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EL PERIÓDICO
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El patriotismo se llama Presupuestos del Estado. Y la unidad nacional, diálogo.


El rey Felipe VI en presencia del presidente del gobierno en funciones Pedro Sánchez (2i), y el ministro del Interior en funciones Fernando Grande Marlaska (i), durante la Pascua Militar en una solemne ceremonia celebrada en el Palacio Real de Madrid. El rey Felipe VI en presencia del presidente del gobierno en funciones Pedro Sánchez (2i), y el ministro del Interior en funciones Fernando Grande Marlaska (i), durante la Pascua Militar en una solemne ceremonia celebrada en el Palacio Real de Madrid.

Hasta 73 ex altos mandos militares, seis generales y 66 coroneles, retirados, han dirigido un escrito a la Casa Real en el que rubrican, con su firma y sus antiguos cargos militares, buena parte de las proclamas del discurso del partido ultraderechista Vox. En su escrito, según informa El País, apelan al “patriotismo”, a la “cohesión nacional” que dicen ver en peligro y mencionan casi todos los tópicos fascistoides al uso. Su principal invectiva la lazan contra los pactos previos a los Presupuestos Generales del Estado suscritos con formaciones constitucionales, cuentas, por otra parte vitales, para que Europa contribuya decisivamente con sus fondos extraordinarios a la supervivencia económica y social en España. Momento éste, como se ve, tan oportuno para exhibir tan patriótico alegato, mientras loan -¿o adulan?- al Rey a quien dicen someterse y proclaman los intereses de “su” España.

Se trata de un nuevo episodio que pone de manifiesto la incultura política y el talante preconstitucional de un segmento castrense, afortunadamente apartado ya por edad del mando de tropas, que pareciera nostálgico de un idílico régimen político donde no exista el conflicto de intereses, ni propiamente la política y que todo deba discurrir en paz y silencio; como en los cementerios. O, quizá, tal añoranza eche en falta otro tipo de régimen, felizmente arrumbado por la historia a consecuencia de los errores que, con su escrito, parecen querer perpetuar. Quimera imposible. Nadie aquí va a tolerarlo. Los trabajadores tenemos clara conciencia de que la democracia forma parte de nuestras vidas. Y nunca más vamos a consentir que nadie nos la arrebate y nos haga regresar a la caverna preconstitucional. Esto no debe olvidarse.

Quienes anhelan aquel régimen, ¿no tuvieron suficiente con 39 años de dictadura, sin libertades para nadie; sin partidos políticos; con la extrema pobreza de la clase obrera; más la emigración económica forzosa; el clasismo en la escuela; el machismo oficial; el sojuzgamiento social, económico y político de las mujeres; la confesionalidad oficial, impuesta y única; la represión generalizada; los tribunales de excepción; el exilio político; la persecución contra intelectuales, científicos, artistas y estudiantes; la fuga de cerebros; una atroz desmemoria; el aislamiento internacional; las bases militares extranjeras en nuestro suelo…? ¿Pensaban entonces, los ahora añorantes, en la “cohesión nacional” cuando, por el mero hecho de hablar o escribir en tu lengua vernácula, galego, catalá o euskera, te detenían, escarnecían o multaban? ¿Suscribirían el rapado al cero de las esposas de los mineros en huelga? ¿Era “patriótico” vivir, tras la ominosa autarquía, a expensas tan solo de las remesas de decenas de miles de trabajadores que tuvieron que emigrar a Alemania, Suiza, Francia, Argentina, América del Norte…para subsistir ellos, sus familias y el país casi entero? ¿O tal vez el patriotismo, de tal manera entendido, implicaba para ellos, callar y tolerar las prácticas mafiosas de Matesa, Redondela, Sofico… entre tantas otras? ¿Quizá el patriotismo lo identifiquen con aquel capitalismo sumiso, de subvenciones estatales a manos llenas, que extirpó todo sentido de riesgo y de inversión en los cinco ricachones que hicieron fortunas inmobiliarias destrozando nuestras costas y masificadas ciudades-dormitorio, o los que previamente se habían lucrado del trabajo esclavo de presos políticos y prisioneros de guerra?¿Es, o era, para aquellos nostálgicos, la “unidad nacional” el exacto equivalente del centralismo, que obligaba que el menor trámite implicara tan costosa forzosamente acudir a Madrid para solventarlo? ¿Pretenden que volvamos al ordeno y mando tan grato para unos pocos y tan oneroso para el resto de la población? ¿Suscribirían el trato subsidiario dispensado entonces a la mujer en la escena política, jurídica y económica?

Por otra parte, adherirse al Rey - ¿a qué rey, al que nos engañó a tod@s, a ellos y a nosotros, durante tantos años o a quien debe sobrellevar la pesada herencia simbólica recibida de aquel?-, ¿significa aceptar a pies juntillas que la jefatura de las Fuerzas Armadas, por la gracia de Dios, sea hereditaria, al igual que la propia Jefatura del Estado, sin interrupción desde 1936 fruto de un golpe militar antidemocrático, independientemente de lo que haga con sus actos la persona, personalidad o personaje que ocupe el Palacio de la Zarzuela?

No, señores firmantes de ese escrito. Ustedes se equivocan, una vez más. Nuestro país necesita dialogar, no imponer; consensuar, no dictar; aunar fuerzas, no dispersarlas mediante temores basados en falsedades. El terrorismo de ETA fue erradicado de la escena política española. Los nacionalismos radicales, debilitados, carecen del mordiente que un día pudieron tener. El legítimo Gobierno de coalición, al que Ustedes tanto parecen odiar, obedece a la pluralidad política y a la diversidad regional que la sociedad española hoy muestra con sus votos, alejándose poco a poco del bipartidismo que, no cabe duda, dio sus frutos en su día, pero que ahora, precisamente por la fragmentación de los votos y la pluralidad sociológica existente, necesita de alianzas, a derecha e izquierda, para permanecer en la escena.

Por favor, no sigan equivocándose como ya lo hicieron algunos colegas suyos en agosto de 2017, impugnando que Franco abandonara el Valle donde nunca debió estar: el no cayó en combate. Fuera del Valle está mejor para todos. Léanse la Constitución Española de 1978 y verán cómo encuentran recetas saludables para aplacar su insatisfacción. ¿Qué los gobernantes cometen errores? Pues claro, como Ustedes y nosotros mismos. Pero plantear no ya el retorno al bipartidismo perfecto, sino otra vez el monopartidismo preconstitucional del aquí mando yo, tan grato a los antidemócratas, no tiene ni pies ni cabeza en la España actual y mucho menos aún en medio de este tremendo combate, todavía inacabado, que libramos contra una pandemia criminal. Por cierto, para sobrellevarla, sería necesario que quienes piensan como Ustedes repararan en que dañando la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado, la ruina de este país será un hecho difícilmente reversible. Necesitamos de Europa para recibir esos fondos. Por ello, no estaría nada mal que percibieran que hoy, el patriotismo de verdad se llama Presupuestos Generales del Estado. Y que la unidad y la cohesión nacionales que invocan, se llaman hoy diálogo, consenso, empatía y solidaridad interregional.

Con respecto a sus discrepancias, las legítimas, deben resolverse con sus votos en las urnas, siempre lejos de las salas de banderas donde también, por haberse gestado y haber recalado precisamente en ellas durante siglo y medio largo, sufrimos todos los sangrientos y dolorosos efectos de asonadas, pronunciamientos, luchas dinásticas, guerras civiles, golpes de Estado y onerosas dictaduras. Por último, no solo se defiende a España con las armas, como tanto militar honesto hace cada día. El patriotismo reside también en las mentes, los brazos y los corazones de quienes de sol a sol, en un hospital, una fábrica o en una cadena de montaje, luchan cada día porque ellos y su bello país, nuestro bello y plural país, sobreviva.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.