ÚNETE

La sociedad secuestrada

Es difícil encontrar una época en la que se haya sometido a la sociedad a una presión del miedo, casi del terror, como en esta que vivimos, comparable a la del milenarismo en la que se vaticinaba el fin del mundo con el cambio de siglo.

Ahora el fin del mundo es cada día. Saltamos de un problema al otro sin solución de continuidad, lo que produce en una gran cantidad de personas una sensación de angustia vital, en ocasiones insoportable.

Si vosotros, mis queridos lectores, no habéis estado perdidos en la selva amazónica, si os habéis preocupado (nunca mejor dicho) por el proceso de investidura a presidente de gobierno, seguramente, os habéis permitido un pequeño respiro (o eso pensaríais) cuando la presidenta del Congreso ratificó la votación que otorgaba la confianza a Pedro Sánchez. Craso error, porque una décima de tiempo después ya nos estaban cayendo las profecía milenaristas de los agoreros de pago comentando las terribles dificultades del gobierno de coalición y la brevedad de su paso.

—“Esto es un horror”—me comentaba una persona conocida refiriéndose al debate de investidura. No, un horror es que se te muera un hijo, y, sin embargo, en la inmensa mayoría de las veces sigues viviendo.

Me agota, tengo que decir que me agota, la incapacidad de ser positivos, como si el hacerlo nos convirtiera en ingenuos. Nada más lejos, no hay ingenuidad en pensar que las cosas pueden ir bien, porque el optimismo no aparta de su camino las dificultades, sino que no las agiganta, ni convierte una piedra en una montaña para tener justificación de no poder superarla, o para convencer de la hazaña de hacerlo: una piedra es una piedra, y normalmente se aparta de una patada.

Os invito, mis queridos lectores, a hacer un ejercicio de comprobación. Si los medios dan una noticia buena, siempre habrá un pero. La palabra “histórico” se aplica a cualquier cosa que interese, aunque de histórico no tenga nada y su relevancia dure lo que un clic. El tiempo se ha convertido en un fenómeno asombroso que llena a diario minutos, y minutos (tras un año de te dan un doctorado en climatología), y el calor de julio en Sevilla es noticia asombrosa, y el frío en enero en Zamora también.

Nada peor para los seres humanos qua este carrera en círculos en la que nos hacen movernos, esta rutina en la que nos caen sobre los hombros todo el peso del mundo, cuando nuestra espalda esperaba cargar simplemente con nuestro día a día. Nos mantienen secuestrados bajo las llaves del tremendismo y de la fatalidad.

Nunca hemos sido menos libres. Vivimos en una jaula con la puerta abierta guardada por el miedo y el hastío: a perder el trabajo, al propio trabajo; a las enfermedades, a la muerte, a la guerra, a la ruptura de España,… A todo.

Perdonad, mis queridos lectores, si este artículo ha sido escrito con un poco de amargura, pero no hay nada más cansado que mantenerse en pie cuando te están empujando por tantos lados.

Os animo a no dejaros amedrentar. Sois soberanos de vuestra vida, de decidir por qué y para qué invertir vuestro tiempo. Huid de quienes son profetas del desastre y si no os gusta este mundo, inventaros el vuestro. No es tan difícil. Basta con confiar en uno mismo, y saber que según sintamos así pensaremos.

Al fin y al cabo, el mundo no se acabó el año 1000. ¿De qué sirvió tanto espanto?

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.