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EL PERIÓDICO
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Lo que se oculta detrás del espejo, cuando la democracia degenera en mercancía


Cuando los hombres quieren elaborar o

apoyar una teoría, ¡Cuánto torturan los

hechos en su provecho!

John Mackay

El prestigio y la confianza de los ciudadanos en la democracia, de un tiempo a esta parte, se reduce en todas las encuestas y sondeos. Ni que decir tiene que es peligroso. Apenas hay opiniones meditadas sobre lo que pasa. Estamos cayendo “en picado” por lo que respecta al debate político, convertido en huero griterío insustancial, trufado de insultos y descalificaciones.

Se echan de menos teorías y explicaciones que permitan a los interesados –por otra parte cada vez menos- formarse una opinión y poder actuar como ciudadanos conscientes de nuestros derechos, más también, de nuestros deberes cívicos y políticos. Lo cierto es que por unas causas o por otras, al sistema democrático se le ha perdido el respeto. Los debates tan necesarios, se han convertido en un burdo simulacro y los comentarios y puntos de vistas críticos, brillan por su ausencia.

La política no interesa, aunque mucha gente dispone de cuatro o cinco frases hechas y generalizaciones para despachar cualquier comentario que surja. Es más, la verdad a fuerza de retorcimientos y deformaciones, simple, llana y arbitrariamente, se ha convertido en la “versión de la tribu dominante”. Para enturbiar más las aguas revueltas, la frontera entre política y publicidad es cada vez menos clara y más confusa, hasta el punto de que llegan a fundirse.

Resulta apropiado a estos efectos, recuperar algunas lecturas que hicimos y permanecer atentos a lo que publican politólogos, intelectuales que se atreven a opinar sobre lo público y especialistas en filosofía política. A título de ejemplo, es un buen momento para releer un texto que me impactó hace unos años de Peter Sloterdijk “Crítica de la razón cínica” (Siruela, 2013).

Aunque lo que nos pasa tiene sus especificidades, los problemas son homologables en alguna medida, al resto de países europeos, si bien con una ostensible “manca finezza”.

Quizás, por eso, con asiduidad estoy interesado por lo que piensan algunos politólogos italianos, aunque en nuestro país sean pocos conocidos, salvo en círculos reducidos. Es el caso de Gianfranco Pasquino, discípulo del jurista y politólogo Norberto Bobbio y de Giovanni Sartori, de quien se tiene una mayor información, pues colabora asiduamente, en medios de nuestro país.

Un aserto de Gianfranco Pasquino, bastará para despertar el interés hacia su obra: “La democracia no es solamente política, es sociedad y cultura”.

Conviene leer o releer obras suyas como “Déficit democrático” o “Europa en treinta lecciones”. Entre tanta hojarasca y tan pocas ideas, destaca el rigor y los ámbitos que abre para una reflexión serena. Justo lo que nos hace falta.

Agradezco a EL OBRERO que preste acogida a estas páginas, que pretenden reflejar someramente lo que el espejo muestra, mas sobre todo, atrevernos a intuir lo que hay detrás. Con manifiesta ligereza y alguna que otra aporía, suelen despacharse las más de las veces, las contradicciones que nos afectan y los problemas que nos asfixian.

Partiendo de Maquiavelo se suele argumentar la autonomía de la política sobre la ética. No se ha hecho precisamente un gran esfuerzo, ni por entender los mensajes –a veces cifrados del florentino- ni por interpretar, desde la óptica actual sus planteamientos como hizo Antonio Gramsci. Por eso, es conveniente dar alguna “vuelta de tuerca” y analizar que la ética contiene principios que transciendan las reglas y que los valores democráticos han de ir acompañados de criterios morales, quizás por eso, son tan útiles para favorecer y fomentar la convivencia, el respeto a las leyes y la integración.

No es aventurado afirmar que la democracia es pluralismo. Parémonos un momento a pensar, si corre o no peligro… de hecho, el pluralismo va perdiendo terreno de un tiempo a esta parte y viendo reducido el suelo político y social en que se desenvuelve.

La democracia no es, como algunos se empeñan en proclamar, principios abstractos y vacios para utilizar según convenga, es decir de usar y tirar. Hay que atreverse a señalar que la democracia se desvirtúa sin controles y si no se establecen con rigor líneas rojas que no se puedan traspasar. Mal que les pese a algunos, “demos” y “kratos” significan lo que significan.

Es posible que en lo que haya que insistir sea en extender y afianzar una ética laica, superada o en vías de superación, la herencia confesional y las dependencias religiosas del pasado.

En un artículo como este, en el que no es posible hacer otra cosa que esbozar unas líneas sobre algunos temas, en torno a los cuales es necesario debatir con propiedad y rigor, estamos obligados a adoptar posturas muy firmes para no dejarnos arrastrar por lo que de fraudulentos tienen ciertos procedimientos que amenazan con herir de muerte a los fundamentos democráticos.

Es un tema recurrente pero en modo alguno resuelto, el de la dependencia del poder político a los poderes visibles e invisibles, económicos. Los poderosos hilos del poder financiero están en muchos lugares, incluida nuestra Europa, fuera del alcance de las leyes que rigen los países. En ese sentido hemos de ser conscientes de que todos los esfuerzos por robustecer la democracia han de implementarse sin demora, porque… corremos el riesgo de que las decisiones emanadas del poder financiero, asfixien y estrangulen principios y valores democráticos como la justicia, la igualdad e incluso la libertad, por no hablar de la solidaridad, trascendentales en un estado de derecho.

En este contexto la oposición weberiana entre “ética de la responsabilidad y ética de la convicción” cobra nuevas perspectivas y puntos de vista desde las que analizarse. Nunca han sido excluyentes, mas hay que convertirlas en complementarias… para poder desarrollar unas políticas sociales y unos equilibrios políticos que garanticen la continuidad del modelo europeo.

Michael Walzer es el autor de una reflexión muy oportuna: “el intelectual debe hablar en voz alta, a pesar de los poderes constituidos”. No está de más preguntarse, en un contexto donde los intelectuales están diluidos, desaparecidos y no se les reconoce la capacidad de influir con sus ideas, si no deberían recuperar algunas funciones sociales que tuvieron en el pasado. Han de asumir la tarea de conformar, articular y proyectar sobre la sociedad, las dudas e interrogantes colectivos y, también, apoyar y sugerir las investigaciones que deben ponerse en marcha, así como volver a ejercer una función no sólo analítica sino crítica ante los problemas comunes que tenemos planteados.

Otro aspecto que bajo ningún concepto debemos olvidar ni postponer es ¿cómo evaluar nuestra democracia? Toda democracia, por definición, es imperfecta, más ¿cómo afianzar los principios democráticos, si no efectuamos con serenidad, un análisis crítico riguroso acerca de lo que no funciona, de lo que debería corregirse de sus debilidades y fortalezas...? Hay que ensayar y proponer, una y otra vez, opciones que puedan servir para corregir y modificar lo que no funciona.

En la actualidad, numerosos aspectos de profundo calado político y social están olvidados, cuando no avasallados o pisoteados. Existen reglas y procedimientos que duermen manifiestamente el sueño de los justos…

Permanecemos impasibles mientras se incrementan las desigualdades. Si el sistema democrático decepciona a los ciudadanos ¿qué pueden esperar del futuro, especialmente los más vulnerables?

Mi impresión es que “el cortoplacismo” si se abusa de él, puede ser letal. Los temas “estrella” se olvidan a los pocos días, se sustituyen por otros y estos por otros. Las redes sociales, que podían haber jugado un importante papel en la democratización… en muchas ocasiones favorecen la confusión, reproduciendo fake news y contribuyendo a alienar y entontecer, en lugar de servir para disminuir las diferencias existentes.

No se habla a menudo de ello, pero la ‘brecha digital’ es un problema de más envergadura de lo que creemos y que amenaza con ampliar aún más, la desigualdad que no hace más que crecer y crecer. “Esta es una de las principales promesas incumplidas de la democracia”.

Es incuestionable que tenemos déficits democráticos. Hay uno que me preocupa especialmente, mas podrían citarse muchos. No es otro que la mala prensa de los pactos. En este sentido hay que hacer pedagogía social, la democracia es pacto, convivencia, acercar posturas y llegar a acuerdos de los que todos participen y que probablemente, no dejen satisfechos a ninguno. Fomentar la cultura del pacto es otra tarea urgente de la que es inexcusable hacer pedagogía.

Lo que no es en absoluto democrático, sino una amenaza totalitaria es convertir al adversario en enemigo, verter odio y pretender el aniquilamiento y la exclusión. La democracia es integración y los que envenenan y enfrentan deben ser considerados un virus nocivo. Si no tomamos con celeridad medidas en este sentido, estaremos resquebrajando, debilitando, empobreciendo lo que todo sistema democrático tiene de respeto a los derechos del diferente. Hay que hacer del diálogo un instrumento cotidiano y del respeto a las leyes un método para evitar que los principios y valores que sustentan la convivencia… se vayan al traste.

La democracia es de todos los sistemas el que está más abierto al futuro. Ha anidado con fuerza, en la sociedad española, una conciencia feminista y ecologista. Es una posición de inequívoco futuro alentarlas y una muestra de permanecer anclados en prejuicios de un pasado patriarcal, negarlas y, mucho peor combatirlas con argumentos simplistas que ignoran la realidad, contradicen los dictámenes de los científicos con negacionismos que causan sonrojos. Por eso, es preciso que permanezcamos atentos a los bulos y tergiversaciones con que nos bombardean a diario.

El neoliberalismo tiene poderosos aliados mediáticos. Es capaz de difundir mensajes estúpidos, sin contrastar pero que a fuerza de repetirlos, son asumidos por una parte de la sociedad.

Uno de estos mensajes conservadores se difundió en Estados Unidos hace pocos años. Decía que los ciudadanos eran inteligentes como consumidores, más estúpidos como electores.

La simpleza causó efecto. Lograron que se incrementara el consumismo y que disminuyera el número de electores en diversos comicios.

Pueden decirse muchas más cosas, pero no es mala idea reflexionar sobre las expuestas. Quizás, sea un buen comienzo reconocer que sin ciudadanos no hay democracia y que la crítica y la participación son la savia nutriente de un sistema democrático exigente.

El espejo nos muestra, desagradablemente, como la democracia se ha convertido en mercancía, en un espectáculo cada vez más simplista. Se confunde la política y la publicidad. Ambas venden productos.

Los medios de comunicación, con harta frecuencia, exhiben “riñas de gallos”. Sin embargo, son muy pocos los que se preguntan ¿qué puedo hacer yo? o más modestamente ¿puedo hacer algo para combatir a los que mueven los hilos detrás del espejo?

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.