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Notas 1968 (7). El pulso del bajo clero con el Estado

A las circunstancias aludidas en la entrega anterior, hay que añadir los primeros actos de terrorismo de ETA, que aumentaron la tensión en el País Vasco, y, en consecuencia, el conflicto entre la clerecía de base y la Curia y, de rebote, entre ésta y el Gobierno.

Más que un conflicto entre la Iglesia y el Estado, pues la Iglesia formaba parte del propio Estado franquista, que era confesional, lo que realmente se acentuó fue la tensión del bajo clero y la feligresía con el Gobierno.

Estos son los hechos más relevantes del año, en el ámbito que nos ocupa. El 23 de enero, el TOP condenó a Alfonso C. Comín (miembro del PSUC) a 16 meses de cárcel por un artículo publicado en un semanario católico francés. El 6 de febrero, comparecían ante el TOP cuatro sacerdotes vascos, acusados de participar en una manifestación.

El 10, un tribunal militar condenó a un soldado a 6 años de cárcel por negarse a prestar servicio en sábado, porque lo prohibía su religión. Según Amnistía Internacional, 50 objetores de conciencia estaban en la cárcel por negarse a prestar el servicio militar.

El día 17, el Gobierno autorizó la enseñanza del vascuence en las escuelas públicas.

El día 10 de marzo, el clero vasco emitía una nota de protesta por la detención de diez militantes nacionalistas en Vitoria.

El 14 de abril, Pascua de Resurrección, el Gobierno desplegó, en el País Vasco, la policía para impedir la celebración del Aberri Eguna (Día de la patria vasca).

En Madrid, el día 10 de mayo, se produjo un hecho que mostró un rostro bien diferente de la Iglesia, cuando 300 personas asistieron a una misa por Adolfo Hitler y los que fallecieron defendiendo la “civilización occidental y cristiana”. No fue la única vez.

El día 7 de junio, el asesinato del guardia civil José Pardines, en un control de carretera, por Javier Echevarrieta, miembro de ETA, y la muerte de este, por disparos de la guardia civil, en otro control, reavivaron la tensión entre la Iglesia y el Gobierno.

El día 10, un grupo de sacerdotes ocupó durante varias horas el obispado de Bilbao, en protesta por la represión ejercida por la policía sobre los asistentes a las misas por el alma de Javier Echevarrieta.

En julio, presionada por una carta de trabajadores, la Conferencia Episcopal expresó su apoyo a la libertad sindical y al derecho de huelga. En el mismo mes entró en funcionamiento la cárcel concordataria de Zamora.

El día 1 de agosto, seis sacerdotes ingresaron en la cárcel de Zamora y otro en la prisión de Basauri por el impago de multas gubernativas.

El día 2, tras el asesinato del comisario de policía, Melitón Manzanas, a manos de un comando de ETA, el Gobierno decretó el estado de excepción en Guipúzcoa durante tres meses. Para facilitar la labor represiva de la policía, pocos días después aprobó el Decreto-Ley sobre Represión del Bandidaje y el Terrorismo, cuya aplicación en todo el país generó arbitrariedades, malos tratos y torturas, y, pronto, las lógicas protestas.

El día 15, la Confederación Internacional de Sindicatos Cristianos denunció la oleada represiva en el País Vasco, y el día 16, cuarenta sacerdotes ocuparon como protesta el obispado de Bilbao.

El día 1 de septiembre, en las iglesias donostiarras se leyó una carta pastoral del obispo que acusaba al Gobierno de emplear la violencia y de vulnerar el Concordato. El obispado de Bilbao rechazó el proceso judicial incoado a 66 sacerdotes por firmar una carta denunciando la represión gubernamental.

El 17, era detenido el etarra Juan José Etxabe.

El 27, un consejo de guerra condenó a dos años de cárcel a José María y a Agustín Ibarrola.

El dos de octubre, falleció Aureli Escarré, abad de Montserrat. Más de 15.000 personas asistieron a su entierro, que se convirtió en un acto de afirmación catalanista.

El 29 de octubre, el Gobierno prorrogó tres meses el estado de excepción en Guipúzcoa.

El 4 de noviembre, 60 curas se encerraron en el seminario de Derio (Bilbao), en protesta por el silencio de la Curia ante la represión policial. Solicitaban la dimisión del obispo y la renuncia de la Iglesia a los privilegios del Régimen. El día 6, el TOP solicitó penas de 10 a 16 años de cárcel para cuatro jóvenes acusados de pertenecer a ETA.

El 12, en Bilbao, dos de los sacerdotes encerrados en Derio asistieron a un coloquio en la Facultad de Económicas. El obispado les amenazó con la suspensión “a divinis”.

El día 18, 550 sacerdotes bilbaínos enviaron una carta al Vaticano solicitando que interviniese en la diócesis. Designado por Roma administrador apostólico, monseñor Cirarda se hizo cargo del obispado de Bilbao el día 20.

Ese mismo día, la Conferencia Episcopal recibía un escrito de 39 enlaces sindicales del Metal solicitando su ausencia en las Cortes cuando se aprobase la Ley Sindical.

Tras casi un mes de encierro, el día 29, los 60 sacerdotes abandonaban el seminario de Derio y denunciaban la represión para aniquilar la etnia vasca y al pueblo trabajador.

Doce de diciembre. Detención de 11 militantes nacionalistas en Bilbao. En Madrid, 14 mujeres, madres y esposas de presos políticos, se encerraban en la iglesia de los jesuitas. El día 15, doscientas personas se congregaron ante la iglesia de Caño Roto para exigir mejor trato a los presos de Carabanchel.

En 1969, la Encuesta Nacional del Clero indicaba que casi la mitad de los sacerdotes españoles simpatizaba con ideas políticas cercanas a la izquierda; casi la mitad -el 47%- de los curas jóvenes era partidaria del socialismo y sólo el 10% del clero defendía a la dictadura.

Profesor jubilado de la Universidad Complutense.

Últimos libros publicados: Perdidos. España sin pulso y sin rumbo (Madrid, La linterna sorda, 2015) y, con Ramón Cotarelo: La Antitransición. La derecha neofranquista y el saqueo de España (Valencia, Tirant, 2015).