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Ateneo de Madrid: el precio de la vergüenza

La libertad de expresión no es una manta que debajo de ella se pueda poner todo, ni una panacea que cure la vergüenza.

Lo sucedido el pasado día 26 de octubre en el Ateneo de Madrid no es solo una afrenta para esa institución, que ha sido, y pretende seguir siéndolo, un faro para el mundo intelectual y de la cultura de Madrid y de toda España, sino una bofetada con la mano abierta a la Memoria Histórica.

En marzo de 1939, a días escasos de acabar la contienda civil, los falangistas tomaron el emblemático edificio, apropiándose de su archivo y del listado de socios con la intención de encontrar los nombres de intelectuales y personas ligadas al libre pensamiento, para someterles a una “limpieza” ideológica que se traduciría en fusilamiento o cárcel.

Por eso, ver el bello salón de actos de ese edificio emblemático repleto de brazos en alto, banderas preconstitucionales y cantos de infausto recuerdo remueve el alma de los demócratas. Ninguna excusa puede paliar esa triste imagen.

Esta que os escribe, mis queridos lectores, ha tenido la oportunidad de presentar en el Ateneo de Madrid libros propios y ajenos, organizar actividades, asistir a recitales poéticos, y siempre lo he hecho desde la humildad, pero con una pizca de orgullo por poder formar parte activa de esa casa. Una de las últimas veces que estuve allí fue en un maravilloso acto homenaje a Rubén Darío.

La Junta de Gobierno del Ateneo, en un comunicado, participa que: "El reglamento del Ateneo reconoce y ampara el derecho de todo socio para profesar o emitir cualquier suerte de ideas políticas, religiosas y sociales, por radicales que sean u opuestas a las profesadas por los demás". ¿Toda suerte de ideas? ¿Incluso aquella que promueve "la derogación inmediata de la Constitución por inútil y antiespañola", en palabra de Manuel Andrino, Jefe Nacional de la Falange? No, eso no lo puede hacer una institución cuya base es el libre pensamiento. Además, ¿por qué no se permitió un acto reivindicativo a Podemos y ERC el año pasado? La libertad de expresión no tiene una sola cara.

Dos días antes de este desafortunado acto falangista el gobierno en funciones socialista había llevado a cabo una de sus promesas electorales del 28A: sacar a Franco del Valle de los Caídos. No creo que fuera casualidad que la Falange hiciera este acto con esa proximidad para celebrar los ochenta y seis años de su fundación, una fecha que a bote pronto parece poco redonda, y más bien una muleta para visibilizarse a dos semanas de las elecciones.

Sobrevolando este penoso asunto una pregunta: ¿cuánto han pagado los organizadores?, ¿cuál es el precio de estas tragaderas? En los medios de comunicación se traslada que parece ser que una “sustanciosa” cantidad, aunque no especifican. Y tan sustanciosa ha tenido que ser para que palie la vergüenza y la tristeza que sentimos tantos al ver esa imagen repetida una y otra vez y que solo, residualmente, se había podido ver en actos nostálgicos del franquismo. Una imagen y un acto que reivindicó el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la Dictadura de Franco, señalando a este “como el mayor estadista español” y “el mejor militar desde los Reyes Católicos, en palabras de García Serrano, director de El correo español y colaborador de Intereconomía. Y todo esto, repito, dos días después de conseguir un hito en la reparación a nuestras víctimas de Cuelgamuros.

Para terminar, quiero hacer mías las palabras de el ex presidente del Ateneo César Navarro: “Es inmoral por completo y una contradicción evidente. La dialéctica de los puños y las pistolas solo sirven para la destrucción y la guerra. No puede tener cabida en nuestra casa. No lo concibo de otro modo".

Yo tampoco.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.