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El derecho a subsistir: una visita a la fraternidad de los jacobinos

En estos días en los que nos encontramos estudiando el concepto de fraternidad, el profesor Ángel Puyol en un libro de hace unos años dedicado a la fraternidad considerada como un derecho olvidado, pero fundamental en la articulación de los otros dos, es decir, la igualdad y la libertad, nos ha aportado una serie de reflexiones a la hora de analizar lo que llama la fraternidad revolucionaria, después de la amistad cívica griega y la fraternidad cristiana, que creemos que puede ser útil rescatar en estos momentos de crisis.

Puyol nos habla de cómo en la Revolución francesa entre las distintas acepciones de la fraternidad se presentaba no como un acto de caridad ni tan siquiera un deber moral sino como una obligación, como recogería la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1793 cuando en su artículo 21 afirma que la asistencia social era un deber sagrado, y que la sociedad debía asegurar la subsistencia de los ciudadanos desprotegidos, proporcionándoles trabajo o asegurando medios de subsistencia a quienes no pudieran trabajar. A nuestro juicio, este artículo sería un avance en relación con lo proclamado en la Declaración de 1789.

En este sentido, es importante recordar la aportación de Robespierre con su derecho a la existencia. Fundamental es su discurso del 2 de diciembre de 1792 sobre que la primera ley social es aquella que garantizaría a todos los miembros de la sociedad los medios para subsistir. Todos los demás derechos estarían subordinados a éste. Pero Robespierre no combatía la propiedad, un aspecto que que fue considerado por Albert Soboul como la principal contradicción del pensamiento y acción de los jacobinos, desde una visión marxista, al no contemplar la propiedad como la causante de la desigualdad social. Los jacobinos, como los sans-culottes, criticaban la acumulación de riqueza, la especulación, la gran propiedad, la extrema desigualdad, pero no cuestionaban el principio de propiedad, aunque sí consideraban que debía ser un medio para preservar la vida de todos los miembros de la comunidad política, respetando que el excedente de esa propiedad fuera privada, por lo que se abría la puerta a la incautación en casos de necesidad, además de defender la puesta en marcha de una legislación para asegurar ese derecho a la subsistencia.

Pero los sectores más conservadores de la Revolución no estaban dispuestos a que se pusiera en peligro la acumulación de capital, y ni tan siquiera a que triunfasen políticos redistribuidoras de la riqueza. Una cosa era admitir que había que garantizar que los desfavorecidos pudieran subsistir con dignidad, y otra muy distinta era combatir la libertad económica. Al final, como es bien sabido, esta visión liberal sería la que triunfaría.

Puyol termina este capítulo de su libro afirmando que la fraternidad revolucionaria de los jacobinos posibilitaba conciliar la libertad y la igualdad. Permitiría la libertad de los individuos, pero sin que reinase el egoísmo derivado del liberalismo económico, y evitaría los peligros de un igualitarismo homogeneizador. En una palabra, garantizaría el derecho a vivir.

En realidad, si nos fijamos, la socialdemocracia europea, al final, ha tendido más hacia esta visión de la conciliación entre igualdad y libertad a través de la fraternidad, abandonando el principio marxista de destruir la propiedad como fundamento de la desigualdad.

Seguiremos buceando en la fraternidad.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.