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Henri Georges Clouzot (1907/1977) (I)


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

UN CINE QUE REBOSA INCONFORMISMO, RABIA, DOLOR Y DOBLEZ MORAL.

El cine es la más grande y bella mentira.

Todos aceptamos que nos engañen con una historia bien contada.

Pere Cervantes

Nos hallamos ante uno de los cineastas franceses que, con una mirada original, inquietante e intensa, tuvo una gran influencia y dejó huella Aunque a partir de la década de los sesenta, poco después del Mayo francés, cayera en una fase de olvido y ostracismo.

No es un director con el que sea fácil identificarse. Sus películas, como “El salario del miedo” ocupan un lugar en la historia del cine francés. No es un personaje que despierte ni simpatías, ni entusiasmo. Por el contrario, fue ampliamente discutido y denostado por su ambigüedad y por moverse en terrenos resbaladizos.

Los personajes de sus películas están bien construidos psicológicamente, llenos de matices, contradicciones y ambigüedad moral. Con frecuencia son complicados, morbosos e Individualistas hasta la médula. ‘Los planos cortos y de gran intensidad’ dejan entrever su soledad e incapacidad para la comunicación. Torvos hasta los tuétanos, atraviesan situaciones límites y se dejan llevar por sus instintos violentos y asociales. Están atenazados por miedos atávicos y tienen un afán autodestructivo, que los llevan a precipitarse en el abismo que los bajos instintos abren a sus pies.

El ambiente de sus films, así como la atmósfera que se desprende de ellos, es turbio y sórdido. Su cine no es complaciente. Sus películas siguen una espiral de intriga creciente. Se le ha denominado el Hitchcock francés. Su mirada es pesimista, desesperanzada y testimonial. Sus intrigas psicológicas suelen teñirse de sangre.

La sociedad europea surgida de la posguerra de la II Guerra Mundial, ofrece un perfil poco halagüeño, complejo, amargo y lleno de rencores. Son vidas deshechas que no logran rehacerse. La cámara refleja, con precisión, esa angustia. Existe una secreta pulsión metafísica por pasar página, por poner fin y encontrar una salida al hundimiento de la dignidad humana existente.

Es la suya una filmografía con pocas concesiones. La ambición y la andadura de seres descarriados moralmente, permite mostrar ‘las fauces de la explotación’, dar visibilidad a lo obsceno y al lado oculto e insano de la condición humana. Su mirada nunca es compasiva, muy al contrario, resulta frecuentemente implacable y fría.

La cámara es la que se encarga de explicar y poner de relieve el cómo y el por qué aflora la violencia. Nace del resentimiento como fruta madura de unas relaciones sociales inhóspitas. La explotación es paralela a la avaricia y el desastre hunde sus raíces en la miseria. El delito viene a ser un síntoma más del ‘sálvese quien pueda’ imperante.

Lo irremediable, en cierto modo, es previsible. Así, un aparente enfoque abierto, es la consecuencia de una serie concatenada de hechos que conducen a través de vericuetos, frecuentemente paradójicos, hacia una meta que atrapa y fagocita. En las situaciones límites los hombres acostumbran a comportarse sin escrúpulos, sin compasión y con crueldad hacia los demás y hacia sí mismos.

Las necesidades vitales insatisfechas provienen de deseos prohibidos. Marginan y arrojan a situaciones límites. Estos comportamientos son una constante en la filmografía de este desesperanzado cineasta.

Son seres escindidos que no se soportan y que se encierran en una red tóxica de telarañas que los envuelve. Las actitudes éticas brillan por su ausencia en las realidades oscuras, patéticas y sórdidas. Tal vez por eso, las respuestas son turbulentas e irracionales, tal vez por eso, son tan amargas y dejan una sensación de vacío. La realidad en la que están inmersos se caracteriza por la podredumbre. Un ambiente de corrupción moral, saca del interior lo peor de nosotros mismos.

Surgen ilusiones y proyectos de un mundo mejor, mas la realidad impone su yugo y el espejismo se desvanece. Los decorados, aparentemente elegantes… esconden realidades miserables y frustrantes.

La indiferencia y la desgana corroen la escurridiza piel de la memoria como si de una ‘lepra’ se tratara. Demasiado óxido, demasiada toxicidad, demasiada mugre. Actúan como un peso muerto y desactivan incluso los más secretos mecanismos de supervivencia. Las películas de Clouzot, no solo son distopías sino ficciones de un insolidario y feroz ‘canibalismo’.

Pese a todo es un cine recio, formidable y adictivo. Federico Fellini se atrevió a comparar el vino con el cine, “El buen vino es nuevo en cada sorbo y cada saboreador, con buen paladar, hace que renazca”.

Henri Georges Clouzot vivió muchos años perseguido por los fantasmas de su pasado. No sólo fue director sino guionista y dejó para la posteridad películas como “El cuervo”, “Manon”, “Las diabólicas” y sobre todo, “El salario del miedo”.

Desde muy joven se sintió atraído por los entresijos secretos del cine, lo que podría denominarse el cine desde dentro. No hizo nunca concesiones fáciles y ofreció enfoques personales y extremadamente originales del cine policiaco, desde su primera película “El asesino vive en el 21”.

Una personalidad angustiada, como la suya, no se detiene sino que aborda directamente ‘la miseria moral’. Su carrera estuvo, en determinados momentos, jalonada de premios y distinciones importantes como el León de Oro, del festival de Venecia, en tanto que “El salario del miedo” fue premiado en el de Berlín y en el de Cannes.

Este año se conmemora el quincuagésimo aniversario de la muerte de Picasso. Es de justicia señalar que su documental de 1956, “Le Mystère Picasso” es lúcido, sorprendente, lleno de vitalidad… y en cierto modo, hermenéutico. En él explora la intimidad y la personalidad del pintor, sin excluir su faceta de creador genial, probablemente atormentado por sus fantasmas interiores. De los homenajes que ha recibido Picasso, este documental es imprescindible para aproximarnos a una cabal comprensión del hombre y de su obra. Quien no lo haya disfrutado todavía, se ha perdido una obra maestra, llena de aciertos expresivos y de imágenes impactantes.

El perfil siniestro de muchas de sus películas es otra de sus múltiples facetas. Sus films me atraen por lo que podríamos definir como ‘su componente mágico y terrible, a un tiempo’. Recuerdo un comentario inteligente, aunque pesimista, del director portugués Joao Costa Menezes. Frente a los frívolos que consideran al séptimo arte una mera herramienta de la vanidad, él afirma con rotundidad –y en esto coincide con la visión del mundo de Clouzot- que el cine sólo es importante cuando habla de lo que la gente no quiere oír.

Hagamos un alto en el camino. El cine francés y, podríamos decir que el europeo, atravesó por un momento de gran interés a finales de los años cuarenta, los cincuenta y primeros sesenta del pasado siglo. Hay que saber mirar atrás y escribir y reescribir, las veces que haga falta, la historia del cine en el viejo continente.

Es más que probable que “El salario del miedo” o “El Cuervo” haya que incluirlas en la relación de las películas imprescindibles del siglo XX, sobre todo, la segunda.

Lo cierto es que H.G. Clouzot reclama su espacio en la historia del cine francés. En la Francia ocupada por los nazis es mucho lo que se ha intentado ocultar o se ha pasado de puntillas. Atreverse a tratar la miseria moral y lo ocurrido en muchos lugares de la Francia ocupada, es una prueba de valentía, coraje y honestidad intelectual, que tal vez provenga de un remordimiento de conciencia. Casi nadie está libre de culpa. Y eso, provoca un malestar que se intenta paliar trazando una densa capa de olvido.

En cuanto a sus méritos, si bien no incorporó grandes novedades al lenguaje cinematográfico, si que alcanzó cotas reseñables al poner de manifiesto atmósferas sórdidas, ambivalencia moral y la fuerza destructiva de los instintos primarios.

 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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