Ya era hora de contar quién conquistó aquí la democracia
Ya era hora. Hora de que se narrase la Transición de la dictadura a la democracia en España tal como realmente se conquistó: fue fruto de un empuje irreprimible por conseguir las libertades democráticas secuestradas por el franquismo, empuje procedente de sectores sociales combativos, insertos en las fábricas, las universidades, los barrios, las asociaciones ciudadanas, el protofeminismo, los colegios profesionales y el clero comprometido, casi todos ellos organizados bajo la dirección de los partidos y sindicatos clandestinos de izquierda… ¿Qué cuento es ese según el cual el entonces rey, hoy emérito y varias lumbreras, nos trajeron la democracia “por la gracia de Dios” viniendo de dónde venían y jurando lo que juraron? Si tanto él como los franquistas menos recalcitrantes y más oportunistas, no hubieran sentido inquietantemente la potente presión surgida desde las calles, las aulas y los tajos, donde se palpaba que la sangrienta legitimidad del franquismo había expirado años antes que él, tal vez tuviéramos todavía hoy aquí otro espadón al mando -eso sí, ya formateado en Fort Bragg, Carolina del Norte.
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