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La conspiración

“Aunque se partan nuestros corazones, no podemos flaquear; éstos son tiempos nuevos, señor. Hay una oscura conspiración en marcha, tan sutil que seríamos criminales si fuéramos a aferramos a viejos respetos y antiguas amistades.” 

Arthur Miller

La idea de conspiración suele estar vinculada a la estrategia que tiene el propósito de quitar el poder a otros por medios ilegales. Es un ejercicio de violencia porque se propone alterar ilegítimamente el orden público. La conspiración es fundamentalmente subversiva. Altera los valores que defiende la propia sociedad legítimamente constituida. Tal vez por ello, la corrupción es el entorno en el que se mueven los conspiradores.

Por tanto, una conspiración es un acuerdo generalmente secreto entre dos o más personas y que tiene la misión de gestar algún plan o daño contra algo o alguien que se opone a sus intereses, con carácter delictivo.

Actualmente, de acuerdo a los ataques que recibe el gobierno de coalición legítimamente constituido, podríamos estar en presencia de una acción conspirativa con la posible colaboración por acción u omisión de un sector no menor de la judicatura, según algunas fuentes, que se resiste a aceptar la nueva composición de las fuerzas políticas representadas en el parlamento.

En cualquier caso, estas prácticas no son nuevas, aunque tengan nombres como el “lawfare”. La historia de los golpes de Estado es la historia de las conspiraciones. El llamado “poder en la sombra” es básicamente conspirador cuando no se atiende a sus deseos o intereses desde el poder legítimamente constituido. Esos centros no son democráticos. De allí que sea necesaria una justicia que aplique la ley de manera equitativa sin hacer concesiones ni atender a privilegios. Las denominadas “puertas giratorias” son significativamente responsables de este estado de cosas.

La reciente publicación de los detalles del llamado “Caso Kitchen” encajan perfectamente en esta configuración. La utilización de recursos humanos, materiales y económicos, al servicio del propósito de apoderarse de pruebas que incriminarían a dirigentes del Partido Popular en el gobierno de M. Rajoy, es tal vez el mayor escándalo desde el 23F. Esta operación Kitchen, se conoce luego de hallar un pendrive en casa del excomisario José Manuel Villarejo. En él se contenía información acerca de un dispositivo policial cuyo objetivo era localizar documentos relacionados con Luis Bárcenas, entonces extesorero del Partido Popular. Este espionaje a Bárcenas y a su mujer, Rosalía Iglesias, se llevó a cabo desde 2013 a 2015. Según un informe policial de la UDEF se atribuye el operativo ilegal a la antigua cúpula del Ministerio del Interior de Jorge Fernández Díaz. Son mensajes ante notario del secretario de Estado de Fernández Díaz, Francisco Martínez, los que lo implican en la operación. Éste alto funcionario habría sido el encargado de coordinar el espionaje.

Es inaceptable que, desde las más altas instancias del Estado, se pudiesen haber llevado a cabo acciones conspirativas de este tipo para cubrir los casos anteriores de corrupción del Partido Popular.

Es la hora de que la Justicia esté a la altura.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.