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Entre personajes y personas


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

“El hecho se produjo hará unos cinco años. Bioy Casares había

cenado conmigo esa noche y nos demoró una vasta

polémica sobre la ejecución de una novela en

primera persona, cuyo narrador omitiera o

desfigurara los hechos e incurriera en diversas

contradicciones, que permitieran a unos pocos

lectores —a muy pocos lectores— la adivinación

de una realidad atroz o banal.”

Jorge Luis Borges (Ficciones)

El territorio en el que se desenvuelven tanto las realidades atroces como las banales, se circunscribe al escenario social de la confrontación política de los modelos ideológicos. Es pura acción psicológica orientada a la manipulación de las voluntades individuales dentro de sus interacciones sociales. En definitiva, una suma de técnicas que procuran el simple logro del poder por parte de los manipuladores. Es la realidad paralela de los tik-tokers, yuotubers o instagrameros que orientan el voto de los nuevos electores. Véase el caso de Milei.

Esos gabinetes diseñan los personajes, apropiados al mensaje, que no suelen coincidir con las personas que los interpretan. Así, algunos personajes son promotores del militarismo mientras, las personas que los actúan han eludido sus obligaciones cívicas con el servicio militar. O, tal vez, les toca un personaje que defiende la honestidad mientras la persona que lo interpreta se sumerge en el lodazal de la corrupción. Quizá, es un decir, alude a lealtades constitucionales mientras la persona está encadenada a subordinaciones de grupos privilegiados alejados de la Ley de Leyes.

Como es notorio, esas narrativas contradictorias entre personas y personajes, producen contradicciones “que permitieran a unos pocos (…) la adivinación de una realidad atroz o banal”, al decir de Borges. Los casos innumerables casos, desde los insuperables M. Rajoy y Díaz Ayuso, entre otras figuras de la política. la empresa, la aristocracia y la judicatura, nos deben hacer reflexionar acerca de las miserias a que nos someten estas prácticas cuando banalizan la corrupción o producen la muerte a miles de ancianos indefensos.

Cuando la justicia se somete a las servidumbres de la confrontación política en lugar de intervenir en la protección de la ética pública, poco puede decirse de la calidad democrática reinante en ese sistema. La persecución de adversarios políticos en lugar de la defensa del patrimonio público, es un indicio más que elocuente de los resabios del abyecto pasado totalitario que prevaleció durante la oscura noche de la dictadura.

Tampoco resulta alentador apreciar que la acción política se resume en la acción destructiva del oponente, con el simple propósito de hacerse con el poder sin los merecimientos de la fuerza de la razón que supone la legitimidad de dicho ejercicio. Es el actual escenario en el que se practica un ataque a los poderes legítimamente y legalmente constituidos, aún a pesar de perjudicar a la mayoría de ciudadanos, con el miserable fin de apropiarse de lo que no les pertenece democráticamente.

No permitamos que nos induzcan a caer en “una realidad atroz o banal”. No todo vale.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.