LA ZURDA

40º Aniversario de la Constitución (3)

[Nuestra azarosa historia constitucional]

La Constitución cumplirá a final de año cuatro décadas de vigencia. Comparada con la de Estados Unidos, aprobada en 1787 y actualizada con sucesivas Enmiendas, tiene pocos años, pero cotejada con otros textos fundacionales españoles es la de vigencia más larga, con excepción de la Constitución de 1876, que estuvo vigente hasta 1923, aunque luego fue restaurada brevemente hasta su reemplazo por la republicana de 1931.

España fue de los primeros países en dotarse de un solemne documento escrito que reemplazara la constitución anatómica, la consuetudinaria noción del país percibido como un cuerpo humano formado por una cabeza dirigente, un tronco administrativo y unas extremidades ejecutantes, propia del Antiguo Régimen.

Tras la reforma inglesa de 1688, la Constitución norteamericana de 1787, las constituciones de la Francia revolucionaria (1791, 1793, 1795) y las que tuvo desde el Consulado al Imperio (1799, 1802, 1804), España se incorpora, en 1810, a la segunda oleada de las revoluciones atlánticas, que produjo su texto fundamental -La Pepa- en Cádiz, en 1812.

Pero, en España, el resultado de la controvertida relación entre el mundo (o el tiempo) moderno y la sociedad estamental, donde el súbdito no acaba realmente de morir y el ciudadano no acaba jurídicamente de nacer, será un inacabado proceso constituyente, en el que se alternan cortos avances de tipo progresista y largos retrocesos conservadores, en los que el arcaísmo recupera el terreno perdido frente a la modernidad.

No se puede afirmar que haya faltado celo reformador en un sentido y en el opuesto -para renovar y para conservar-, pero lo destacable ha sido la inestabilidad política provocada por esos intentos, que ha dado paso a lo que se podría calificar de desazón constituyente.

La Carta de Bayona de 1808, la Constitución de Cádiz de 1812, el Estatuto Real de 1834, la Constitución de 1837, la de 1845, la nonnata Constitución de 1856, los cambios constitucionales entre 1856 y 1868, la Constitución de 1869, el proyecto de Constitución federal de 1873, la Constitución de 1876, los proyectos de Primo de Rivera, la Constitución de 1931, las Leyes Fundamentales de Franco y, luego, la Constitución de 1978 son los jalones de una España necesitada de vertebración y reposo, donde la organización del Estado y la articulación de las preferencias políticas no han durado mucho tiempo.

Los sucesivos procesos constituyentes se pueden contemplar como si fueran las crestas de las olas que indican el movimiento profundo de las aguas sociales. Desde la limitada perspectiva que ofrecía el año 1836, la observación de esta azarosa existencia ya inspiró a Larra uno de sus ácidos epigramas -Aquí yace el Estatuto. Vivió y murió en un minuto-.

Nuestra azarosa trayectoria constitucional puede entenderse con los nombres de otros sucesos, pero expresa históricamente lo mismo: entrada del ejército francés en España, huida de la familia Borbón a Francia, guerra de la Independencia, reinado de José Bonaparte, primeras Cortes liberales, fin de la guerra, primera restauración borbónica (Fernando VII) y vuelta al absolutismo, trienio constitucional (Riego), nueva restauración absolutista (los Cien Mil Hijos de San Luis) y década ominosa, regencia (María Cristina) y guerra carlista, reforma liberal, bienio progresista, década moderada, segunda guerra carlista, revolución de 1854, etapa conservadora isabelina, gloriosa revolución de 1868 y caída de la monarquía (Isabel II al exilio), tercera guerra carlista, sexenio revolucionario, cambio de dinastía y abdicación de Amadeo de Saboya, Iª República, segunda restauración borbónica (Alfonso XII), agonía del canovismo, dictadura (Primo de Rivera) y dictablanda (Berenguer), Alfonso XIII marcha al exilio, IIª República, guerra civil, dictadura franquista, tercera restauración borbónica (Juan Carlos I), breve etapa de transición y régimen político democrático.

Profesor jubilado de la Universidad Complutense.

Últimos libros publicados: Perdidos. España sin pulso y sin rumbo (Madrid, La linterna sorda, 2015) y, con Ramón Cotarelo: La Antitransición. La derecha neofranquista y el saqueo de España (Valencia, Tirant, 2015).