Cosas raras bajo el suelo
- Escrito por Rafael Fraguas
- Publicado en Opinión
Debajo de la Casa de América, en la madrileña plaza de Cibeles, pasaban –quizá siguen pasando– cosas raras. El palacio de Linares, que cuenta con el escudo heráldico más grande de la ciudad, registró durante cierto tiempo una serie de fenómenos raros: voces, quejidos, lastimeros ayes, nombres propios…; algunos los denominaban psicofonías. Se trataba, decían los enterados, de posibles encriptaciones de sonidos arcaicos, encapsulados de una manera desconocida, que ocasionalmente afloran y se dejan escuchar. Este misterio se incrustó en un recodo de los arcanos madrileños y alimentó cierto morbo conectado, casi siempre, a este tipo de fenómenos inexplicados.
Suele suceder que una excesiva racionalidad mata cualquier veleidad interpretativa. Entonces, lo encriptado sucumbe de nuevo a la encriptación hasta que tiempo después vuelve a manifestarse, prorrogando así su indescifrabilidad y su misterio. Sin embargo, cupo interpretar cabalmente lo sucedido en los sótanos del palacio madrileño. La Geología tuvo la palabra: bajo la fuente de Cibeles, dedicada a la diosa cerealera y gobernadora –kibernós, del griego gobernar–, convergen tres arroyos subterráneos; uno desciende desde la Gran Vía; otro, baja desde la Puerta de Alcalá; y el tercero, el más caudaloso, declina a lo largo del Paseo de la Castellana desde la Fuente del mismo nombre, que estuvo ubicada en las inmediaciones de la glorieta de Emilio Castelar (Cádiz, 1892-San Pedro del Pinatar, 1899), que posee una estatua del célebre orador y presidente de la Primera República.
La tríada fluvial descrita determina una inestabilidad telúrica recurrente en el subsuelo de la plaza en la que el palacio de Linares se alza. Allí abajo, donde algunos hemos estado, la inestabilidad se palpa, suceden cosas raras, los objetos caen al suelo, resuenan corrimientos tectónicos, chirridos extraños… Ello no ha impedido la instalación en su planta baja de un restaurante, bastante caro, que lleva el nombre de mujer que algunos creían haber escuchado queda y quejumbrosamente en el sótano profundo del palacio.
Claro que cuando estos enigmas se perpetúan sin explicación racional, surgen interpretaciones tan caprichosas como fabulosas o peregrinas: una de ellas establecía que un matrimonio de etnia blanca formado por una pareja de inquilinos del palacio hace siglo y medio tuvo un hijo de etnia negra. El alarmado consorte reaccionó violentamente, desconociendo que un ancestro de su esposa cubana era de aquella etnia; las leyes genéticas de Mendel había actuado sorpresivamente… El drama estaba servido, según la leyenda.
La explicación “trifluvial” enunciada antes puede no satisfacer pero es la más consistente entre aquellas con las que contamos. Además, esa fluvialidad que recorre los estratos más profundos de la plaza de Cibeles explica otro hecho singularmente curioso: la cámara acorazada del Banco de España, a 35 metros de profundidad, con siete galerías, tiene un portón circular de acero oxidable de dos palmos de espesor y dos metros de diámetro; fue fabricada en Pensilvania, Estados Unidos, por la casa York, especializada en cajas de caudales; debe ser impregnado, casi a diario, de vaselina para fortalecer su hermetismo; cuenta con tres puertas; a la cámara se accede desde el suelo a través de un montacargas-elevador que también desciende seis/siete plantas hacia el interior, que alberga la enorme caja acorazada.
Por cierto, allí, la fortuna más grande está compuesta por decenas de miles de monedas, onzas, de oro y plata de diez dólares, dix en francés, producto de la histórica venta de la Luisiana, dixieland, cantidad a la que hay que añadir 38 lingotes de oro timbrados con la esvástica, con los cuales el Tercer Reich der Adolf Hitler pagó al Gobierno de Franco toneladas de wolframio zamorano, salmantino y gallego, ese mineral de elevado punto de fusión, tan necesario para la construcción de cañones durante la Segunda Guerra Mundial.
En el año 2003, 180 toneladas de oro español se hallaban en Fort Knox, Estados Unidos; otras 180 toneladas de oro en lingotes, en Londres; 140 en Basilea, Suiza. De todo su ajuar, a la sazón disperso, el Banco de España disponía entonces aquí de 90,5 toneladas distribuidas en 5.072 lingotes de oro, cada uno de ellos de forma trapezoidal y de casi 12,5 kilos de peso. Este escribidor desconoce cuál es hoy la distribución del oro hispano, presumible –y deseablemente– distinta.
El caso es que el arroyo de la Fuente Castellana, el que desciende por la gran avenida madrileña y converge con otros dos arroyos bajo la fuente de Cibeles, sirve para inundar el hueco del ascensor que conduce a la cámara acorazada del Banco en el supuesto de que surja una alarma. Cerca del acceso a la cámara, que posee un puente levadizo para emergencias, funciona además un pequeño trenecito subterráneo con raíles de destino no conocido.
Otra sorpresa subterránea nos da la cripta de la iglesia madrileña de Nuestra Señora de la Concepción, en la calle de Goya esquina a la de Núñez de Balboa, cuya blancura convierte su fachada en una suerte de enorme tarta. A unos 12 metros de profundidad se extiende una galería doble donde figuran enterrados algunos de los donantes, casi todos patricios, que financiaron la construcción del templo a comienzos del siglo XX. Si el visitante logra acceder a la cripta y observa minuciosamente los enterramientos, descubrirá uno en el que bajo las siglas V.O. T., Venerable Orden Tercera, franciscana, figura el nombre de la mejor escritora española del siglo XIX y parte del XX: Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851-Madrid, 1921). Aristócrata, pionera de la pugna femenina por la emancipación, amante con, no de, Benito Pérez Galdós, vecina del mismo edificio donde vivió y murió Gustavo Adolfo Bécquer en la cercana calle de Claudio Coello…, allí, en el sótano del templo madrileño yace enterrada la gran escritora gallega… Tal vez su familia, conservadora, quiso que descansara en ese enterramiento tan recóndito como desconocido.
Así pues, el subsuelo madrileño, y el subsuelo por doquier, alberga sorpresas. Indague por su cuenta el lector en busca de hallazgos que sin duda los hay. Madrid cuenta con una unidad policial específica dedicada al examen y control de las vías subterráneas…Tal vez esas cosas raras que acaecen allí abajo, a veces tan sorpresivamente, sirvan para distraernos y hacernos olvidar la mediocridad y la decepción con las que, a nivel del suelo, algunos tratan de trufar la vida cotidiana de los españoles, hoy eufóricamente conmovida por una brillante victoria deportiva signada precisamente, por la deportividad.
Rafael Fraguas
Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.