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La nostalgia y la ley

 

"El problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes". Winston Churchill

Los que siguen haciendo apología del modelo de la democracia de 1978, basándose para ello en lo acordado antes de la muerte del dictador y durante la llamada “transición”, creo que son los directos responsables de esta anomalía histórica que es el neofranquismo que se siente fuerte e impune, ocupando las calles, denunciando a los demócratas y refugiándose en los atrios del ultra consevadurismo católico en este principio del siglo XXI. Todo ese desenfado se deriva de la Ley de Amnistía que entró en vigor el 17 de octubre de 1977 aprobada por la mayoría de apoyos de UCD, PSOE, PCE y los nacionalistas vascos y catalanes. Aunque originalmente fue pensada para amnistiar a los presos políticos del franquismo, esta legalidad se convirtió en el refugio de los crímenes cometidos durante la dictadura. Desde octubre de 1977, las torturas, palizas, persecuciones políticas se amparan en esta norma. Por eso no se persiguen los delitos del franquismo contra los derechos humanos. Por eso se pasean por las calles los torturadores de la dictadura. Bonifacio de la Cuadra, cronista parlamentario de El País, narraba lo que ocurrió ese 14 de octubre: "Un aplauso largo, vibrante e intenso saludó ayer en el hemiciclo del Congreso de Diputados la aprobación de la ley de Amnistía, que, aunque con algunas limitaciones, coloca una piedra definitiva para la reconciliación entre vencedores y vencidos de la guerra y la posguerra española. Sólo un grupo parlamentario, Alianza Popular, se abstuvo de aplaudir, tras haberse abstenido con los votos".

Para el canal de televisión La Sexta del grupo Planeta, la celebración fue promovida por “nostálgicos del franquismo y la Falange”. Según ese medio, repito, los “nostálgicos”, vuelven a peregrinar al Valle de los Caídos cuando faltan días para el aniversario de la muerte de Franco, en varios actos que homenajean al dictador y a José Antonio Primo de Rivera. Al parecer, mientras el presidente socialista se muestra defensor de la monarquía, el Gobierno quiere que sea la última vez que se rinda pleitesía a Franco en un edificio público. Sin embargo, puede que en esos actos se haya violado la ley.

El artículo 15 de la Ley de Memoria Histórica “insta a las Administraciones Públicas a tomar las medidas oportunas para la retirada, en el ámbito de sus competencias, de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. De forma excepcional, se conservarán aquellas menciones que sean de estricto recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas o artístico-religiosas protegidas por la ley. Para valorar los supuestos de excepcionalidad en la retirada de símbolos, el Ministerio de Cultura creó una Comisión Técnica de Expertos.”

Así, Pedro Sánchez, el presidente de un gobierno hoy apoyado por una mayoría de republicanos, manifestó su “orgullo” de tener como rey a Felipe VI y comprobar en su primera Cumbre en Hispanoamérica, la “acogida tan calurosa” que el Monarca recibe cuando visita América Latina. Este político confunde la cortesía latinoamericana con el respaldo a un sistema de gobierno. En el Diario Sur, Ander Azpiroz, informa: "Esta declaración personal de Pedro Sánchez sobre el jefe del Estado se suma a las instrucciones enviadas desde Ferraz a las agrupaciones socialistas para que voten en contra de las mociones antimonárquicas que Izquierda Unida tiene previsto presentar en los ayuntamientos en los que está presente. Se trata, en suma, de dos decisiones que apaciguan, de momento, el eterno debate interno del PSOE entre monarquía y república".

Repasemos el concepto de nostalgia. La nostálgia es el sufrimiento de pensar en algo que se ha tenido o vivido en una etapa y ahora no se tiene, está extinto o ha cambiado. Mucho me temo que lo que realmente ha cambiado es la calidad democrática de este país.

Está claro que esta ley de la memoria no resuelve la infamia de la amnistía. Tampoco el Congreso actual parece tener la voluntad de afrontarla. Es el tiempo de los verdaderos patriotas.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.