La reaparición de Zapatero y la instrucción que no cesa
La dimensión humana que presenta el caso Zapatero revela los altibajos del itinerario de la especie pensante en la defensa de las intimidades. El ex presidente está siendo investigado por los delitos de organización criminal, blanqueo de capitales, tráfico de influencias y falsedad documental, a lo que habría que añadir delito fiscal y contrabando por las concomitancias derivadas de las joyas extraídas de la caja fuerte de su despacho. El peso de todas esas acusaciones es el de una carga física y productora de una fatiga psicológica notables para una persona y su entorno más cercano, incluso para la influencia concéntrica de su corteza pública, que se puede ver afectada desde el más humilde seguidor de la trayectoria referencial del político ubicado en lo alto de la estima como al propio presidente de gobierno actual, con el que hasta hace poco compartía mesa en actos para la comunión de objetivos y metas que habrían de culminar en la continuidad de la labor de gobierno. El profesor italiano Nuccio Ordine citaba con frecuencia la obra de Shakespeare, “El mercader de Venecia”, para referir el oro como “pálida medianera común entre hombre y hombre”.
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