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EL PERIÓDICO
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El socialismo en España y el sufragio femenino


La cuestión de la posición del PSOE sobre el sufragio femenino lleva generando polémica desde que determinados partidos políticos, primero el PP, después otros como Ciudadanos o VOX, se dedican a falsear lo ocurrido en los debates y posterior aprobación del sufragio femenino en octubre de 1931. En muchos casos, quiero pensar, se debe a una cuestión de ignorancia y asunción de los distintos bulos. En otros casos, puede observarse una clara intención de querer faltar a la verdad.

En una serie de cinco artículos, publicados en este mismo medio, expliqué cada uno de los tópicos-mentira que sobre esa cuestión manejan ciertos cargos de los partidos políticos y medios de comunicación afines a ellos. Demostrado que el PSOE sí apoyó el sufragio femenino en aquella Constitución de la II República, queda preguntarse: ¿Cuándo llegó el socialismo a esto del sufragio femenino? ¿Fue algo repentino de 1931 o existió un apoyo anterior?

En el último artículo traté la vinculación del Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo, con el socialismo y los partidos socialistas. En él puede verse como existe una relación directa entre la celebración de ese día y el sufragio femenino.

Para demostrarlo utilicé como ejemplo la resolución sobre el Día Internacional de la Mujer presentada por Clara Zetkin, presidenta de la Internacional de Mujeres Socialistas, en la II Conferencia Internacional Socialista de Mujeres en Copenhague que terminaba de la siguiente manera: «De acuerdo con las organizaciones políticas y sindicales con conciencia de clase del proletariado de su país, las mujeres socialistas de todas las nacionalidades deben organizar cada año un Día de la Mujer, el cual, ante todo, tiene que promover la agitación por el sufragio femenino».

En esa misma conferencia se aprobó una resolución específica sobre el sufragio femenino: «El movimiento de las mujeres socialistas lucha por la única expresión viva y concreta de ese principio: el sufragio general de las mujeres, atribuido a todas las mayores de edad y que no dependa de la propiedad, ni de los impuestos, ni del grado de cultura, ni de otras condiciones que excluyan a los miembros de la clase obrera del disfrute de dicho derecho».

Al igual que dije en ese artículo, esta reivindicación no era ajena a las organizaciones socialistas ya que tres años antes, en la I Conferencia Internacional de Mujeres celebrada en Stuttgart en 1907, exigieron la igualdad económica de las mujeres y el sufragio universal femenino: «Las mujeres socialistas luchan por la única forma real y concreta de ese principio, es decir por el derecho al sufragio universal para las mujeres, concedido a todas las mujeres de forma independiente de la propiedad, ingresos y grados universitarios…».

El 14 de julio de 1904 fue creado el primer Grupo Femenino Socialista y se constituyó en Bilbao. Dos años después, el 25 de marzo de 1906, se creó el Grupo Femenino Socialista de Madrid. A partir de ahí el número de Grupos Femeninos no paró de crecer en el socialismo español al abrigo del impulso internacional de las dos primeras conferencias que he mencionado antes.

Sin embargo, existía un poso claro de combate por la emancipación de la mujer dentro del socialismo español tal y como demuestran dos sendos artículos de Pablo Iglesias en «El Socialista». El primero de ellos es el titulado «La explotación de la mujer y el niño», publicado el 1 de junio de 1888, en el que comienza diciendo: «la clase burguesa (…) a fin de lograr que los beneficios que se embolsa sean cada vez mayores, no se ha dado por satisfecha con explotar solamente al hombre que no tiene más propiedad que sus brazos, sino que también (…) ha hecho que la mujer y el niño no escapen a la esclavitud del salario». Y añade: «Pero aún con explotación tan inhumana como la que la burguesía ejerce con la mujer obrera (…) y que tan triste y dolorosas consecuencias produce por el momento, contribuye dicha clase a que la obra revolucionaria avance y a que la emancipación económica del proletariado lleve aparejada la emancipación de la mujer de la tiranía del hombre».

El segundo artículo publicado el 15 de enero de 1897, cuyo título era «La emancipación de la mujer», Iglesias comenzó afirmando: «Una doble supeditación sufre hoy la mujer: la supeditación económica, general a toda la clase asalariada, y la supeditación al varón». Esta idea gira en torno a la lucha del feminismo socialista por el combate por la emancipación total de la mujer.

Había mimbres, opiniones que empujaban a llevar a cabo la formación de grupos femeninos dentro del socialismo español e internacional. Precisamente, un par de años antes, el Partido Socialdemócrata Alemán apoyó la reivindicación del sufragio femenino al rebufo de la constitución de grupos femeninos socialistas en los que destacó Emma Ihrer y su obra de 1898 «Mujeres obreras en la lucha de clases».

Varios años después, en España, el semanario «Vida Socialista» informaba en su primer número del 2 de enero de 1910: «Lucharemos por la elevación de la mujer: tendremos páginas feministas». A. Aguilar escribió: «Aunque parezca mentira, todavía existen entre nosotros bastantes personas cultas, o que presumen de tales, que, de espaldas al progreso, y aferradas sistemáticamente a todo lo viejo y tradicional, se obstinan en seguir juzgando la cuestión feminista con el mismo criterio con que lo juzgarían nuestros abuelos». («Vida Socialista», 25-IX-1910)

Obviamente, al igual que sucedería varios años después, en 1931, hubo militantes femeninas socialistas que no eran favorables al sufragio femenino porque no veían a la mujer española preparada debido a la influenciada de la Iglesia y la posibilidad de que esta influencia conllevase una victoria conservadora. Tal y como dije en el primer artículo sobre el papel de los socialistas respecto al debate constitucional de la II República, esta postura puede compartirse o no, pero la realidad es que la Iglesia tenía mucho peso en la opinión social en determinadas zonas geográficas de España. Ese peso, por ejemplo, no era el mismo en las grandes capitales de provincia donde había un sector industrial potente como en ciudades o localidades más pequeñas.

Ese temor fue expresado entre las mujeres del Grupo Femenino Socialista de Madrid en 1906 cuando debatieron sobre ello a raíz de las opiniones de lectores publicadas en «El Heraldo de Madrid» sobre la encuesta sobre si la mujer debía tener derecho al voto que hicieron en el periódico.

Al fin y al cabo, desde el sector femenino católico no recibieron halago alguno en este proceso de creación de Grupos Femeninos Socialistas: «En una revista católica de las que le hacen a uno dormirse con la sonrisa en la cara, se ha publicado un pequeño comentario contra las damas rojas republicanas y las mujeres del Grupo Femenino Socialista (…) Las mujeres fueron siempre tenidas en poco por los sacerdotes; se entiende que hablamos de las mujeres sin dinero. Las ricas son en todo tiempo agasajadas y reciben fácilmente la absolución de sus pecados». («El Socialista», 17-VI-1910)

Por eso su respuesta fue clara y contundente. Así, en un mitin de mujeres organizado por el Grupo Femenino Socialista y realizado el 3 de julio de 1910 en el teatro Barbieri, se mostraron contrarias a que las damas aristocráticas hablasen en nombre de todas las mujeres de España cuando una comisión de estas se reunió con Canalejas para protestar contra las reales órdenes llamadas anticlericales. («El Socialista», 8-VII-1910)

Hay que aclarar que mientras el feminismo burgués centró prácticamente todas sus reivindicaciones en el sufragio femenino, el feminismo socialista iba más allá al entender que el triunfo de la revolución socialista traería consigo la mejora de las condiciones de vida de la mujer en todos los sentidos. Así lo expresa María Cambrils: «…las palabras de aliento prodigadas a las mujeres por los hombres socialistas son para nosotras notas de entusiasmo que nos estimulan doblemente a proseguir en nuestro camino hacia el Socialismo, único estado social que concederá a la mujer el uso pleno de todos nuestros derechos». («El Obrero Balear», 1-V-1925)

Esto implicaba una estrecha relación entre la lucha de clases y la lucha de las mujeres por su emancipación. Por ese motivo, en el semanario «Vida Socialista» (nº 71, 7-V-1911), podemos encontrar al Grupo Femenino Socialista en la manifestación del 1º de mayo.

Sin embargo, si bien existieron en el femenino socialista diferentes interpretaciones sobre la colaboración o no con el feminismo burgués, la cuestión del sufragio fue una de las causas importantes tratadas en las Conferencias Internacionales de las mujeres socialistas.

Como he mencionado antes, fueron estas conferencias el impulso necesario para los grupos femeninos socialistas de los diferentes países europeos como en Austria. En la segunda jornada del IV Congreso de Mujeres Socialistas, en enero de 1912, se habló del sufragio femenino y de su gran importancia para las mujeres «votándose una importante orden del día en la que se reclamaba el sufragio universal para las mujeres, sin distinción de clases sociales, en las elecciones comunales, provinciales y al Parlamento del Imperio». («La Voz Femenina», 1-V-1912)

Algunos meses después, en Alemania, en la Segundas Jornadas de Mujeres Socialdemócratas celebradas en Stuttgart, Rosa Luxemburgo pronunció un discurso titulado «El voto femenino y la lucha de clases»: «El estado capitalista no ha podido evitar que las mujeres del pueblo asuman todas estas obligaciones y esfuerzos en la vida política (…) Sólo les niega el último derecho político: el derecho al voto, que les permita elegir directamente a los representantes populares en el parlamento y en la administración, y que les permita ser, asimismo, un miembro electo de estos cuerpos (…) El objetivo es el voto femenino, pero el movimiento de masas para conseguirlo no es tarea para las mujeres solamente, sino una responsabilidad común de clase, de las mujeres y de los hombres del proletariado. Porque la actual ausencia de derechos de las mujeres en Alemania es sólo un eslabón de la cadena de la reacción».

Para cuando estalló la Primera Guerra Mundial, el sufragio femenino estaba presente de forma explícita en el socialismo internacional.

En ese camino también estaban las socialistas españolas. Así lo expresó Isabel Muñoz en su artículo «El voto femenino»: «Debe reconocerse a las mujeres, sin restricciones, el derecho de sufragio (…) no me queda la más ligera duda: para llegar a igualarse a los hombres, el voto es el principio (…) es necesario que la emancipación de la mujer sea total y arranque de las leyes». («Acción socialista», 27-VI-1914)

Nada que no hubiese explicado tres semanas atrás en su primer artículo titulado «¿Y nosotras no?», en esa misma revista semanal socialista, en el que al hablar del Congreso feminista celebrado en Roma dijo: «Ha tratado diversas cuestiones que han producido en el seno de la Asamblea la natural controversia, las cuales no vamos a estudiar aquí, pues no son de este lugar; lo importante es la base necesaria de todas estas cuestiones: el voto femenino».

Para finales del año siguiente, el 27 de noviembre al 3 de diciembre de 1915, se celebró el IV Congreso de la Federación Nacional de Juventudes Socialistas. En él tendría un papel importante el feminismo y la cuestión del sufragio femenino, tal y como se explica en la editorial de «El Socialista» el mismo día en el que se iniciaba el Congreso: «El feminismo ocupa un lugar en el orden del día de los más interesantes. Se propone la creación de una Federación nacional de mujeres socialistas y se aborda el tema palpitante del derecho de sufragio para la mujer (…) Mucho y bueno se puede decir sobre este tema, y los acuerdos que se adopten redundarán en el resurgir de las mujeres españolas».

Aquel congreso de las Juventudes Socialistas, tal y como se especifica en «El Socialista» del 2 de diciembre de 1915, aprobó un dictamen en el que en segundo lugar aprobaba que se registrase entre sus aspiraciones que se promulgase una ley otorgando el derecho al sufragio y la elección a la mujer.

Para 1918 la Agrupación Femenina Socialista de Madrid comenzó a colaborar con las dirigentes de otras asociaciones feministas «para defender no solo la obtención del derecho al voto para las mujeres sino también las reformas de los Códigos Civil y Penal». (Marta del Moral en «La representación de la militancia femenina en el Partido Socialista (1906-1927)», Feminismo 16, diciembre 2010)

Tal y como explica Ana Aguado en su artículo «Cultura socialista, ciudadanía y feminismo en la España de los años veinte y treinta»: «…la perspectiva del voto femenino, unida a la idea de progreso y a la necesidad de formación intelectual y laboral de las mujeres, caracteriza el desarrollo del pensamiento igualitario coma del despertar femenino en el socialismo español en estos años». («Historia Social», nº 67, pp. 131-153)

Bajo ese contexto de impulso del feminismo dentro del socialismo español y del sufragio femenino, podemos encontrar todo un corpus ideológico caracterizado por los siguientes trabajos: «La condición social de la mujer en España» de Margarita Nelken (1919); «Feminismo socialista» de María Cambrils (1925); «La mujer ante las Cortes Constituyentes» de Margarita Nelken (1931); «La mujer española ante la República» de María Lejarraga (1931).

Esta última, por ejemplo, participó en 1926 en la fundación del Lyceum Club, asociación de mujeres que existió en Madrid hasta 1939 y cuyo objetivo era la defensa de los intereses de la mujer al tiempo que se les facilitaba un lugar de encuentro promoviendo el desarrollo educativo cultural y profesional de las mujeres.

Pero entre todas ellas destacó María Cambrils, firme defensora del sufragio femenino mucho antes de 1931 y que incluso después de su aprobación siguió defendiéndolo ante los que lo calificaban como una torpeza.

Por lo tanto, a modo de finalizar y enlazando con las preguntas planteadas al inicio, queda claro que la reclamación del sufragio femenino fue asumida por el socialismo internacional desde bien temprano. En el caso del PSOE, también es una cuestión con varias décadas de anterioridad a la aprobación del sufragio en 1931.

Profesor de Historia en Secundaria. Autor de "Tomás Meabe: escritos políticos" (2013) y "Un siglo de Juventudes Socialistas de Euskadi" (2019).

Licenciado en Historia por la Universidad de Deusto. DEA en Relaciones Internacionales por la UPV-EHU con tesina “Relaciones UE-China: un futuro por delante”. Postgraduado en “Organización jurídica, económica y política de la R.P. China y Taiwán” por la Universidad de Alcalá de Henarés.