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Pruebas de cordura


(Tiempo de lectura: 5 - 10 minutos)

Acreditar que un dirigente político está cuerdo y en su sano juicio, garantizaría que sus actos se atengan a conductas explicables, racionales y sensatas. Sin embargo, hoy, tal acreditación no parece existir: los filtros políticos que detectaban la insania de determinados individuos y los apartaba de la carrera hacia el poder político, se han volatilizado dentro de un proceso de degradación de la vida pública occidental sin precedentes. Por causa de tal déficit, hemos asistido al acceso hasta importantes centros de poder, incluidas presidencias de repúblicas e incluso de superpotencias, de personajes cuya evidente inestabilidad psíquica y mental permite a psiquiatras y psicoanalistas confirmar que sufren psicopatologías graves; sobre todo, las endotímicas, concernientes al descontrol emocional y afectivo; en su caso, son peligrosas en extremo, habida cuenta de que toda decisión política que surja de sus manos alcanza necesariamente, por sus efectos, a la sociedad.

De este modo hemos comprobado en la actualidad la proliferación de conductas propias de individuos esquizofrénicos, paranoicos, cuando no, neuróticos obsesivos, también, en ocasiones, de psicópatas y de todo tipo de desequilibrados, en las filas de los más elevados niveles de responsabilidad política en muchos Estados, señaladamente en América, con filiales entre las extremas derechas europeas, más desnortadas que nunca pese a su auge electoral.

Un informe incumplido

Al concluir la Segunda Guerra Mundial, la cúpula del Almirantazgo británico depositario del legado imperial por su -hasta entonces- dominio de los océanos, elaboró un informe exhaustivo en el que, escarmentado el Reino Unido por los efectos del acceso al poder en Alemania de Adolf Hitler, proponía la creación de comités de expertos que, mediante pruebas psiquiátricas de cordura o de demencia, impidieran en cada país el ascenso a la alta política de personajes mentalmente desequilibrados o enfermos.

Como comprobamos hoy, tales comités o no operan en absoluto o bien, lo que sería aún peor, se han transformado para hacer justamente lo contrario: promocionar hasta la cúspide del poder mundial a los más incapacitados para regir, tan atrabiliariamente como lo hacen y resulte posible, nuestro atribulado mundo. Si esto no fuera cierto, no asistiríamos ahora, como estamos asistiendo, al encumbramiento presidencial de una recua de personajes caracterizados por convertir la insensatez delirante en norma obligada de sus erráticas e imprevisibles conductas.

Común denominador de todos ellos es la amoralidad, así como la ausencia completa de empatía social, más el narcisismo exacerbado y la búsqueda de la notoriedad al precio que sea…. la exhibición de una motosierra por parte del Presidente de la República argentina, Javier Milei, es todo un símbolo del trepidante desequilibrio de un individuo que dialoga con su perro muerto, se somete al dictado político de su querida hermana medio bruja, se abraza sin recato con el genocida Benjamín Nethanyahu y se convierte al judaísmo no se sabe bien para qué…

Más hacia el Norte, ha tomado posesión de la Casa Blanca, también desgraciadamente por vía electoral, otro individuo, promotor inmobiliario, constructor de rascacielos, propietario-gerente de superhoteles y mentor de concursos de Miss Universo, aquejado de un síndrome disfórico, que alterna, sin mesura alguna, estados de máxima euforia con otros de furia incontenible, para sumirse en un irrefrenable proceso de autoexaltación donde no cabe el menor signo de sociabilidad, de otreidad, de compasión; ni siquiera, de humor, sentido del que carece… Lo peor es que en su mano conserva el botón nuclear, el pivote desencadenante del Armagedón, el avatar que sellará inexorablemente la consunción de la Humanidad tras una escalada detonante de armas nucleares, ya hoy, ahora mismo, capaces de hacer salir a la Tierra de su órbita en caso de un mero accidente de proporciones medianas, dada la amplitud de los arsenales en presencia, unas 12.000 cabezas nucleares…

Propuesta para acabar la guerra en Ucrania

No obstante, la coyuntura geopolítica del momento lleva a Trump a intentar poner fin a la rusofobia incrustada en los halcones belicistas del complejo militar-industrial estadounidense y sus émulos europeos en la OTAN y lograr así una salida a la extenuante guerra en Ucrania, proposición que parece realista y es bien recibida por aquellas personas amantes de la paz; todo indica que persigue a toda costa desafectar a Moscú de Pekín, objetivo que parece congruente con su vocación hegemónica frustrada por China y por la potente alianza euroasiática; pero el precio que impone al incauto de Volodimir Zelensky, (Krog, 1978) resulta inasumible para el ex showman, hoy presidente ucraniano: ni más ni menos que la mitad de las preciadas tierras raras que atesora el subsuelo de Ucrania, minerales que China copiosamente atesora y necesarios para cimentar, más aún, la base productiva de los negocios automovilísticos, informáticos y de inteligencia artificial del repulsivo socio de Trump, Elon Musk: otro individuo voluntariamente inserto en el frenesí de la locura premeditada, que se atreve a evocar en público el saludo nazi de quienes regaron de sangre de jóvenes estadounidenses los campos de batalla de Francia, Países Bajos, Italia, Alemania,…. Bien, pues este tipo vive a un latido de Donald Trump cuyas Declaraciones Ejecutivas, rubricadas con todo boato, no solo avala sino que, obligadamente, muchas de ellas induce como pagano electoral del compulsivo signatario.

Dentro de las bufonadas de Trump no se le ocurre otra cosa que proponer a Canadá que se integre como Estado 51 de la Unión estadounidense. Parece desconocer que su país vecino fue siempre la joya de la Corona británica, cabeza de la Commonwealth; y no parece conocer que hurgarle la entrepierna a la Pérfida Albión le puede deparar todos los males imaginables; pese a ello, ya Elon Musk, por un caprichoso arrebato, uno más y por su cuenta, le ha negado legitimidad al Premier británico Keir Starmer, 62 años, y le ha sometido a un acoso, con ribetes judiciales, insoportable. Otro de sus adictos, el Vicepresidente James David Bowman Vance (Ohio, 1984), en la reciente conferencia de Múnich, se permitió el lujo de exigir a los europeos “respeto a la democracia”, cuando su jefe de filas, el Jesús Gil neoyorkino del tupé anaranjado, protagonizó un golpe de Estado en su propio país supuesto faro de la democracia mundial, alentando la ocupación masiva del Capitolio para impedir allí la ratificación congresual del acceso a la Presidencia de su antecesor en la Casa Blanca, Joe Biden, en enero de 2021.

Las críticas a la Unión Europea deben venir de todos los ángulos menos del estadounidense cuyos mandatarios, fieles a los designios de la angustiosa anglosfera, ha hecho todo lo posible, ya desde la Primera Guerra Mundial, por fragmentar, dividir y someter al Viejo Continente, para regocijo de Londres, al que ayudó a arrancar de la UE merced a otro político susceptible de ser sometido a pruebas de cordura, Boris Johnson; pruebas psiquiátricas tan necesarias para aplicar a otro que tal baila, el tal Jair Bolsonaro, negacionista antivacunas, irresponsable defoliador de la selva amazónica, pese a su alcance eco-ecuménico y promotor de otro golpe de Estado idéntico al del Capitolio, pero en Brasilia. En cuanto a las amenazas de Trump a los inmigrantes de México, a los que tilda de invasores, un corrido esclarecedor interpretado por Los Tigres de Monterrey, refregaba al gringo rubio que “hombres guerreros valientes, indios de dos continentes, mezclados con español, somos más americanos que el hijo de anglosajón”; y enunciaban los ocho Estados arrebatados manu militari a México por los yanquis: Arizona, Texas, Nuevo México, Colorado, Utah, Nevada, California, incluso Wyoming; y le recordaban: “¿quién es aquí el invasor?”.

¿Liderazgo ético?

Hay algo muy importante que generalmente se desconoce: la institución de la Presidencia de los Estados Unidos de América no solo constituye el más alto liderazgo político, militar y diplomático del país, sino que es, o ha de implicar constitucionalmente también, un liderazgo moral, según estudiaron pensadores de la estatura de Carl J. Friedrich o Hermann Finner, entre otros. El presidente ha de ser un ejemplo ético para la ciudadanía del país norteamericano. Pero, en serio, ¿qué ejemplo moral puede ofrecer a su pueblo un individuo como Donald Trump, incapaz de reconocer el genocidio infanticida perpetrado en Gaza por su amigo, al que aplaude, Benjamín Nethanyahu, contra el pueblo palestino, al que se propone expulsar de allí para construir un ressort playero; o, asimismo, capaz de arrebatar a decenas de miles de inmigrados, señaladamente hispanos, los derechos democráticos de los que él mismo, como familiar de inmigrantes alemanes, casado con una inmigrada eslovena, tan ampliamente dispuso para poder vivir libremente en Estados Unidos donde, entre otras canonjías, rebañó de aquella manera los 3.200 millones de dólares estimados que componen hoy su fortuna personal?

Documentos comprometedores

Por cierto, fuentes británicas, dolidas por la arrogancia con la que Donald Trump trata a sus primos insulares, comienzan a hacer aflorar documentos y testimonios que se proponen probar la presencia de abundante dinero de oligarcas rusos para ayudar al hoy presidente estadounidense a salir de las quiebras milmillonarias en las que reiteradamente incurrió ya en los años 80. Un libro de Catherine Belton dedica un capítulo a este trasunto que, de ser abordado por jueces serios, como suelen ser los de aquellas latitudes, no tanto los de otros lares, puede poner en un grave aprieto, ahora sí, a Donald Trump.

Es obvio que el denominado Estado Profundo norteamericano ha de mostrarse inquieto por la imprevisibilidad furiosa, así como por el delirio autoexaltante y narcisista, del gerente inmobiliario nacido en el neoyorquino Queens hace 78 años, además de por el protagonismo pomposo de Elon Musk, nacido en Pretoria, Suráfrica, en 1971, nostálgico apóstol allí del apartheid. El nuevo tío Gilito de Donald Trump, se ufana señaladamente, como su compadre argentino el desquiciado Javier Milei, de 54 años, por el grado de desorden que están causando las talas emprendidas por éste y aquel, con `plenos poderes presidenciales Musk, contra todas las ramificaciones administrativas federales que en su día se les enfrentaron o instruyeron causas a éste último. Todos los principios de la decencia política, de la sensatez y de la ética comienzan a evaporarse a marchas forzadas de la praxis gubernamental, política y económica, de la Casa Blanca, a la deriva entre un ultraliberalismo declinante, un anarcocapitalismo incipiente y un neoconservadurismo en fase ya fascistoide con terminales europeas.

Estado versus Gobierno

Los Gobiernos han de actuar conforme a directrices estatales. Cuando Gobierno y Estado se dislocan, los Gobiernos caen y el Estado permanece. Tal es un axioma inesquivable de la Ciencia Política. Se trataría de saber si el Estado norteamericano, pese a su reducido perímetro hoy tan dañado por tanto ultraliberal irresponsable, percibe ya como intolerable el grado de anarquía y desplanificación inyectado desde la Casa Blanca hacia el país transoceánico. De ser así las cosas, tal vez asistamos a una cuenta atrás inexorable de dramático desenlace -recordemos Dallas, noviembre de 1963- que solo podría haber sido evitada de haber existido una prueba de cordura para apartar del poder a este hombre dañado por una dolencia mental bipolar, endotímica, obsesionado con guerrear contra el auge pacífico de China y dispuesto a todo. Lo ideal es que a la prueba psiquiátrica fueran igualmente sometidos todos los émulos que, con motosierra, baboseo españolista o saludos nazis, le adulan, lo rodean y, quizás, acaben por morderle la yugular. La ambición es infinita.

Los españoles recordamos que un mes después de la toma de posesión de Ronald Reagan, en enero de 1981, se produjo en España un golpe de Estado de ramificaciones aún desconocidas, el 23 de febrero, al que Jimmy Carter se oponía. En enero de 2025, Donald Trump accedió a la Presidencia estadounidense y ahora estamos en febrero, apenas un mes después. Confiemos en que, ni por vía uniformada, altamente improbable, ni por vía togada, pretendidamente posible, nada semejante suceda a nuestro amado país.

 

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.


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