Pruebas de cordura
Acreditar que un dirigente político está cuerdo y en su sano juicio, garantizaría que sus actos se atengan a conductas explicables, racionales y sensatas. Sin embargo, hoy, tal acreditación no parece existir: los filtros políticos que detectaban la insania de determinados individuos y los apartaba de la carrera hacia el poder político, se han volatilizado dentro de un proceso de degradación de la vida pública occidental sin precedentes. Por causa de tal déficit, hemos asistido al acceso hasta importantes centros de poder, incluidas presidencias de repúblicas e incluso de superpotencias, de personajes cuya evidente inestabilidad psíquica y mental permite a psiquiatras y psicoanalistas confirmar que sufren psicopatologías graves; sobre todo, las endotímicas, concernientes al descontrol emocional y afectivo; en su caso, son peligrosas en extremo, habida cuenta de que toda decisión política que surja de sus manos alcanza necesariamente, por sus efectos, a la sociedad.
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