La furia del elefante herido
La furia mostrada por Donald Trump ante la evolución del voto popular en las elecciones de Estados Unidos resulta muy elocuente. No concibe algo distinto de su propia reelección. Tal vez, si la tendencia del voto se confirmara para determinar su salida de la Casa Blanca, se ve a sí mismo ante los tribunales por haber eludido al fisco, como recientemente informaba la Prensa de Nueva York. Y ello le enfurece rabiosamente. Pero, fuera de sus percepciones personales, él no parece ser consciente de los efectos que su resistencia a abandonar el poder, como todo indica que va a oponer, puede acarrear en el gran país norteamericano. Y a escala mundial. Dos datos: 320 millones de habitantes disponen allí de 400 millones de armas cortas y automáticas, que circulan –y aumentan- libremente entre la población estadounidense.
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