excluidas de la vida pública y no se consideraba importante lo que hacían. Este es uno de los motivos por los que una capa de ignorancia y olvido las ha tenido largo tiempo sepultadas.
Fintis fue una pensadora o filósofa, que perteneció a la Escuela Pitagórica. Por cierto, los integrantes del pitagorismo eran hombres y mujeres ¿por qué entonces, no recordamos el nombre de ninguna?
Sabemos que escribió un tratado sobre el comportamiento de las mujeres. Conservamos algunos fragmentos, relativamente extensos, de esta obra gracias a Estobeo que realizó una rica y amplia recopilación de textos literarios de la antigüedad clásica, en el siglo V d.C.
Ha habido, no obstante, eruditos que han discutido la autoría, argumentando sin aportar ninguna prueba, que los textos atribuidos a las pitagóricas, en realidad habían sido escritos por hombres. ¿Qué les molesta tanto? Quizás que Fintis se atreve a manifestar que la práctica de la Filosofía es apropiada y provechosa tanto para hombres como para mujeres, haciendo asimismo hincapié, en la virtud de la moderación. Expone con rotundidad, la importancia de vivir en armonía con uno mismo. Este equilibrio es básico para que reine la paz en el seno de las comunidades.
Con cierta sutileza, que contiene una velada crítica, señala que algunos varones sostienen que montar a caballo, hablar en la Asamblea o filosofar no es propio ni apropiado para las mujeres. Su respuesta es indirecta y, en cierto modo oblicua, pero no deja lugar a dudas. Tanto el hombre como la mujer, deben practicar la valentía y la justicia.
Sobre todo, le preocupa enormemente –es una pena que no hayan llegado hasta nosotros otros fragmentos- ¿qué hacer?, ¿cómo comportarse correctamente? Es pues, una filosofa-práctica. Sus preocupaciones son primordialmente éticas. De los textos de esta filósofa-práctica se desprende que hombres y mujeres tienen diferencias pero están dotados por igual para la palabra y para el pensamiento.
He creído oportuno traer a colación a Fintis de la que seguiremos hablando, para ejemplificar que los convencionalismos, prejuicios y la trasnochada ideología patriarcal vienen de muy atrás. Es más, quienes la asumen y la proclaman están más cerca de los ‘cavernícolas’ que de la modernidad.
Hagámonos también la pregunta de ¿por qué está, en su rancio programa involucionista, suprimir las Concejalías y Consejerías de Igualdad? La democracia sin igualdad no existe, los derechos deben ser defendidos con entereza. El futuro de los sistemas democráticos depende, en no poca medida, de ello.
Fintis, en alguno de estos supuestos, va más lejos. Más que afirmar deja entrever pensamientos sobre el orden social que dan no poco que pensar. Afirma –haciendo una finta como si lo dudase- que vivir la vida no es un asunto menor y que hay que hacerlo de acuerdo con unos criterios morales. Es más, intuye que en caso contrario, ‘la polis’ padecerá engaños y violencia.
Los fragmentos a los que me he referido y sobre los que me he atrevido a formular algunas interpretaciones, pertenecen a su obra “Sobre la templanza de la mujer”, donde se empieza a hablar de moderación y hay cabida para opinar sobre otras muchas cosas.
Tanto varones como mujeres gozan de capacidad para comprender y, lo que es más, formular y discutir ‘argumentaciones’, es decir, como sin darnos cuenta nos hemos aproximado y penetrado en el terreno del diálogo y su importancia.
Hay pues que dialogar y someter a reflexión y crítica los prejuicios existentes en cualquier modelo de sociedad, también lógicamente, los que atañen al papel y a la función que hombres y mujeres deben desempeñar.
Fue por tanto, una de las primeras filósofas perteneciente a la Escuela pitagórica, que no excluía como tampoco lo hizo más tarde la epicúrea, a las mujeres del ámbito de la reflexión, del conocimiento y del debate.
Se ha venido sosteniendo que hacerse preguntas sobre el mundo y sobre el hombre está en la base de los inicios de la actividad filosófica. Pronto habría que añadir a esto, las interrogaciones sobre el sentido de la vida.
Cuanto he venido exponiendo de Fintis, creo que es apropiado cuando vemos como la mentira y la manipulación cada vez ocupan un espacio mayor en las sociedades democráticas, donde cuentan con altavoces, voceros, medios de comunicación y redes sociales afines, que facilitan su tarea intoxicadora, hasta el punto de que es difícil distinguir, para algunos, verdad de opinión. Piénsese, tan solo en el negacionismo y sus consecuencias.
Es una obligación moral decir que falsear los hechos, alterarlos es una forma de mentir. Es más, los hechos falseados sistemáticamente ‘preparan el terreno’ para despreciar las verdades empíricas y considerar la Historia y la Ciencia, sin ir más lejos, una ideología.
El horizonte que se presenta es inhóspito y poblado de negros nubarrones, de violencia y de incremento de las desigualdades.
Por eso, quiero hoy dedicar mis palabras a quienes no se desalientan nunca y en las condiciones adversas siguen luchando con las armas de la dialéctica, el rigor y el razonamiento, sin permitir que se cuele en sus vidas un irracionalismo tan pernicioso como el que ya se está propagando abiertamente.
Sustituir las ideas por emociones primarias suele acarrear consecuencias desastrosas, así como retrocesos ostensibles en la justicia distributiva y en el equilibrio social.
Negar la racionalidad es negar la igualdad. Dar pábulo a teorías y doctrinas tan enemigas del humanismo como el ‘supremacismo’, que asimismo se está expandiendo de un tiempo a esta parte, a lomos de los populismos fascistoides. Es pisar un ámbito resbaladizo de consecuencias imprevisibles.
A estas alturas, a la pregunta ¿para qué escribes? Tendría que responder, para no sentirme tan solo y para buscar a otros y otras que compartan mis reflexiones y pensamientos.
La tarea primordial es ir articulando respuestas racionales frente a las nuevas formas de barbarie que, obviamente, ya están entre nosotros.
Antonio Chazarra Montiel
Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.
Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.
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