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Pirómanos

Dicen que en el corazón de todo pirómano hay un bombero frustrado. Por eso gustan de provocar los incendios para luego intervenir, aunque sea como civil, en su extinción. También están otros que lo que les gusta, como Nerón, es ver como arde todo.

Tras la sentencia del Procés estamos viendo, exactamente, la analogía de cómo se incita al fuego para luego tener que reprimirlo. Más de cincuenta mossos de escuadra heridos y casi una veintena de policías en unas manifestaciones que, según la portavoz del gobierno catalán, son pacíficas.

Creo que hay que empezar a llamar al pan, pan y al vino, vino, y decir que lo que está ocurriendo, organizado nominalmente por un tal Tsunami Democratic, y que en la sombra señala Puigdemont, no es pacífico. Porque en el momento que se rompe la convivencia, que se impide a los ciudadanos la libre circulación, que se colapsa un aeropuerto o una ciudad para obligar a uno de los poderes del Estado a desobedecer a otro, eso, para mí, es violencia.

Tan acostumbradas están nuestras retinas, tan capaces somos de disociarnos de las imágenes que vemos en los medios de comunicación que, quizá, al ver esos contenedores ardiendo y las barricadas cortando las calles nuestra mente nos hiciera un trampatojo y pensáramos que era un país del tercer mundo. Pero no, eso está ocurriendo en Barcelona, en una de las ciudades más modernas de Europa, ejemplo para muchos, centro económico del país. Y eso está pasando alentado, “apreteu, apreteu” (apretad, apretad), por un presidente del gobierno que lo hace tirando la piedra y escondiendo la mano, un gobierno que de manera capciosa se vale de las instituciones democráticas para violentar los cimientos del estado de derecho.

La solución de Cataluña ha de ser política, sí, pero no puede llegar por el chantaje de quienes toman la calle porque saben que no hay futuro para lo que ellos plantean. Su discurso, construido en una gran mentira, es la mejor gasolina para que prenda la frustración que han inculcado a todos aquellos, jóvenes en un gran número, a los que hace dos años les llenaron la cabeza de pájaros hablándoles de una república absolutamente imposible.

Mientras, bien comido y a salvo, el artífice de todo este engaño, Puigdemont, alarde de lo cobarde que alguien puede ser, huyendo de sus propias responsabilidades, mientras sus compañeros de viaje están en la cárcel, y que, aunque absolutamente equivocados en sus principios, han demostrado mucha más dignidad que él, lo cortés no quita lo valiente. Como un pirómano azuza el fuego para contemplarlo desde lo alto mientras espera que todo se consuma y él pueda resugir de sus propias cenizas.

Todos sabíamos que tras la sentencia el soberanismo no se iba a quedar quieto. Por eso ahora es el momento de que los demócratas nos afiancemos a nuestros valores y principios y pensemos en esa mayoría de compatriotas catalanes que están agotados de vivir en este día a día.

Los que cometieron los delitos, porque por delinquir se les condena y no son presos políticos, ya están cumpliendo la pena. Ahora es el momento de las soluciones en el marco de la política. El 10 de noviembre hay unas elecciones y, entonces, se puede demostrar que la mayoría de la ciudadanía catalana no quiere seguir alimentando a estos incendiarios que echan la gasolina a la hoguera y luego se esconden el palacio de Sant Jaume.

Contra el fuego, el agua, contra los supremacistas, los votos.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.

Recientemente ha sido nombrada concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.