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La estupidez sin límite, el odio sin límite

Ayer lunes en el barrio de Salamanca de Madrid, se convocó una manifestación “espontánea” en boca del dirigente de VOX Santiago Abascal, lo que ya nos indica que estuvo más que programada.

Decenas de personas se lanzaron a la calle para protestar por la dilatación de estado de alarma y la no concesión de la fase 1, además de las también “espontáneas” y habituales caceroladas contra el gobierno.

El barrio de Salamanca es uno de los de más alto nivel económico de la capital de España, y por ende de todo el territorio español. Pero también es el que concita más gente de derechas por centímetro cuadrado, y por tanto mayor oposición a la coalición gubernamental.

Hasta ahí lo admito. Cada uno debe votar a quien cree que representa sus intereses, nunca mejor dicho. Para eso están las urnas. Las familias de la alta burguesía madrileña, o incluso los nuevos ricos que han podido trasladarse a ese feudo del glamour, Louis Vuiton, y demás, tienen todo el derecho a protestar por lo que les salga de sus aristócratas narices.

Pero que en plena pandemia se lancen a la calle, con riesgo de contagio para ellos y los que les rodean dice muy poco de los centros privados en los que se educaron, y muestra hasta que límites puede llegar la estupidez humana. Eso sí, si caen en las garras del virus, ahí estarán los centros públicos, como ha de ser, para sacarlos adelante.

Aquellos que se han ocupado la calle, constreñidos por este gobierno que nos mantiene confinados, gritaban la palabra “libertad”, en serio, mis queridos lectores, como si el hecho de no poder salir fuera una decisión arbitraria de Pedro Sánchez.

¡Qué patético, mis queridos lectores! Los que alaban como a un patriota a Billy el niño, policía torturador fallecido hace unos días, protestan porque creen conculcados sus derechos. Repito, la estupidez elevada a la enésima potencia, rebaño de ovejas conducido por un partido psicopático, cuyo líder ha decidido, aunque sea a costa de la salud de los votantes, socavar todo lo que provenga del gobierno, sin tener en cuenta, como hasta ahora se ha demostrado, que esta estrategia ha servido para contener el virus, que ha costado la muerte de miles de compatriotas. No solo desafían la autoridad, ponen en peligro la salud de todos.

El cóctel es explosivo: maldad, estupidez, manipulación, con un buen chorro de odio. Un odio de tal magnitud que les lleva a convocar manifestaciones a sabiendas de que no les van a ser permitidas.

Por eso, la ciudadanía de bien nos tenemos que pertrechar contra esta lacra. Solo los valores y principios que sustentan un estado de justicia social y progreso pueden combatir esta otra “epidemia” que quiere acabar con la democracia al grito de una pseudolibertad.

Vivir para ver.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.

Recientemente ha sido nombrada concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.