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El sufragio femenino y la posición del PSOE


El día 1 de octubre se celebró una efeméride importante desde el punto de vista histórico para las mujeres en España: la aprobación del sufragio femenino. Sin embargo, esta fecha también es aprovechada por diferentes partidos políticos para incubar entre la población una serie tópicos o mentiras.

Desde hace varios años se ha reflotado, por parte de partidos políticos como Ciudadanos, PP o más recientemente VOX, toda una retahíla de tópicos perpetuados en el tiempo con el objetivo de apropiarse de la figura de Clara Campoamor a través del descrédito del PSOE.

De tal forma, el 11 de septiembre de 2013 ante la pregunta realizada por la diputada Elena Valenciano sobre si el gobierno de Rajoy seguiría manteniendo como prioridad «recortar las libertades de las mujeres a través de la reforma de la Ley del aborto» el ministro de Justicia en ese momento Ruíz Gallardón se permitió el lujo de afirmar lo siguiente en sede parlamentaria: «Señoría, ¿me habla usted de mi historia? Pues déjeme que le hable yo a usted de la suya. Señoría, hay que recordar lo que hicieron ustedes en esos mismos escaños donde están en las Cortes constituyentes de 1931, cuando se opusieron a reconocer el voto a las mujeres (…) Ustedes, para ganar unas elecciones, les quisieron negar el voto a las mujeres».

¿Estaba mintiendo con conocimiento de causa o hablaba en base a los tópicos-mentiras que ha ido perpetuando en la derecha desde hace décadas?

Comencemos con el primer tópico-mentira: el PSOE votó en contra del sufragio femenino o el PSOE se oponía al sufragio femenino.

Tal y como hemos visto esta idea no es nueva, pero tomó nuevo brio desde el 2018 cuando en Ciudadanos dedicaron una campaña específica a querer hacerse con la imagen y memoria de Clara Campoamor. Ciertamente tiene que ser difícil ser un partido nuevo en la historia de tu país y al mismo tiempo tener la necesidad de reivindicar un pasado que de solera a tus siglas. Ahí se enmarca esa campaña de apropiación de la imagen de Campoamor por parte de la formación naranja.

Así, el 30 de abril de ese año, Albert Rivera escribió un tuit citando otro tuit de El País en el que se recordaba la efeméride de la muerte de la diputada: «Clara Campoamor derrotó con su visión liberal y progresista a los que se oponían al voto femenino, desde socialistas a conservadores». Sin embargo, la realidad es que si aquel 1 de octubre de 1931 el sufragio femenino fue aprobado fue gracias a los 84 diputados del PSOE que decidieron dar su apoyo al artículo. Del resultado final, 161 votos a favor contra 121 en contra, el 52% de los votos afirmativos eran socialistas. Ninguno de los otros diputados socialistas votó en contra.

Para colmo, el otro partido que más aportó al conjunto de votos a favor fue la Derecha Liberal Republicana (DLR) de carácter republicano y conservador. Un total de 17 diputados conservadores de este partido apoyaron el sufragio. Si se suman los cuatro diputados de Comunión Tradicionalista, los siete del Partido Agrario y algunos más uno puede darse cuenta de que si no es por socialistas principalmente y algunos conservadores después el sufragio no se aprueba. Albert Rivera no daba una en su tuit pues precisamente las dos posturas que afirmaba se habían opuesto al artículo sobre el sufragio fueron las que hicieron posible que se aprobase.

Tal fue la importancia y peso del apoyo socialista a la propuesta de sufragio femenino que varios diputados del Partido Republicano Radical Socialista (PRRS) y Partido Republicano Radical (PRR), el mismo día de la aprobación, censuraron en los pasillos «que los socialistas hubiesen conseguido el voto de la mujer» (El Liberal, 2-X-1931). Para ellos, protagonistas principales aquel día, fueron los socialistas los que consiguieron el voto para la mujer.

Por el contrario, el PRR, salvo dos diputados (Campoamor fue una), votó mayoritariamente en contra. El partido de Lerroux, denominado como «partido de corte republicano, centrista, laico y liberal» y del que los miembros de Ciudadanos se reclaman a medias siempre que se acerca la efeméride citada al principio, decidió dar la espalda a su compañera diputada.

A la actual líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, parece que se le escapan todos estos datos teniendo en cuenta su tuit celebrando la efeméride este año: «Tal día como hoy hace 89 años se aprobaba el voto femenino en España. Un hito en la lucha por la igualdad y la libertad que fue posible gracias a Clara Campoamor y al resto de valientes que se impusieron a reaccionarios de uno y otro signo». Bueno, pues aquellos valientes fueron los 84 socialistas que representaron el 52% de los votos afirmativos.

En esto de seguir sosteniendo que los socialistas se opusieron al sufragio femenino también participan periodistas como Juan Soto Ivars que ese mismo día también quiso tuitear algo: «Hace 89 años que Clara Campoamor logró convencer al Parlamento de aprobar el voto femenino. Se opusieron, entre otros, socialistas que suponían que las mujeres votarían lo que dijera el párroco».

Cuando esta idea queda descartada por la evidencia, se encaminan a otra como un clavo ardiendo al que agarrarse. Se trata del segundo tópico-mentira, el que dice que Indalecio Prieto era contrario al sufragio femenino. Para ello suele utilizarse la cita publicada en algún periódico de la época en la que el tribuno socialista afirmó aquello de se trataba de una puñalada contra la República.

Lo cierto es que Prieto no era contrario al sufragio femenino, simplemente entendía que en ese contexto de 1931 la opinión de las mujeres podría verse muy influenciada por la Iglesia y eso llevar a una victoria conservadora. Esta postura puede compartirse o no, pero la realidad es que la Iglesia aún seguía teniendo mucho peso en la opinión social en determinadas zonas geográficas de España. Su peso, por ejemplo, no era el mismo en las grandes capitales de provincia donde había un sector industrial potente por el contrario de las ciudades o localidades más pequeñas.

Prieto era partidario de retrasar el sufragio femenino hasta que la conciencia republicana laica se hubiese extendido entre la población española y roto, de tal forma, las cadenas que la ataban aún en parte a una sensación de conformismo de «mejor lo malo conocido…». Al explicar esto, la crítica da un giro y se enfoca hacia el tacticismo electoral. Es decir, Prieto era favorable al sufragio, pero ante la posibilidad de que no pudiesen ganar las elecciones prefería no otorgar el voto a las mujeres. Recordad que ya lo hizo Gallardón en estas declaraciones de 2013.

Siendo tan joven la Republica, apenas 5 meses de vida, puede entenderse como lógicos sus miedos, aunque no se esté de acuerdo con la intención de esperar o dilatar esta aprobación. Sin embargo, este es otro debate muy diferente que nada tiene que ver con las acusaciones a Prieto sobre su supuesta posición desfavorable al sufragio femenino.

A la vista de los datos sobre los votos a favor y en contra surge una pregunta: ¿Por qué se acusa de tacticismo a Prieto y no al PRR? Porque no interesa dejar al descubierto que el partido del que presumen proceder ideológicamente, en ciertos momentos, se negó a votar a favor del sufragio.

Llegados a esta contradicción se encaminan a otro punto. En un giro de guión inesperado llega el tercer tópico-mentira: hablar de Victoria Kent como diputada «socialista». Reconozco que este es uno de mis favoritos.

Debemos comenzar explicando que la diputada Kent no lo era por el PSOE, sino por el PRRS que no tenía familiaridad con el partido socialista. Ni nació de una escisión del PSOE, ni se integró después en el este último.

Un año después del tuit de Rivera, el 15 de julio 2019, llegó Esther Muñoz, entonces senadora del Partido Popular (PP). Esther lanzó un tuit en el que pedía a Carmen Calvo estudiar un poco más de Historia. A tal tuit le acompañaban tres fotos: la primera de Largo Caballero, la segunda de Lorenzo Carbonell y la tercera de Victoria Kent.

Al igual que Rivera, Esther Muñoz no daba una entre lo escrito y las imágenes publicadas. Para comenzar, Largo Caballero sí voto a favor del sufragio femenino y la frase que acompañaba a la imagen y se adjudicaba al líder socialista no tenía nada que ver con la cuestión del sufragio. Para finalizar, Lorenzo Carbonell era miembro del PRRS al igual que Victoria Kent. Ninguno de estos dos últimos eran miembros, habían sido o llegaron a ser miembros del PSOE.

Tres días después, el 18 de julio, en el parlamento andaluz otro representante del PP (Juan Bravo, en ese momento Consejero de Hacienda de la Junta) dijo lo siguiente: «Clara Campoamor, ¿saben quién fue su principal opositora? Victoria Kent». Como añadido, el consejero siguió con sus falacias al añadir después: «Cuando ustedes preguntes quienes fueron los que votaron, eran gente representante radical, acción republicana, independiente». En realidad, aprovechan la confusión que ocasiona hablar hoy de «socialistas» y «radical socialistas». Esta campaña de equiparar a estos dos partidos simplemente por tener en sus siglas la palabra «socialista» es un tanto etérea, pero efectiva si lo que se pretende es la propagación de tópicos y mentiras.

En esta campaña de confusión de nomenclaturas también encontramos a cargos de Ciudadanos, como por ejemplo María Ponce Gallardo (por aquel entonces diputada provincial de Huelva) que ese 15 de julio lanzó el siguiente tuit: «¿Qué se lo curraron las socialistas? Lo dirá por Victoria Kent, que votó en contra del sufragio femenino…». Tras indicarle que Kent no era del PSOE sino del PRRS, trató de escabullirse como pudo: «…como tú mismo dices, Partido Republicano Radical SOCIALISTA, nunca dije que fuera PSOE».

Se trató de una huida hacia adelante porque la réplica lejos de mejorar lo dicho al principio lo que provocaba era que quedase en mayor evidencia. Tal y como he indicado con anterioridad a los diputados del PRRS se les conocía como «radicalsocialistas». Por lo tanto, en el primer tuit no debería haber relacionado socialistas y Victoria Kent.

Aclarado que no es correcto afirmar que Victoria Kent era diputada socialista, un nuevo giro: el cuarto tópico-mentira es afirmar que Nelken se ausentó de la votación para no votar a favor.

Un día después de mi agitada aventura de replicar a diputados nacionales, senadores o diputados provinciales de Ciudadanos sobre todo lo anterior, llegaron miembros más rasos de la formación para espetarme cosas como esta: «Nelken se salió de la votación para no votar a favor».

Lo cierto es que Nelken no se ausentó de la votación por mucho que recientemente uno de los propietarios de Academia Play lo escribiese en un hilo sobre Campoamor. Simplemente no pudo votar. Y no pudo votar porque el día 1 de octubre aún no era diputada. De hecho, fue elegida diputada por Badajoz en las elecciones parciales del 4 de octubre, no fue dada de alta como diputada hasta el 10 de octubre y no juró su cargo hasta el 19 de noviembre. Basta con consultar la base de datos de diputados históricos de la página web del Congreso de los Diputados.

Una de esas personas que me replicaron, miembro de la organización juvenil de Ciudadanos, llegó a afirmar que Nelken intentó evitar que las mujeres pudiesen votar (en referencia a la enmienda presentada en el Congreso el 1 de diciembre) y añadió un recorte de El Español en el que hablaba de Victoria Kent y no mencionaba a Nelken. Y es que el 1 de diciembre de 1931, dos diputados (Peñalba y Kent) presentaron una enmienda para la modificación del artículo sobre el sufragio femenino proponiendo que este se retrasase hasta la celebración previa de dos elecciones municipales.

La enmienda fue rechazada por 131 votos frente a 127. De los 131 votos en contra de la enmienda, 74 diputados eran del PSOE. Es decir, los socialistas representaron el 56% de los diputados que rechazaron retrasar el sufragio femenino. Tan sólo un diputado socialista votó a favor de la enmienda. El PRR volvió a dejar vendida a su compañera Campoamor.

Cuando todo esto no funciona surge una nueva idea, es el combo de la búsqueda de paja de relleno para tratar de seguir creyendo que los socialistas son culpables de algo: Clara Campoamor huyó de Madrid por el horror rojo o porque querían matarla.

El asesor de comunicación de Ciudadanos hizo público un tuit en el que decía añadiendo una imagen de un texto escrito por la diputada: «Clara Campoamor huyó de España en 1936, sí. Y escribió esto». El fragmento del texto comenzaba denunciando que la victoria de los ejércitos gubernamentales traería la dictadura del proletariado en detrimento de la República. Mientras que la victoria de la victoria de los «nacionalistas» traería una dictadura militar que es «fácil de imponer» pero difícil salir de ella.

Efectivamente, la diputada en el momento de huir de España vivía en Madrid. Es verdad que ella expuso públicamente su contrariedad ante lo que vio en esos primeros días de contienda en la capital. Nadie puede negar eso. El problema es cuando claros defensores de los sublevados utilizan esto como argumento para hacer una crítica a los socialistas respecto al sufragio femenino. Básicamente porque eso es como hacer creer que en esos primeros días de guerra en el lado sublevado todo eran arco iris, unicornios y confeti.

Así, puedes toparte con conocidos militantes de VOX que son mezcla de esperpento y mamarrachez como Bertrand Ndongo que citó un tuit de Irene Montero, ministra de Igualdad, añadiendo lo siguiente: «Y salió huyendo porque la iba a matar la República». Lo cierto es que si Campoamor no volvió una vez finalizada la Guerra Civil y lo intentó fue porque tuvo noticias de que estaba procesada por su condición masónica.

En otro momento, habrá que hablar de las tres jornadas parlamentarias (30 de septiembre, 1 de octubre y 1 de diciembre) y de los dos debates abiertos alrededor del sufragio femenino. Continuará.

Profesor de Historia en Secundaria. Autor de "Tomás Meabe: escritos políticos" (2013) y "Un siglo de Juventudes Socialistas de Euskadi" (2019).

Licenciado en Historia por la Universidad de Deusto. DEA en Relaciones Internacionales por la UPV-EHU con tesina “Relaciones UE-China: un futuro por delante”. Postgraduado en “Organización jurídica, económica y política de la R.P. China y Taiwán” por la Universidad de Alcalá de Henarés.