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Francisco Largo Caballero: una legislación laboral avanzada para dignificar a la clase trabajadora e incrementar sus derechos


El reformismo obrero, dando a la clase proletaria conciencia de sus derechos y de su propia dignidad humana, ha hecho más, con su acción permanente, por la Revolución Económica que todos los levantamientos parciales y sin objetivo de los anarquistas que hubo hasta aquí o que puedan suceder. Boletín de la Unión General de Trabajadores. Sin firma. (31de enero de 1931).

La extrema derecha y la derecha extrema merecen un suspenso, sin paliativos, en lo concerniente al conocimiento de la Historia de nuestro país. Es más, les importa un bledo y, para paliarlo, han inventado unos hechos a la medida de su paranoia y de su ignorancia.

Este breve ensayo no tiene otra pretensión que contribuir a la reparación moral que merece la figura de Francisco Largo Caballero. Ante los actos vandálicos y revanchistas que ha sufrido la escultura levantada en su memoria, de la que es autor el prestigioso artista Pepe Noja, como consecuencia de la insensata moción aprobada por el Ayuntamiento de Madrid a propuesta de Vox, con los votos del Partido Popular y de Ciudadanos, que tiene la insana pretensión de eliminar las calles dedicadas a Indalecio Prieto y Largo Caballero y retirar los monumentos levantados en su memoria, con el acuerdo de todas las fuerzas políticas, representadas en la Corporación. Claro que eran otros tiempos. La denostada etapa del consenso, significó para la convivencia y la reconciliación, más de lo que algunos están dispuestos a admitir.

El odio, la vesania y el afán devastador de la extrema derecha y de la derecha extrema no se detiene ahí. Pretende, también, suprimir las placas y esculturas dedicadas a alcaldes de la ciudad de Madrid como Enrique Tierno Galván.

Creo que la mejor forma de responder a estos actos violentos, antidemocráticos y revanchistas por parte de quienes no se resignan a vivir en un régimen democrático y añoran la impunidad destructora de los vencedores de la Guerra Civil, es contrastarlos con hechos objetivos para que quede de manifiesto lo que la sociedad española debe a estos hombres cuya memoria quiere ser mancillada.

Lo que más llama la atención son las reformas que en pro de la clase obrera realizó Francisco Largo Caballero. Moderadas en la forma, jurídicamente impecables, destinadas a dignificar las condiciones de vida de los más vulnerables… pero con una finalidad transformadora evidente.

¿Quién fue Francisco Largo Caballero? Ante todo un sindicalista consecuente… más también, un político socialista comprometido con la Segunda República en la que ostentó importantes cargos, entre otros, Ministro de Trabajo y presidente del Consejo de Ministros, es decir, Presidente del Gobierno.

Los párrafos que siguen son algo más que una semblanza de Largo Caballero. Basta con exponer algunos rasgos que lo definen e identifican. Seguiré el método de aproximaciones sucesivas. Lo esencial no tiene una lectura lineal, ni siquiera, cronológica. Al igual que otros dirigentes obreros, como sin ir más lejos, Pablo Iglesias se caracteriza por su estoicismo y sobriedad. Supo incorporar a su trayectoria vital con gran entereza, la dignidad de los perdedores.

Tuvo siempre conciencia de la importancia que tenía para los trabajadores el dar ejemplo y ser consecuente. Obvio es decir que poseía una nítida conciencia de clase. Tal vez por eso, era consciente de las decisiones que había que tomar. No se detenía ante las dificultades. Combatió durante toda su vida a los violentos, a los iracundos y a los simplistas que pretendían dar recetas fáciles para solucionar problemas profundamente difíciles.

Era consciente del valor de las reformas que emprendió, sabía que sería vilipendiado por quienes se consideraban perjudicados por tomar decisiones en pro de la justicia y tendentes a disminuir la vulnerabilidad.

Echemos, por un momento, la vista atrás. Nació en el seno de una familia, extremadamente, humilde, en lo que entonces era un barrio obrero, Chamberí. Tuvo que trabajar duro, siendo apenas un niño. Era vital aprender un oficio y adoptó el de estuquista. Pronto se sintió atraído por la palabra de Pablo Iglesias y participó en la primera huelga de la construcción, en Madrid, de la que se tiene noticia…

Su vinculación con Madrid fue mucha y duradera. No se ha puesto suficientemente de relieve, que fue elegido Concejal del Ayuntamiento en 1905 junto a Pablo Iglesias, desempeñando sus funciones con entrega y acierto durante varias Legislaturas.

Juzgo lo más destacable de su legado, la Legislación reformista que llevó a cabo como Ministro de Trabajo, primero en el Gobierno provisional y más tarde bajo la Presidencia de Manuel Azaña. A él se deben medidas de una incuestionable importancia para mejorar la Legislación laboral y para dignificar las condiciones de vida de los trabajadores e incrementar sus derechos.

Han de distinguirse entre ellas: la creación de jurados mixtos, la prohibición de que los empleadores agrícolas contrataran obreros que no pertenecían a su término municipal, con lo que se ponía fin a abusos y chantajes, el seguro de paro forzoso o las medidas para propiciar una notable mejora en los accidente de trabajo. Siendo sin discusión importantes las citadas anteriormente, han de añadirse la legislación en pro de ayudas a la maternidad, la reducción de la jornada de trabajo en consonancia con las reivindicaciones del movimiento obrero de lograr la jornada laboral de ocho horas… y varias más en la misma dirección.

Esto le dio una enorme popularidad tanto entre la clase obrera, como en los sectores más avanzados y democráticos de la sociedad. Durante toda su vida fue de una honestidad intachable y de una austeridad ostensible. Por estos motivos, era uno de los referentes de los trabajadores. Lo veían como un líder en quien se podía confiar.

El cariño y la admiración hacia su figura, pervivió en la memoria muchos años. Se puso, nuevamente, de manifiesto cuando sus restos mortales fueron trasladados a Madrid. Una manifestación multitudinaria, en torno al medio millón de personas lo acompañó hasta el Cementerio Civil, donde reposa desde 1978… precisamente cuando comenzaba la Transición democrática.

¿Fue un demócrata? Caben pocas dudas al respecto. Como toda figura política y sindical en su trayectoria hay luces y sombras, momentos brillantes y otros menos afortunados. Por cierto, la denominación de “Lenin español” hay que ponerla, también, en relación con los siguientes hechos: tras el levantamiento de los militares, quiso mantener la disciplina en el ejército, en la zona republicana como una prioridad absoluta. Participó activamente en la Huelga General del 17 y en los sucesos de 1934, que motivaron una auténtica masacre en Asturias, a cargo de Francisco Franco, que ya apuntaba maneras. En aquellos años de enfrentamientos donde, iba perfilándose en el horizonte el peligro fascista, el apelativo de “Lenin español” se debió a los miembros de la III Internacional, tal vez con la intención de atraerlo a sus posiciones.

Creo que es interesante señalar que se negó a firmar la ilegalización del POUM (Partido obrero de unificación marxista, de tendencia trotskista). Se opuso con firmeza, a que PSOE abandonara la Internacional Socialista y se adhiriera a la III Internacional. Esto naturalmente, no se suele mencionar porque casa mal con la falsa imagen que han querido construir presentándole como un radical e incluso como un criptocomunista.

En enero de 1939 se exiló a Francia donde, el gobierno “títere” y colaboracionista de Vichy, presidido por el Mariscal Pétain, lo detuvo y lo entregó a la Gestapo que lo torturó y lo internó en el Campo de concentración/exterminio de Sachsenhausen, en suelo alemán. Para los nazis sólo era el preso 60.090. El horror vivido en el “Campo” lo compartió con otros doscientos españoles que padecieron la traumática experiencia, muriendo casi todos. En 1945, en los últimos estertores de la II Guerra Mundial, fue liberado, aunque hubo de amputársele una pierna y salió con la salud muy quebrantada debido a las torturas y padecimientos sufridos, falleció poco tiempo después, siendo una víctima más de la brutalidad nazi.

Es un gesto, sin duda, “vomitivo” el que “fascistoides” pretendan ultrajar su memoria, haciendo caso omiso por maldad o ignorancia de estos hechos. La extrema derecha y la derecha extrema no han vacilado en calificarlo de asesino y de haber perpetrado acciones abominables, sin aportar, por supuesto, ni una sola prueba. Entre los acusadores puede mencionarse a la Fundación Nacional Francisco Franco de probada neutralidad, cuya apología del franquismo y su saludo brazo en alto, son moneda de uso corriente. Igualmente, les molestan las placas, las calles y los monumentos erigidos en su memoria.

Puede sostenerse con fundamento que Largo Caballero, fue esencialmente un reformista pragmático. Los sectores más concienciados del proletariado lo consideraban un héroe, más aún, un auténtico símbolo ya que encarnaba la defensa de sus derechos y su dignificación como trabajadores.

Las memorias de Largo Caballero se publicaron en México en 1954, bajo el título “Mis memorias: Cartas a un amigo”. Creo que es un texto poco conocido, a mi juicio, imprescindible para conocer su opinión sobre muchos hechos históricos relevantes. Sus desavenencias y hasta enfrentamientos con otros líderes socialistas como Indalecio Prieto, con el que terminó por reconciliarse y el testimonio durísimo pero ecuánime, de las experiencias más amargas que padeció.

Asimismo, estimo que debe consultarse “Largo Caballero, el tesón y la quimera” del historiador Julio Aróstegui, unánimemente considerada la mejor biografía, Editada por DEBATE, donde analiza con rigor y profundidad, a lo largo de sus casi mil páginas, la vida y las vicisitudes de cada uno de los acontecimientos que protagonizó. Sirvan estas páginas para homenajear, también, a Julio Aróstegui que tras investigar durante varios años la vida de Francisco Largo Caballero, murió poco después de que viera la luz esta espléndida biografía. Es de justicia poner en valor este trabajo historiográfico riguroso y preciso, con una documentación exhaustiva y con la pretensión indudable de buscar, ante todo y sobre todo, la verdad histórica.

Para entender el presente hay que estudiar y conocer el pasado. No se puede pedir rigor a quienes basan todas sus argumentaciones en tergiversaciones, manipulaciones… cuando no interesadas y retorcidas falsedades. Da la impresión de que se mueven en un círculo concéntrico que repite, una y otra vez, la cantinela desfasada del eterno retorno, pretendiendo así justificar su “alarma” antidemocrática y los desmanes destructivos que llevan a cabo. La Historia no ha sido nunca lineal. Conviene tenerlo presente.

Una vez más hay que recordar que hay que dar la batalla por el lenguaje, por reivindicar la Memoria Histórica y por salir al paso de las falsedades de quienes afirman no tener complejos pero hacen gala, cuando se escarba un poco en sus intenciones, de una condición acomplejada. Se ha dicho que no habremos superado el pasado de enfrentamientos hasta que no logremos una memoria compartida. En eso estamos, pero es complicado entenderse con quienes se basan en conceptos tan simplistas como poco racionales.

La memoria va asociada a una capacidad reparadora. Creo que Largo Caballero debe ser recordado por sus reformas avanzadas, cuidadas y precisas.

Fueron y son admirables y merecen, desde luego, respeto quienes se negaron a aceptar las injusticias y la explotación del momento histórico que les tocó vivir y pusieron todo su afán en combatirlas. Enfrentarse a la desigualdad, a la falta de derechos, a las condiciones de vida miserables… es propio de caracteres fuertes y de espíritus recios. Demuestra además, un más que notable sentido anticipatorio.

Por su actitud firme y comprometida padeció encarcelamientos y persecuciones. Por ser miembro del Comité organizador de la Huelga General Revolucionaria de 1917, fue condenado a cadena perpetua y recluido en el Penal de Cartagena. Es cierto que su estancia en prisión fue breve. Resultó elegido Diputado al año siguiente y, puesto en libertad. Tuvo, también, otra amarga experiencia cuando tras la Revolución de 1934 fue condenado a treinta años de cárcel, aunque tras el triunfo del Frente Popular fue excarcelado.

Se mostró decidido partidario de la colaboración entre los Partidos y Sindicatos de izquierda, lo que lejos de ser un error, era un acierto en medio de una Europa polarizada que iba pronto a enfrentarse en la II Guerra Mundial, considerada por muchos, una auténtica guerra civil europea.

Me parece, asimismo, relevante señalar que en 1978, cuando sus restos fueron trasladados a España, se creó la Fundación Largo Caballero, que posee un amplísimo archivo y realiza actos para conservar viva su memoria y poner en valor los avances del movimiento obrero que tanto contribuyó a impulsar. Actualmente prepara los actos conmemorativos del setenta y cinco aniversario de su muerte.

Lejos de exabruptos gratuitos o de veleidades radicales como puede apreciarse, por ejemplo, en algunos de sus discursos a los trabajadores, se muestra partidario de un gradualismo reformista. Desde 1904, siendo aún muy joven fue designado uno de los seis vocales, elegidos por los trabajadores para integrarse en la Junta Directiva del Instituto de Reformas Sociales, que realizó una labor muy meritoria y donde destacó, asimismo, el doctor Jaime Vera por el rigor de sus planteamientos y sus conocimientos científicos.

Sus detractores lo descalifican por la actitud mantenida durante la Dictadura de Primo de Rivera. Mucho menos se comenta, que algo más tarde, apoyó las tesis de Indalecio Prieto y se adhirió al Pacto de San Sebastián que tenía como objetivo derrocar a Alfonso XIII y lograr la implantación de la República.

Quedan muchos aspectos por tratar de los perfiles sindical y político de Largo Caballero, sin embargo, ha llegado el momento de poner fin a estas reflexiones, no sin antes señalar, que es indignante y no es de recibo que los herederos ideológicos de quienes perpetraron un golpe de estado en julio de 1936, contra el régimen democrático salido de las urnas, pretendan descalificar a un socialista, sindicalista y víctima del monstruoso régimen nazi.

Sirvan estas líneas para poner de manifiesto aspectos de la vida y de la actuación de Largo Caballero, para salir con contundencia al paso de quienes pretenden difamarlo, mancillarlo y enfangar su memoria.

Sería interesante que quienes no compartan lo que he afirmado, respondan con palabras y argumentos, no derribando a martillazos una placa.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.