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Jugar en primera, con jugadores, de segunda


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Visto el panorama catalán, comparándolo con el español, queda claro que hay partidos que están jugando en primera, con jugadores de segunda. Incluso iría un poco más lejos, y hay algunos, procedentes de tercera.

Permítanme el uso del símil futbolístico para tratar temas tan serios como las negociaciones para la investidura y el posterior desarrollo de la legislatura. De entrada, estoy convencido que habrá investidura, a pesar de todos los pesares. Estamos acostumbrados a todo tipo de teatro, incluso a pasar del drama a la comedia, para terminar en un fantástico vodevil. De todo hay, en el mundo independentista, y cuanto más avanzan los días, más obligados están a forzar gestos y declaraciones.

Si esto pasa en Cataluña, qué no va a pasar en el marco español. A medida que pasan los días, nos damos cuenta de la fragilidad de Núñez Feijóo y de todo su entorno. Parece imposible que un partido como el PP no disponga de un equipo de estrategas, capaces de planificar y programar acciones y actividades con un mínimo de concierto y rigor.

Hasta ahora asistimos a un caos total, con imágenes que quedarán para la historia, demostrando hasta qué punto pueden aprovechar crisis tan graves como la de Israel – Palestina para hacer la peor política posible. Nulo sentido de Estado, y nulo sentido de sensibilidad social como para estar en línea con el gobierno, en temas que han de quedar fuera de la lucha partidista.

Imposible conseguirlo. Si alguien piensa que con estas posiciones ganan credibilidad es que no tienen ni idea de lo que piensa la mayoría de ciudadanos. Es más, hacen méritos para ser rechazados en futuras elecciones. Demasiada derecha, para acercarse al centro. Si hay que elegir, mejor, buscar partidos más próximos y menos radicales.

A nivel catalán, tenemos semejantes problemas con los dos partidos independentistas a la búsqueda de espacio propio, para ocultar el del otro. Hay una mediocridad intensa y extensa en el conjunto de las cúpulas de los dos partidos, que actúan como polos opuestos, en todo momento y lugar.

Les da igual la gobernabilidad de España, y con ella, la de Cataluña. Ellos van a lo suyo que es llegar en las mejores condiciones posibles a las elecciones catalanas, previstas para el año próximo. Solo esto les importa. Todo lo que exigen o dicen exigir, tiene el telón de fondo de las elecciones en el Parlament.

La gesticulación, las declaraciones y posturas, están pensadas para sus bases de votantes, pensando que nada les debe hacer desviar de su objetivo. Al final, no les quedará otro remedio que votar la investidura. No pueden hacerla fracasar porque una repetición de elecciones les podría suponer otro descenso brutal de representación. Las encuestas y el ambiente en Cataluña no es, ni de lejos, el que era seis años atrás.

El independentismo, está en descenso y la última encuesta del CEO catalán, lo deja meridianamente claro, cuando afirma que la defensa de la independencia por parte de los jóvenes catalanes ha caído 16 puntos, respecto 2017. Y, en conjunto, la voluntad de independencia está bajo mínimos, si la comparamos con los años álgidos del proceso.

Con este panorama, ERC y Junts, deben calibrar muy bien hasta cuándo pueden alargar las negociaciones. Si las hacen fracasar pueden tener un castigo tan contundente que les ponga en la oposición del Parlament, para los próximos años. Dicho esto, nunca se sabe hasta dónde, pueden llegar jugadores de segunda, actuando en primera.

 

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.