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EL PERIÓDICO
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Madrid bien vale una misa


Madrid “bien vale una misa”, parafraseando al monarca Enrique III de Navarra sobre la importancia política de París. Misa penitencial, claro. Deberá la izquierda encargarla y pagar al misacantano.No se trata únicamente de expiar, por parte de la izquierda, sus pecados: errores tácticos y electorales de gran calado. Se trata más bien hacer acto de contrición, arrepentirse y no volver a caer en todo aquello que ha impedido tomar conciencia de la importancia política estratégica que Madrid tiene, para poder actuar en consecuencia.

Con sus 3 millones 312.00 habitantes, la capital, y 6 millones 752.000 moradores la Comunidad, la importancia sociopolítica y económica de Madrid es evidente: no solo táctica, es decir, en el corto plazo, como la izquierda política aquí ha acostumbrado entender. Es, sobre todo, importancia estratégica, de largo alcance; no inmediata, de menudeo, sino profunda, amplia y crucial.Cualquier político con luces sabe que la ecuación armoniosa entre táctica y estrategia forma parte sustancial de cualquier acierto político posible. Los movimientos tácticos han de verse siempre orientados por un objetivo estratégico.Si no, están condenados a la irrelevancia o a la derrota. Este ha sido el caso.

La principal responsabilidad de la izquierda en Madrid recae en el partido madrileño mayoritario, el PSOE. Otras formaciones, que han hecho ahora mejor sus deberes, no se libraron de antiguos errores. En el ámbito municipal, tras un efímero período de esperanza, sensatez y cordura encarnado por el mandato de Manuela Carmena, la impericia electoral de sus entornos y los de Íñigo Errejón a la hora de plantear divisiones de candidaturas en plenas vísperas preelectorales, consumó fatalmente el regreso de la derecha más descentrada al palacio de Correos. Y eso pese a la victoria numérica del PSOE entonces. Otros cuatro añitos más de Gobierno municipal en manos de la derecha, ésta con el aliento en el cogote de la derecha extrema, aguardan a los madrileños de a pie. Más los dos de prórroga del ejecutivo regional desde el 4 de mayo.

Derechos democráticos en peligro

Por todo ello Madrid necesita ser reestudiado en profundidad.La izquierda tiene la responsabilidad social de acometer esta tarea para resituar a la Comunidad de Madrid y su gobierno municipal donde siempre debió estar: en primera línea de la democracia, de las libertades y del progreso de la justicia y no donde hoy se encuentra, a la zaga de los avances cívicos y sociales consolidados en otras Comunidades Autónomas. Hay derechos democráticos adquiridos que, en Madrid, están hoy en peligro. No hay más que escuchar y observar a ciertos ediles, comprobar el alcance de sus decisiones cuando las dejan ver ya que suelen ocultarlas bajo un boscaje de ampulosas palabras, Libertad, Seguridad, desprovistas, en sus bocas, de contenido concreto alguno.

Es explicable el hartazgo de muchos madrileños por las prohibiciones para combatir la pandemia: decenas de miles de sus moradores carecen en sus domicilios de terrazas, de luz, versada su existencia hacia patios interiores donde cualquier restricción más o veto añadido resultaban y resultan insufribles. Saciado pues el desquite psicológico, que no político, de tales frustraciones en las urnas del 4 de mayo, mediante la artera movilización en campaña electoral de la palabra libertad -sin otro horizonte real para el ciudadano de a pie que el del bar-, es preciso hacer un examen de conciencia pormenorizado de las necesidades reales y de los anhelos a conquistar para Madrid, municipio y región.

Plan de acción

Es la hora de que la izquierda se tome Madrid mucho más en serio. El cuaderno de bitácora de la nueva singladura deberá tener en cuenta los logros de la izquierda municipal y regional desde el primer Gobierno de la democracia hasta nuestros días: el reequilibrio Sur-Norte urbanísticamente operado y dirigido durante los mandatos social-comunistas de Tierno Galván; la propulsión de la vivienda social; la racionalización del tráfico y de la limpieza; el despliegue de la participación política vecinal en la vida cívica y el eco de sus reivindicaciones en la alcaldía y en el Gobierno regional; el desarrollo de servicios públicos basados en una distribución racional y equilibrada de la fiscalidad; el mantenimiento y expansión del tejido industrial, avalado por un control sindical incesante; la dignificación de la ciudad mediante el rescate de su memoria histórica democrática; el respeto y desarrollo del diálogo cívico con las entidades institucionales; la recuperación de la personalidad cultural madrileña; la detección y protección y salvaguarda del patrimonio histórico-artístico….

Todo lo cual cristalizó en una insólita proyección internacional que convirtió Madrid en un faro de libertades, cuya luz irradiaba también hacia Europa e Iberoamérica. Por consiguiente, nada de ello, logrado con tanto esfuerzo, puede caer en saco roto. Madrid recobró entonces su identidad cívica y social y consiguió redescubrirse a sí [email protected] Tras cuarenta años de caciquismo antidemocrático, Madrid recuperó la vitalidad y la sonrisa.

Rescatar la conciencia de aquellos logros, que fueron viables y posibles entonces gracias a las coaliciones municipales de izquierda, es la mejor manera de recobrar el entusiasmo para volver a idear nuevas quimeras y ponerlas al alcance de la mano. Madrid bien vale una misa. Pero misa de Gloria.

Para poder llegar a cantarla, deberá analizarse a fondo la trama demográfica, las condiciones de vida, vivienda y alimentación de los pobladores de sus 21 distritos y de sus 131 barrios; más las de los moradores de los 179 municipios de la región; examinar la disparidad e sus intereses e igualarlos por vías políticas y económicas; equilibrar legal, económica, laboral y socialmente a las mujeres y los hombres; cuidar de la infancia con mimo y estimular la natalidad; abordar la situación concreta del empleo; enjuiciar los niveles salariales vigentes y los estándares de vida por capas sociales y la manera de reducir las desigualdades (recuerden que una empleada de supermercado madrileño necesitaría los salarios anuales de diez vidas de 50 años, cada una, para igualar los ingresos de un solo año de un ejecutivo del Ibex como Pablo Isla, por ejemplo); recobrar las parcelas sanitarias públicas privatizadas y reinvertir el enorme cash recaudado a diario con multas de estacionamiento, IBIS e impuestos varios, en fortificar la redes sanitarias y educativas básicas; acometer de frente el problema de la Vivienda; parar los pies a los fondos-buitre; devolver las que les fueron entregadas por Ana Botella; detener urgentemente los desahucios; facilitar alternativas habitacionales; meter mano a la Educación, hasta ahora clasista, que ha dejado una estela de ignorancia, indolencia y desconcierto ideológico sobre varias generaciones de adolescentes y jóvenes, muchos de ellos sumidos hoy en un proceder asocial –veáse la proliferación de actos masivos sin protección pese a la pandemia- ; ello sobreviene tras el desadoctrinamiento de las recetas de Gobiernos de la derecha; urge defender cerradamente las minorías perseguidas por encarnar la diversidad sexual, étnica o de género, mandato democrático supremo donde los haya; es preciso reflotar la dimensión transformadora de la Cultura madrileña, allanando su despliegue sin dirigismos, pero con apoyos económicos oficiales y sustanciales, para activar su potencia crítica emancipadora y el disfrute del Arte y la belleza…

Ejemplos de civismo solidario

Y, sobre todo, urge crear nuevos equipos humanos, con traducción en las listas electorales, extraídos desde la experiencia y la conciencia de la lucha vecinal que se han caracterizado por amar verdaderamente la ciudad, la región y el país en su conjunto; lo han demostrado haciendo ciudadanía, desarrollando formas básicas de auto-organización solidaria vecinal contra la pandemia, el hambre y el desempleo, tal cual hemos visto en Tetuán, Carabanchel, Orcasitas, Usera, Vallecas y otros; actitudes, por otra parte, que no se han contemplado más que tímidamente en los partidos políticos.

Frente al actual Gobierno regional madrileño, beligerantemente obsesionado contra el Gobierno de la Nación, la Comunidad de Madrid y su Ayuntamiento pueden y deben convertirse, merced a una izquierda electoralmente recompuesta, en un poder arbitral modélico a escala regional, de todos y para todos los demás municipios y Gobiernos autonómicos de España. La solidaridad interregional parece haber desaparecido de las prácticas aplicadas desde Madrid. Y solo puede conseguirse recobrando el espíritu democrático, abierto, hospitalario de sus gentes, espíritu hoy silenciado por quien no quiere tratar los problemas verdaderamente madrileños: solo parece interesarle sus cuitas y cuotas de poder personal, más su obsesión por medirse con la más alta magistratura política del Gobierno del Estado.

La imagen que proyecta Madrid sobre el resto de España se ve hoy muy deteriorada. Salvo en Cataluña, agitada con problemas históricos reeditados cíclicamente por hondas contradicciones propias y, a veces, inducidas desde visiones centralistas, la serenidad ideo-política observada en el conjunto estatal, que facilita la gobernabilidad autonómica y la toma de decisiones para afrontar problemas, contrasta con la inestabilidad crispada vigente en Madrid e inducida desde la Puerta del Sol.

Por eso ha sido tan grave el hecho de que la izquierda menos preocupada por Madrid haya dejado el terreno abierto a la irracionalidad de la derecha extrema de modo que se abra paso y acogote a la derecha democrática conservadora, noqueada bajo los gritos vociferantes que surgen de sus desnortados líderes. El precio de la indolencia de la izquierda, sus errores tácticos y su inexistente visión estratégica, sepulta Madrid bajo otros dos años de Gobierno regional cada vez más alejados de los intereses ciudadanos reales -salvo los relativos a copas, ocio nocturno y tapeo-.

Mientras otras regiones avanzan en el autogobierno garantizado por el Estado autonómico, Madrid se ve paralizado, al pairo de lo que se propongan hacer -y, sobre todo, deshacer-, individuos con poder y sus correspondientes equipos, cuyas adversas decisiones, señaladamente las que obedecen a pulsiones ideológicas sectarias, suelen impactar contra el talento de los madrileños, que no merecen sufrirlas.

La cosa carecería de importancia en situaciones normales: enfants y filles terribles, así como diletantes chulescos de todo pelaje, los ha habido casi siempre en la política madrileña; pero hoy y aquí adquiere una gravedad extraordinaria bajo las condiciones que presenta una pandemia rebrotada. No cabe ocultar que, en sus rebrotes, jugaron indicaciones y sugerencias políticas y electorales irresponsables, instando a anteponer el albedrío individual al compromiso social colectivo por atajar la muerte provocada por un patógeno asesino: Sanidad Mortuoria ha contabilizado en Madrid un total de 24.321 muertes y ha detectado 755.501 contagiados que dieron positivo en covid. La oscura suma, intermitentemente ralentizada pero activa, prosigue su marcha destructora.

Ayudas europeas postpandemia

A escala nacional, los anhelos son generalizados para que las ayudas europeas post-pandemia se distribuyan justamente. Y que lo sean lo más lejos posible de tantas manos corruptas, como las que expoliaron el país o derrocharon recursos públicos en Gobiernos y alcaldías anteriores. Para ello, la gestión del Gobierno de coalición, recientemente innovado, ha de ser garantía impecable de que esos fondos, los primeros 9.000 millones de euros procedentes de Europa, van a ser aplicados con rigor, equidad y justicia.

La población española ha podido contemplar que los desafíos de la salud pública planteados por el virus SARS Cov-2, covid, se han ido resolviendo paulatinamente cuando se ha contado con la conciencia ciudadana como principal aliada. Y lo han hecho conforme a las disponibilidades sanitarias, muy mermadas en su origen, por cierto, por las previas y lesivas privatizaciones de recursos sanitarios públicos por parte de algunos de aquellos Gobiernos regidos por la derecha durante un cuarto de siglo ininterrumpidamente, como ha sido el caso de Madrid.

Por su parte, la Medicina privada y privatizada no ha estado a la altura, según el punto de vista generalizado de la ciudadanía. Y cuando los desafíos contra la salud pública no se han resuelto públicamente han obedecido, como sabemos y entre muchos otros factores, a la indolencia individual y colectiva de algunos y también a la pedigüeña irresponsabilidad de prebostes del ocio nocturno, de la hostelería y la restauración, al parecer incapaces de entender que su deseo –legítimo- de hacer caja y dar servicio a sus usuarios, en las presentes condiciones era directamente proporcional al aumento del número de cajas mortuorias de adultos y jóvenes fatalmente convencidos de su invulnerabilidad, a los que aquellas han prestado un muy siniestro servicio.

Por otra parte, las gentes en España son conscientes del logro que ha supuesto el mantenimiento de la textura del tejido empresarial, impuesta por la presencia vigilante de los sindicatos en cuanto a la conservación de los puestos de trabajo –gracias a una gestión política responsable de los recursos estatales vía ERTES, ayudas y apoyos varios-. Y ello pese al descenso, obvio, de la tasa de ganancia por parte del capital, algunos de cuyos exponentes quisieron, sin éxito, desertar de su compromiso con la sociedad cuando han venido mal dadas para todos.

Madrid ha vivido la eficacia de tales diques políticos estatales y gubernamentales ante el aluvión de adversidades laborales y empresariales en presencia. Tal sangría ha sido conjurada. Transportes, distribución, suministros han funcionado, en ocasiones al modo de relojes, poniendo de relieve el coraje cívico de trabajadores y trabajadoras comprometidos socialmente en la defensa de la colectividad. Hay motivos para sentirse orgullosos, señaladamente en el personal sanitario y de servicios.

La izquierda no puede desconocer el anhelo generalizado entre la mejor y más sensata gente madrileña por recobrar la normalidad y la confianza en la política. La simultaneidad de Madrid-Villa y Madrid-Corte no puede seguir siendo aquí una realidad hegemonizada en un sentido o en otro. Ambos madriles son realidades simultáneas. Pueden coexistir armoniosamente, sin rencores ni hegemonías por medio. La puja e inquina entre Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón, dentro de la derecha, fue un pésimo ejemplo de des-colaboración entre Gobierno regional y Alcaldía.

El centralismo franquista capitidisminuyó la importancia de la vida propia de Madrid como villa. La personalidad madrileña se evaporó en la burocracia de aquel régimen centralista y autoritario, solo interesado en la impostura de lo cortesano. Un casposo casticismo de opereta suplantó las tradiciones verdaderamente populares. Solo el movimiento vecinal democrático, inducido desde la izquierda a partir de la Transición, ha rescatado, desde los carnavales hasta el goyesco Entierro de la Sardina, por citar tan solo dos ejemplos.

Rescatar Madrid

Madrid no puede seguir siendo irrelevante a escala estatal y destacar únicamente por el nivel de las ofensas que vierte y las broncas interminables que monta contra el Gobierno del Estado. En tal situación, quien únicamente se beneficia de tal fronda persistente -que causa ya hartazgo entre millones de madrileños-, es la especulación inmobiliaria y financiera más irresponsable, que aprovecha la distracción política de la Puerta del Sol y no duda en aplicar procedimientos arteros, expropiadores de propiedades públicas, con la presumible certeza en que algunos tribunales mirarán para otro lado ante sus exacciones y la bronca pseudo-política del Gobierno regional con La Moncloa distraiga la atención de sus desmanes hacia otros focos.

El mundo de los negocios debe ocupar su espacio propio y necesario; pero ni un paso más. Que se dedique a ganar dinero moderadamente -como los tiempos lo exigen-, a condición de crear empleo remunerado, en condiciones legales, que promueva el bienestar colectivo, no solo el suyo. Y que se apriete el cinturón, como hacemos todos. Tiene condiciones para ejercitar su dinamismo. Madrid posee una economía floreciente porque el mundo del trabajo, con su esfuerzo, la genera. Que aplique pues tal dinamismo, pero con sensatez, sin avaricia.

Madrid es recuperable. Esta certeza debe insertarse en la voluntad de los dirigentes de los partidos de izquierda. Si desde el centrismo y desde la derecha democrática y sensata alguien quiere apuntarse a la tarea de recobrar para Madrid la verdadera democracia, participativa, plural, dialogante y solidaria, las puertas de acceso al nuevo tren de entusiasmo, sin duda estarán abiertas. Lo otro, la obscena coyunda de algunos dirigentes rencorosos y vocingleros de la derecha con la extrema derecha más cruel y socialmente insensible, ya lo estamos viendo, solo nos llevará a todos al precipicio. Para entonces, de no atajar electoralmente su deriva, no habrá misas que valgan y Madrid será una selva. Ahuyentemos pues a las fieras con la razón, la crítica y el voto.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.